… y muchos conciertos de los que disfrutar. Por eso Doctor Deseo sigue con su música y su nuevo disco, Cartografía Imposible, estará en las tiendas a mediados de marzo. Justo una semanita después de la salida de Life in the Treehouse, para que hayamos tenido tiempo de digerir y asentar lo nuevo de Marlango. Ah, y que no se nos olvide el inglés, que Amy Mcdonald también saca disco la primera semana de marzo.
Es la duda mi bufanda,
es tu miedo mi dolor
[...]
tiro de cadena y digo adiós
a mi trocito de realidad
hay cuentos por inventar
hay cuentos aún por inventar
[...]
caminante no hay camino
se hace camino al andar
En marzo tengo que ir un par de veces a Madrid y ya sé qué banda sonora me va a acompañar en mi camino. Y es que, últimamente, tengo mono de música en directo.

[Imagen del ilustrador R. Sikoryak]

[Imagen: Simply Breakfast]
Examina otras diez fotografías con el mismo decepcionante resultado. Un anciano en una silla de ruedas, tan flaco y delicado como un gorrión, que lleva unas gafas ahumadas de ciego. Una joven sonriente con una copa en una mano y un cigarillo en la otra, vestida a la moda de los años veinte y tocada con un casquete. Un hombre tremendamente obeso con una calva inmensa y un puro encajado entre los dientes. Otra muchacha, china esta vez, que lleva leotardos de bailarina. Un hombre moreno de bigote encerado, ataviado con frac y sombrero de copa. Un chico durmiendo en el césped de lo que parece un parque público. Un hombre maduro, de unos cincuenta y cinco años, tumbado en un sofá con las piernas apoyadas en un montón de almohadones. Un vagabundo de aspecto esmirriado, con barba, sentado en la acera y abrazando a un enorme perro callejero. Un negro regordete de sesenta y tantos años con una guía telefónica de Varsovia de 1937-1938. Un joven delgado sentado a una mesa con cinco cartas en la mano y un montón de fichas de póquer frente a él.
Viajes por el Scriptorium, Paul Auster.
A veces leo libros que me reconcilian con la literatura. Vuelvo ahora de la librería donde me he gastado una cifra demasiado elevada en libros de lectura obligatoria para este segundo cuatrimestre de la Universidad. Supongo que encuentro un misterioso placer en que mi familia me amenace cada vez más a menudo con echarme de casa si me sigo comprando libros. Quien dijo la famosa frase: El saber no ocupa lugar estoy segura de que no estudiaba Filología Hispánica.
Pero a pesar de las quejas, a pesar de que cada profesor cree que sólo tenemos su asignatura o que ya hemos conseguido robarle el giratiempo a Hermione, a pesar del mínimo de dos libros hispánicos semanales que tengo que leer estos tres próximos meses -¿y la literatura de placer, dónde queda?-, a pesar de que conforme voy completando mi biblioteca particular se va vaciando mi cuenta corriente y nunca tiene lugar el fenómeno contrario, a pesar de todo eso… a veces leo libros que me reconcilian con la literatura.
Camina por la calle, un hombre discute con violencia con una mujer, parecen drogados. La gente mira de lejos, pero nadie interviene. En la parada del autobús hay un cartel con una modelo que anuncia lencería femenina. Alguien ha escrito con un rotulador azul, encima de su viente: “Mamadas a 10 euros.” Tres estudiantes caminan ruidosos por la acera. Un hombre detiene un taxi. En el semáforo, una niña rumana limpia cristales de los coches mientras los conductores tratan de eludirla. En su caseta, un vendedor de lotería ciego escucha la radio. Dos mujeres avanzan por la acera, caminan juntas pero cada una de ellas sostiene una conversación por su móvil. Lorenzo se siente protegido, reconfortado. [...] Se da cuenta de que el estado de ánimo es una cuestión de energía. Si te paras, te hundes. El equilibrio es una cuestión de movimiento, como esos platos que giran sobre la punta de un bastón.
Saber perder, David Trueba.

A Sylvia le gustan los libros usados. Los libros nuevos tienen un olor agradable, pero dan miedo. Es como avanzar por una carretera por la que nadie ha pasado nunca.
Desde hace unos días, estoy avanzando sin frenos por la carretera de Saber Perder, de David Trueba. Sin frenos, sin mapa, sin acompañante, sin rumbo fijo y sin ganas de llegar al final. Hacía tiempo que un libro no me fascinaba tanto.
Porque, cuando un libro comienza con este párrafo, no puede sino mejorar:
El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear.
Porque, a veces, los personajes tienen que aprender a saber perder. Y nosotros también. Más a menudo que ellos incluso.
La respuesta de Ariel ha devuelto a Sylvia de un bofetón a la realidad. Le recuerda quién es él, quién es ella. Los pies en el suelo. Tendrá que evitar que Ariel se cuele por todas las rendijas de su fantasía, de su imaginación. Tendrá que vigilar que no asalte sus sueños, los ratos en que su pensamiento se evade. Que no se introduzca en sus lecturas, en la música que escucha. Que no alimente los ratos muertos con el anhelo de una llamada de él, de un contacto que no llega. Sabe que el único placer del que puede disfrutar es el que provoca esa punzada de dolor, esa especie de desolado conformismo. Está triste, pero al menos la tristeza es suya, la ha fabricado ella con sus espectativas, no se la ha provocado nadie, no es víctima de nadie. Se siente bien en ese sufrir, no le molesta. Se tumba. A esperar. No sabe qué.
Supongo que sólo nosotros podemos votar a las tres de la mañana quién es mejor, si Anna Karerina, Madame Bovary o La Regenta. Supongo que sólo nosotros podemos casi llegar a las manos discutiendo sobre Dios o no Dios. Supongo que con todos los vasos encima de la mesa, las botellas que ya se veían más vacías que llenas y los cubitos de hielo que se nos habían acabado, estas conversaciones deberían ser absurdas, sin fundamentos lógicos y ausentes de toda coherencia. Pero no seríamos nosotros si a las mil de la mañana no empezamos a pensar de dónde procede históricamente la palabra cerveza y recordamos que del céltico.
Por más cervezas, ron, vodka, cubitos y conversaciones metafísicas.
Porque, al fin y al cabo, no importa cómo, sino con quién.
Aunque sea en un bar de chinos a las siete y pico de la mañana.
Por cierto, conversación final entre Booth y Bones en el capítulo 14 de la quinta temporada de Bones. Igual así se explican mejor ambas posturas:
Bones: – Tengo que preguntarte algo.
Booth: – ¿Vas a preguntarme sobre Dios y el Diablo? Ibas a preguntarme cómo Dios puede poner una carga tan fuerte sobre la gente buena.
Bones: – No. Iba a preguntarte cómo puedes seguir creyendo en una especie de Dios después de un caso como éste.
Booth: – ¿Si mi fe fue alterada? Sí, claro. Esta noche estaré en la cama, dando vueltas y voy a cuestionarlo todo.
Bones: – ¿Obtendrás tu fe de nuevo?
Booth: – Siempre la he recuperado en el pasado.
Bones: – ¿Así que debo tener fe en que podrás conservar tu fe? ¿Por qué?
Booth: – Porque, Bones, el sol saldrá y mañana será un nuevo día.
Bones: – Conozco ese sentimiento.
Booth: – ¿En serio? ¿Sabes que se siente al tener tu fe de vuelta?
Bones: – Cuando veo los efectos y no soy capaz de determinar la causa, mi fe en la razón y en las consecuencias se sacude.
Booth: – ¿Y entonces qué pasa?
Bones: – Dos más dos son cuatro. Pongo azúcar en mi café y sabe dulce. El sol sale porque el mundo está girando. Esas cosas me parecen bellas. Hay misterios que nunca entenderé, pero a donde quiera que mire, veo la prueba de que para cada efecto hay una causa correspondiente, incluso si no la puedo ver. Encuentro eso tranquilizante.
Booth: – Y la vida es buena otra vez.
Bones: – La vida es muy buena.5×14. Bones.
PD: Yo estaba con Bones. Y los de Booth eran mayoría ¬¬
Mascarada nocturna.
Aunque toda noche ya es de por sí una mascarada.

Máscara
Esta mañana fue difícil
colocarme la máscara
No lograba encajarla conmigo
Tal vez llegó el momento
de cambiarla.De Pulso interno, de María Clara González.
[Imagen: De máscaras y enigmas, by Lou Rouge.]

[Imagen: Enfundada en bufanda, de la ilustradora de LIJ Rebeca Jiménez]
Ya no se veían las aceras. Ya no se veían las esquinas. La calle Veintitrés es de las más concurridas: y un tendero compasivo tuvo que poner en su esquina un poste que decía: “Esta es la calle Veintitrés”. A la rodilla llegaba la nieve, y del lado del viento, a la cintura. La ventisca rabiosa mordía las manos de los caminantes, se les entraba por el cuello, les helaba las orejas y la nariz, les metía puñados de nieve por los ojos, los echaba de espaldas sobre el nevado resbaladizo, los sujetaba sobre él con nuevas ráfagas, los lanzaba danzando y sin sombrero, contra la pared, o los dejaba dormidos, dormidos para siempre, ¡sepultados! El uno, un comerciante, en la flor de la vida, había de aparecer hoy, hundido en el turbión, sin más señal de su cuerpo que la mano alzada por sobre la nieve. El otro, un mandadero, azul como su traje, sale en brazos de sus compañeros piadosos de aquella tumba blanca y fresca, propia de su alma de niño. El otro, clavado hasta la cabeza, con dos manchas rojas en el rostro blanco, y los ojos violáceos, duerme.
Nueva York bajo la nieve, José Martí.
Pepa Bueno le aconseja a Lorenzo Milá que se suba la bufanda y no coja un resfriado. A Lorenzo le llega la nieve por las rodillas y Nueva York es un caos monumental. Los neoyorkinos convocan peleas de bolas de nieve por facebook. Toda la ciudad se junta en Central Park para disfrutar de peleas de bolas de nieve entre vecinos. Sólo haría falta una estrella azul, como en Pinocho, para darles vida a los muñecos de nieve.
Las once de la noche. -3ºC en el termómetro de la calle que veo desde mi ventana. Las ramas de los árboles desnudos bailan al son del cierzo. Estaba ordenando apuntes y he recordado a Martí, una de las últimas lecturas previas a los exámenes de febrero. Nueva York bajo la nieve escribía él hace más de un siglo. Y seguimos igual. En la ciudad del cierzo la nieve no cuaja, lástima; me gustaría una pelea de bolas de nieve en la plaza del Pilar, escondiéndonos detrás de la bola del mundo o resguardándonos entre las tres carabelas de Colón. Y patinar sobre hielo bajo la atenta mirada de Goya.
Me voy a hacer un café calentito, con canela o vainilla, y seguiré ordenando los apuntes de este cuatrimestre que acabamos de terminar. Quien dijo que el saber no ocupa lugar no estudiaba, seguro. O tenía los apuntes en un pendrive y los leía en su e-book, todo es posible. Pero tomando apuntes con el ordenador o leyéndolos en el e-book, el mundo se perderá las maravillosas obras de arte y marginalia que los estudiantes garabateamos en los márgenes de lo que supuestamente debería estar dentro de nuestra cabeza.
Me vuelvo a mis apuntes de papel. Al menos, si hace frío, si la ciudad del cierzo amanece bajo la nieve como Martí describía a Nueva York, podré quemarlos en una hoguera. Algunos no me importarán en absoluto; otros me dolería en el alma. No sé durante cuánto tiempo puede arder un e-book. Ayer jugué al escondite con un pendrive; más bien jugó él conmigo. Ganó.
Un editor o, mejor dicho, editora es la persona que está detrás del estupendo blog Editar en voz alta. Un blog que está dando sus primeros pasos y al que hay que seguir de cerca. Al menos, eso dicen por aquí y por allí y si lo dicen ellos, yo me lo creo. Y al leer entradas como ésta, me convenzo del todo y lo añado a mis blogs de lectura obligatoria:
¿De qué se puede hablar en LIJ?
No hay límites al qué, pero hay que pensar bien el cómo. ¿Por qué? Porque lo que leen los niños y jóvenes tiene un impacto en su desarrollo y nosotros, como editores, queremos tener un control explícito sobre ese impacto.
Exacto.
Ayer, estaba ayudando a uno de mis niños de repaso -algún día os hablaré de ese par de monstruitos a los que adoro- a escribir un relato para el concurso de literatura del instituto. El tema es el El viaje y quiere contar una futura escapada a París que tiene planeada con los amigos después de los exámenes de Selectividad. La historia empieza justo después del último examen y le propongo:
- Bueno, pon algo así como “Fulanito, levantando la cerveza y brindando por el final de exámenes, preguntó si teníamos vértigo, porque el mirador de la torre Eiffel estaba muy alto”.
- No, mejor voy a poner coca-cola, que seguro que a la profe no le parece bien que nos estemos tomando unas cervezas.
- ¿No le va a parecer bien a la profe que unos chavales a punto de entrar en la Universidad se estén tomando unas cervezas para celebrarlo? ¿Os vais a poder ir solos a París una semana y no os vais a poder tomar un caña?
- Voy a poner cocacola. O mejor, pongo sólo que brinda con el vaso y no pongo la bebida. Así no me mojo.
- No mojarse no es la solución. En fin, haz lo que quieras, que es tu relato. Pero piensa en ello. Y piensa en que si apruebas y te veo de bares celebrándolo, a qué te gustaría que te invitara, si a una cocacola o a un chupito.
Compromiso
.…no me gustan las novelas en las que ella es tonta, patosa, frágil y necesitada de protección, y además guapísima y capaz de enamorar al chico al primer vistazo (aunque haya muchas chicas tontas, patosas, frágiles y necesitadas de protección, y además guapísimas), porque establecen la norma de que hay que ser así (y no inteligente, divertida, fuerte y decidida) para enamorar a un chico al primer vistazo. Es más: ¿de verdad el objetivo último es siempre enamorar al chico?…no me gustan las series de televisión en las que se escenifica una guerra de sexos basada en el supuesto de que ellas solo quieren pescar marido y ellos solo quieren acostarse con la chica y salir corriendo (aunque haya muchas chicas que quieren pescar marido y muchos chicos que sólo quieren acostarse con la chica y salir corriendo), porque establecen la norma de que si eres chica debes querer pescar marido y si eres chico debes querer acostarse con la chica y salir corriendo.
Poco más puedo decir al respecto que no haya dicho ya Elsa Aguiar en esta entrada de su blog.
Ni siquiera había visto el trailer antes de ir al cine. Me sonaba un poco que era una adaptación de un libro de Cormac McCarthy y que salía Viggo Mortensen. Eso tenía que ser suficiente para despejar mi cabeza y dejar de lado un rato los apuntes. Así que me he ido al cine. El trailer no tiene absolutamente nada que ver con la peli, pero eso ya me lo esperaba.
Después de ver The Road … vuelvo a casa y enciendo el ordenador. En el facebook, conversación con una amiga:
- ¿Qué haces despierta aún?
- ¿Aún? Acabo de volver del cine.
-¿Qué has visto?
-The Road. Empieza bien, pero acaba mal porque acaba bien. Y ese final no le pega nada a la peli…
- Entonces, ¿hay que ir a verla?
- Pues… no sé. Hay dos momentos buenos, sale dos veces desnudo Viggo Mortensen ^^ Pero está tan delgado en esta peli que te entran ganas de darle un buen plato de cocido y decirle: anda, come, que ya te secuestro luego un rato si eso.
- Jajaja. Y luego te lo comes tu, jajaja!
- Si es que no sé qué tiene, que está guapo hasta cuando está sucio. Porque no me digas que Aragorn…
- Ya, pero he visto el trailer y esa barba no atrae nada.
- No, la verdad es que antes de secuestrarlo le daría un buen baño en lejía y todo tipo de desinfectantes que encontrara en casa. Pero luego lo secuestraría ^^.
- ñam ñam
- estoy por copiar esta conversacion y subirla al blog como entrada…
- debería irme a dormir.
- y yo…
- sé perfectamente que tú no te irás a dormir hasta que amanezca.
- soy nocturna, lo sabes. Me voy a hacer un colacao o un café y me voy a discutir con el word.
- que te cunda, me voy al cine de las sábanas blancas.
- que sueñes con Viggo, aunque con un par de kilos más.
- jajaja! buenas noches!

El escritor zaragozano Daniel Nesquens ha ganado la VII edición del Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil, dedicado este año al ámbito infantil, con la obra El hombre con el pelo revuelto. El texto premiado se publicará en abril en una edición ilustrada y estará dirigido a lectores a partir de 8 años.
Daniel Nesquens es un escritor especializado en literatura infantil. Apoyándose en un humor tendente al absurdo, bebe de lo cotidiano, de lo humano y traslada momentos deliciosos a sus textos, que se degustan con una sonrisa puesta de principio a fin. Leemos sus libros y nos acordamos de Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Antoniorrobles, Tono… aquella “otra generación del 27”. Realidad, sueño, ficción, vida y mucho humor… todo de principio a fin.
Los integrantes del jurado destacaron de la obra premiada “su frescura, su facilidad de lectura, su complicidad con la lógica infantil con guiños a la película Mi tío de Jacques Tati”. Además, apuntaron que “su humor absurdo la hace recomendable para cualquier edad y que su disparate organizado no esconde un mensaje lleno de vitalidad y una filosofía del disfrute de la vida”. El hombre con el pelo revuelto es una apuesta por el humor y el non-sense que guarda una profunda reflexión sobre la vida y su disfrute.
Me alegro muchísimo, Daniel Nesquens es un escritor estupendo, divertidísimo. Se lo merece.
Daniel Nesquens gana el VII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil, en el Cultural de Zaragózame. Daniel Nesquens – Wikipedia. – Anaya – Babar.
Parece que febrero es el mes de los premios literarios, al menos en literatura infantil y juvenil.
Se han fallado en unos pocos días el premio Jordi Sierra i Fabra, el Ala Delta y Alandar, el Edebé infantil y juvenil, el Anaya, dentro de poco los de SM con su Gran Angular y el Barco de Vapor… Seguro que me dejo alguno por el camino.
Y que alguien se atreva a decirme que la literatura infantil y juvenil no existe, que no importa, o que no tiene relevancia en el panorama nacional, ¡ja!
Serrat ya había cantado a Machado. Os dejo un vídeo en el que canta junto a Joaquín Sabina. Dos grandes cantan a otro grande, no podía ser de otra forma. Y todo el público coreando caminante no hay camino…
A finales de febrero, Serrat saca disco nuevo, Hijo de la luz y de la sombra, en el que pone música y voz a los poemas de Miguel Hernández. Ya podemos escuchar alguno de ellos en youtube, como Para la libertad, Nanas de la cebolla, Menos en tu vientre, La boca o Canción última.
Tristes guerras
Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes
Ropas con su olor…
Ropas con su olor
paños con su aroma.Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.lecho sin calor,
sábana de sombra.Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.