Marlango – The Long Fall
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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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Y luego que la literatura juvenil no es importante, que es la hermana pequeña de la literatura de adultos. Por eso una hora de tertulia no fue suficiente para tratar todos esos tópicos y clichés que bien llevados se convierten en arquetipos en las novelas juveniles. Escuchar a Susana Vallejo, Elia Barceló y José Antonio Cotrina comentando cómo esconder las pistas en un libro para que el lector las vaya descubriendo poco a poco es un placer.

Y por la tarde, Laura Gallego en la carpa de encuentros de la Semana Negra de Gijón. La carpa llena, el micrófono muy solicitado. Una charla interesante donde Laura explicó cómo surgieron libros como Fenris el Elfo o cómo se documentó para Dos velas para el diablo. También le hicieron las preguntas de siempre, como sus personajes preferidos o la posible adaptación a la gran pantalla de Memorias de Idhún, a la que Laura respondió que antes que una mala adaptación, prefiere no ceder los derechos y que los lectores sigan imaginándose a los personajes con los libros.

Luego que digan que la literatura juvenil no existe, que los jóvenes no leen. Apenas llevamos un par de días de Semana Negra, pero no sería arriesgado decir que Laura Gallego es la escritora que más cola de firmas va a tener de todos los autores que trae la organización. Tras la charla, estuvo casi dos horas firmando un libro por persona a todos sus lectores mientras en la carpa de encuentros seguían las charlas de la Semana Negra.

La Semana Negra no es sólo literatura negra, sino de todos los géneros. Ayer la tertulia De la fantasía al terror fue muy interesante y hoy tenemos la segunda parte. El lunes y el martes, terturlia sobre la novela de aventuras. Y que siga la literatura, los libros, las sidras, las tardes de tertulia, los cafés y cervezas, los bolsos llenos de libros, las charlas en terrazas, las firmas de libros y los viejos y nuevos amigos en la única semana con diez días.

¿Más? En mi twitter o en #snegra. Y más información sobre todos los eventos de literatura juvenil en la Semana Negra, en el próximo número de El Templo de las Mil Puertas, a mediados de agosto.

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[El libro de la imagen ya estaba leyendo en mi cajón de sastre de lo que no cabe en este blog.]

Café con hielo, terraza con vistas al monte y libros. Así pretendo pasar mi primer fin de semana tras volver del erasmus. El fin de semana que viene será más movido, estaré en la Semana Negra de Gijón, con buenos amigos, buena literatura, charlas muy interesantes, sol y buena comida.

Tengo muchas lecturas pendientes que se han ido acumulando durante mi año fuera, así que me voy a cierto pueblo de Teruel bien acompañada en la maleta por El faro de la mujer ausente de David Fernández Sifres, IX Premio Alandar en la editorial Edelvives; El rostro de la sombra, de Alfredo Gómez Cerdá en SM; El espíritu del último verano de Susana Vallejo, premio Edebé de literatura juvenil; En la laguna más profunda de Óscar Collazos en Siruela; Fuego azul de Ana Alonso y Javier Pelegrín en Anaya; Poética del café, finalista de XXXV Premio Anagrama de Ensayo y Fiesta en una botella de John Collier en editorial Contraseña. Ya leeréis las reseñas correspondientes en el número de agosto de nuestra revista de literatura juvenil El Templo de las Mil Puertas.

Y así estoy. Ordenando mi habitación, metiendo libros en cajas para llevarlos al pueblo. Colocando libros nuevos, en inglés y español, en las estanterías. Encuadernando los apuntes de este año. Entregando papeles del erasmus en la facultad. Cuadrando los horarios de las asignaturas para el año que viene. Haciendo copias de seguridad del ordenador y de todas las fotos erasmus. Sacando la ropa de verano. Terminándome el té inglés que me traje.

Y tomándome algunos cafés con hielo con los amigos. Cómo no.

Un papel certifica mi llegada a este mundo.
Mi identidad la corrobora otro papel.
Uno más califica nuestra vida en pareja:
de derecho, de hecho, de desecho.
Otro papel registrará mi muerte.
¿Cuál será mi papel verdadero en la vida?
Abro el buzón: rebosa de papeles.
Salgo a la calle: me surten de papeles.
Voy al Banco: cumplimento papeles.
Doy una conferencia: para cobrar, papeles.
Un papel me da acceso al estadio de fútbol,
a un concierto, al cine, al teatro.
Tráfico me echa el alto: los papeles
- los busco, los escrutan, me empapelan.
Necesito una subvención
- me dicen: hay que hacer papeles.
Me pongo de los nervios en unos almacenes
- me amonestan: no pierda los papeles.
Me entregan un regalo:
sufro ansiedad al desempapelarlo.
Mi papeleta electoral traga derrota.
Me manifiesto por los sin papeles.
Traspapelé la luz, busco tus ojos.
Cada semana reciclo dos bolsas de papeles.
Vivir: papeles y papeles y papeles.
La vida, para muchos, es todo un papelón.

Ángel Guinda

Y leyendo mucho de nuevo. Café con hielo y libros juveniles para verano. Dejemos los clásicos hispánicos para cuando nos pongamos serios de nuevo en septiembre. Por ahora, Yo conocí a Muelle de Jorge Gómez Soto y La noche más oscura de Ana Alcolea me han distraído del calor de la ciudad del cierzo en verano. Leedlos, os gustarán.

(…)
Oh the light is fading all the time
And this life I’m in, it seemed to pass me by
But I still remember which way to go
I’m on the road, the road to home

Now I must say goodbye
Keep telling myself now don’t you cry
But I’m here where I belong
I’ll see you soon, it won’t be long
I’ll see you soon, it won’t be long

Voy a pagar sobrepeso en la maleta seguro, pero no me importa. No me quiero dejar nada aquí. Bueno, algo me dejaré, que dicen que si te olvidas algo, volverás a ese sitio. Pero me llevo la mayoría dentro de mi maleta y casi no cabe. No hay manera, me voy a tener que sentar encima de la maleta para cerrarla, pero no quiero olvidar nada.

Los nervios y las indecisiones están al fondo de la maleta, allí los desterré tras acompañarme los primeros días de octubre. Pronto las nuevas amistades fueron haciéndoles sombra y ocupando su espacio. Con los meses, sacaba camisetas de manga larga, bufandas y abrigo y metía viajes, experiencias, películas y libros en versión original, fiestas, viajes en tren y noches en club. Quizás algún kilo de más es debido a las conversaciones, en varios idiomas, acompañadas de cupcakes, cookies, cheesecakes, lattes, tea, carrots cakes o muffins. Sí, será el aprender varias palabras en diferentes idiomas lo que pesa en la maleta.

En el centro de la maleta está la vida en Birmingham, esa extraña e innexistente rutina erasmus. A su alrededor, crecen las fotos y los recuerdos de Londres, Liverpool, Manchester, Warwick, Stratford, Bath, Nottingham, Lincoln, etcétera y ya en la periferia, casi rodando con las esquinas de la maleta, están los viajes a República Checa, Escocia, Gales, Francia o Polonia entre otros.

Las risas son demasiadas y se escapan por los huecos de la cremallera, incapaces de guardar silencio u orden por unos instantes; los sentimientos alterados y desordenados, que no se quedan quietos dentro del vestido vintage inglés en el que los he plegado. Hay millones de fotografías y casi medio centenar de postales entre las que he comprado yo y las que me han mandado los amigos para adornar mi habitación erasmus en este año de exilio inglés. Pero son más las fotografías mentales, los instantes que se han quedado en la memoria: pasear por Londres, el sol en Bath, la música en directo de Liverpool, la tumba de Shakespeare en Stratford, el césped de la Universidad, con frappés y cheesecakes en Birmingham, las housepartys en Selly Oak, roadtrips conduciendo por la izquierda en el bosque de Sherwood, tumbarse en los jardines de la abadía de Lord Byron, visitas frikis en Londres a Abbey Road, Baker Street o andén 9 3/4, jugar al tetris con la maleta para salir varias veces de esta isla, el frío de las HighLands en pleno verano, el atardecer desde Canton Hill en Edimburgo, el sonido del mar en la bahía de Cardiff…

Estoy sentada en el suelo de mi habitación, con la ventana abierta -hace sol-, las paredes vacías, ya sin fotografías, posters o post-its, escuchando a Amy McDonald cantar The road to home y mirando la maleta que voy a tener que cerrar en breves. Definitivamente, llevo demasiado equipaje para volver a la ciudad del cierzo. Ha sido un año erasmus muy intenso…

Mientras yo disfruto de mi última semana por estas tierras inglesas, os dejo algo de lectura para los días que voy a estar ausente por estos lares…

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El veranito ya está aquí, los exámenes ya se ha terminado para (casi) todos y es hora de tumbarse a la bartola al sol cual lagartijas a leer todo lo que tenemos pendiente. La bolsa de playa de El Templo de las Mil Puertas viene cargada de contenidos de lo más variado.

Aunque, a estas alturas del año, Harry estaría sufriendo otro verano con sus tíos, nosotros hemos decidido hacer una visita a Hogwarts para contaros de primera mano todos sus secretos para la sección Lugares Fantásticos. Además, hemos desempolvado una antigua Criatura Fantástica y en este nuevo número actualizamos la figura del vampiro, que tanto ha dado que hablar desde nuestra primera incursión en el mito, allá por 2007. Mucho más atrás hemos tenido que volver la mirada para conocer mejor al creador de Gulliver, Jonathan Swift, en el Autores de Ayer. Por otro lado, nuestra idea inicial era hablar sobre las sagas no terminadas sólo en las noticias, pero había tanto material que hemos decidido dedicarle el Reportaje Central.

Otra puerta editorial se nos ha abierto y hemos tenido la oportunidad de hacer una visita a Montena en Barcelona. Hemos charlado con Santiago García-Clairac, autor de El Ejército Negro, y… ¡redoble de tambores!… os traemos en exclusiva la entrevista a Rick Riordan. Sí, sí, el mismo, el padre literario de Percy Jackson.

¿A qué esperas para abrir nuestra vigésimosegunda puerta?

Inglaterra es un lugar especialmente poblado de lugares interesantes para los mitómanos. O será que nosotros los vamos buscando todos. Sea lo que sea, ya era hora de que hablara un poco de Tolkien y de Birmingham. O mejor, lo podéis leer en estos artículos:

  • J.R.R.Tolkien’s childhood in Birmingham
  • J. R. R. Tolkien’s youth in Birmingham
  • Birmingham Heritage Tolkien
  • Towers Tolkien

    [Imagen: Laqueaquíescribe en Waterworks street, con las dos torres de Tolkien en ambos extremos de la foto.]

    Ahora que ya sabéis que Tolkien pasó parte de su infancia y su juventud en las tierras de mi erasmus, podréis imaginar que nos hemos ido a visitar alguno de estos lugares, para ver dónde vivió y qué pudo influir al escritor en sus primeros años. En Edgbaston, cerca de Birmingham, se encuentran las que dicen que son la influencia para las dos torres de El Señor de los Anillos. Éste es un estupendo artículo muy interesante al respecto.

    It has been suggested that the towers of Perrott’s Folly and Edgbaston Waterworks may have influenced references to towers in the writings of J. R. R. Tolkien, who lived nearby as a child. (…) In Peter Jackson’s adaptation, the two towers refer to Saruman’s Orthanc and Sauron’s tower of Barad-dur.

    Otro día os cuento que este finde estuvimos en el bosque de Sherwood, que vimos a Robin Hood -bueno, su estatua- y que casi nos perdemos en los jardines de New Stead Abbey, la abadía en la que vivió Lord Byron una temporada. Mitomanías varias.

    En mi viaje a Edimburgo me compré algunos libros interesantes. Edimburgo es una ciudad muy literaria, cuna de Robert Louis Stevenson, Walter Scott, Robert Burns, Sir Arthur Conan Doyle, J. K. Rowling, etcétera. Así que los libros que me compré eran muy “literarios”. Quizás con la foto se explica mejor.

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    Aclaración: Cualquier libro mejora con un té y una carrotcake. Bueno, quizás no todos, pero éstos en particular lo hicieron.

    Los libros son recopilación de ensayos en los que sus autores, Proust y Orwell, reflexionan sobre sus lecturas y sobre el ejercicio de la escritura. ¿Qué vicio es más caro: el tabaco o la literatura? Sobre esta cuestión escribe Orwell en el ensayo que da título a que Books v. Cigarettes y que introduce la temática mayoritaria del libro, que contiene ensayos y artículos como Bookshop memories, Confessions of a Book Reviewer o The Prevention of Literature

    A quienes trabajáis en librerías, os encantará esta cita, sacada del ensayo Bookshop memories:

    “Dear old lady who read such a nice book in 1897 and wonders whether you can find her a copy. Unfortunately she doesn’t remember the title or the author’s name or what the book was about, but she does remember that it had a red cover…”

    Pero no todo el libro es monotemático. How the poor die relata la experiencia del autor en un hospital y las condiciones en las que se trataba a los enfermos en esa época. Muy descriptivo, curioso e interesante.

    Por cierto, un ensayo muy “inglés” de George Orwell es A Nice Cup of Tea. En él, el escritor reflexiona sobre esas difíciles y trascendentales cuestiones acerca de cómo tomar el té: con azúcar o sin azúcar, la leche primero o después que el té, en qué tipo de taza se dede tomar. Una lectura muy inglesa para esta primavera lluviosa en las islas.

    Edito: Acabo de descubrir Politics vs. Literature: An Examination of Gulliver’s Travels y me está encantado. Releí Los viajes de Gulliver de Swift hace semanas, para El Templo de las Mil Puertas -número nuevo la semana que viene, ¡atentos!- y es interesante ver qué opinan sobre él otros escritores.

    I Want The World To Stop

    I want the world to stop (I want the world to stop)
    Give me the morning (give me the understanding)
    I want the world to stop (I want the world to stop)
    Give me the morning, give me the afternoon
    The night, the night

    (…)

    I want the world to stop…

    I want to write a message to you
    Everyday at 10 o clock in the evening
    Yellow pearl my city is
    This is your art this is your Balzac your Brookside and your Bach

    En este año viviendo en tierras inglesas, la mitomanía que ya tenía por Harry Potter ha crecido bastante. Por ejemplo: cada vez que bajaba a Londres, visitaba el andén 9 y 3/4 en Kings Cross.

    Scotland 183

    La semana pasada estuve en Escocia, de viaje para celebrar el final de los exámenes con los amigos. En Edimburgo, ciudad a la que cada vez que vuelvo me gusta cada vez más, desayuné en The Elephant House, cafetería en la que J. K. Rowling escribió el primer libro de Harry Potter. Desde que Harry Potter se convirtió en un best seller, es uno de los lugares más populares de la ciudad.

    Si te sientas en las mesas del fondo de la cafetería, al lado de la ventana, puedes ver el castillo de Edimburgo en lo alto de la colina, y justo debajo de la ventana, el cementerio Greyfriars. En él se encuentra la tumba de Tom Riddle, es decir, Voldemort, digo, el-que-no-debe-ser-nombrado, y otra lápida con el apellido McGonagall. Y justo detrás del cementario, la Heritage George School, colegio privado en el que dicen que la escritora se inspiró para crear Hogwarts. Ah, y si tienes que ir al servicio, en él que encontrarás que, en las paredes, los fans de la saga han copiado frases de los libros y han escrito dedicatorias para la escritora.

    HP loo

    En nuestro viaje por las HighLands, después de pasar por el Lago Ness y no ver a Nessie, estuvimos en las montañas de Glen Coe. Allí cerca, se grabaron las escenas de la cabaña de Hagrid y del partido de Quidditch. Además, pasamos por Fort William, sin llegar a ver el puente que Harry y Ron sobrevuelan cuando le roban el coche a Weasley padre.

    Tomando un té en The Elephant House y disfrutando del brownie de chocolate y de la carrot cake, me di cuenta de que dentro de un mes la última película de Harry Potter llegará a la gran pantalla, y se terminará una de las sagas que ha marcado la lectura de nuestra adolescencia. Estábamos acostumbrados a esperar a que sacara nuevo libro, esperar la traducción, cuando supimos algo más de inglés, seguíamos las aventuras a ritmo inglés y luego llegaron las películas, la adaptación al cine, y de nuevo a esperar entrega tras entrega. ¿Qué haremos después del quince de julio, cuando no haya nada más que esperar?

    Yo llevo años still waiting for the letter from Hogwarts.

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    [Un dibujo de Wil Freeborn de una librería de Glasgow llamada Voltaire and Rousseau. Imagen encontrada en Librosfera.]

    Ahora que se han terminado los exámenes, tenemos un poco más de tiempo libre y no todo van a ser pintas, pubs y noches. Que hay que aprovechar los pocos días de sol que tenemos aquí en Inglaterra.

    De nuevo, el césped de la Universidad, una cheesecake, un coffe-frappé y Carlota Fainberg de Antonio Muñoz Molina.

    Dos hombres que sólo tienen en común la nacionalidad y que no volverán a verse nunca mantienen un encuentro fortuito en una sala del aeropuerto de Pittsburgh. Uno de ellos es Claudio, un profesor de literatura que se dirige a Buenos Aires a dar una conferencia, a quien Marcelo, extrovertido ejecutivo de empresa que espera vuelo a Miami, cuenta una historia secreta que vivió en un hotel bonaerense.
    Luego los viajeros se separan, y pronto Claudio descubrirá en el mismo hotel en que estuvo Marcelo los límites entre realidad y ficción. La tenue frontera donde pueden coexistir amor y muerte.

    Me ha llamado la atención en este libro el uso de ciertas palabras en inglés, que el autor ha escrito deliberadamente en ese idioma, sin traducirlas, ni siquiera con notas aclaratorias a pie de página. Muchas de ellas son expresiones inglesas -o americanas-, o palabras para las que no tenemos una traducción exacta en nuestro idioma. Es curioso ir leyendo y no pararse en la narración, sea ésta en español o en inglés, cuando tienes un cierto conocimiento del idioma extranjero y entiendes que esos términos en concreto que el autor ha escrito en inglés no se pueden traducir, no manteniendo todos los matices necesarios para ello, y sigues leyendo, asimilando la palabra inglesa y disfrutando de la estupenda prosa de Muñoz Molina en castellano.

    Los dos personajes, Claudio y Marcelo, son españoles. Marcelo identifica a Claudio como español en la sala de espera del aeropuerto y a partir de ahí se inicia la conversación, la trama de la novela. ¿Podemos los españoles identificarnos entre sí?

    [...]
    Un español reconoce a otro mucho antes de oírlo hablar, nada más que viéndole la pinta. Vas por Nueva York, un ejemplo, por la Quinta Avenida, a la hora de más gentío y más tráfico, ves en un semáforo a una pareja, de espaldas a ti, los dos con camisas y vaqueros, de unos treinta y tantos años, (…) y no sé por qué pero lo sabes, lo puedes jurar: “Esos son españoles”. Qué le vas a hacer, tenemos esa pinta, ese look, como dicen ahora.
    [...]

    Carlota Fainberg, Antonio Muñoz Molina

    Este año que he pasado en el extranjero he vivido alguna situación parecida, sobre todo los primeros meses. Cruzarte con alguien en el campus de la Universidad e intuir, saber, que es español. Una sonrisa al hablar en inglés en un pub y preguntar sin ninguna duda ¿eres español, verdad? ¿Es cierto que nos podemos reconocer, nos distinguimos de alguna manera especial respecto a personas de otras nacionalidades?

    No puedo dejar de hacer un apunte filológico, como estudiante de Hispánicas que soy. En Carlota Fainberg se nombra brevemente El Quijote. Quien haya leído un poco de bibliografía sobre él, o simplemente sepa de algunas de las nuevas corrientes teóricas que han surgido en literatura en el último siglo, este párrafo del texto le sacará una sonrisa divertida:

    [...]
    - Pero tú también has escrito sobre Cervantes, Morini -acerté desmayadamenta a objetar.
    - Por supuesto, pero desde un approach innovador, teniendo en cuenta a Lacan y la Kristeva, y sobre todo la Queer Theory, el cutting edge de la crítica, atreviéndome, arriesgándome un poco, Claudio, off the beaten track, acuérdate de mi estudio sobre drag queen epistemology y cross dressing en la segunda parte del Quijote…
    [...]

    Carlota Fainberg, Antonio Muñoz Molina

    Ahora que se acerca el verano, ese momento de elegir libros para leer durante los meses de descanso, mi recomendación es cualquier libro de Antonio Muñoz Molina. Vosotros, queridos lectores fantasmas, ¿me recomendáis algún libro para cuando vuelva a la ciudad del cierzo, dentro de un mes y poco?