
[Imagen: JcOlivera.]
Estos días de lluvia en la ciudad del cierzo me recuerdan mucho a la lluvia de Edimburgo. Cielo gris, tiempo desapacible, pocas ganas de salir a la calle. Casa, cama, café y lectura. Y eso he hecho. He leído un libro que me regalaron mis amigas por mi cumple -¡gracias, chicas!- y que me ha llevado de vuelta a la ciudad en la que viví dos intensos, estupendos e irrepetibles meses: Edimburgo.
¡Proa hacia el Sur! Henos aquí, en marcha por las carreteras de Francia, peregrinos sobre patines en busca de un sueño imposible. Menuda pareja formamos: un adulto desgarbado con bigotes de gato y un pelirrojo con el corazón de madera. Somos Don Quijotes al asalto de los paisajes del western andaluz. Luna me ha descrito el sur de España como un lugar imprevisible en el que los sueños conviven con las pesadillas, de la misma manera que conviven indios y vaqueros en el Oeste americano. Vivir para ver.
La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu, nos narra la historia de Jack, un chico con un reloj por corazón, que se enamora de Miss Acacia, una pequeña bailarina andaluza algo cegata. Ella vuelve a Andalucía y él, completamente enamorado, decide ir tras ella. Y así, en Edimburgo y en Andalucía trascurre la historia.
Tras algunos meses, nuestro amor continúa creciendo, pero parece que ya no puede contentarse con alimentarse tan solo en los senos de la noche. Mandad llamar al sol y al viento, nos hace falta calcio para los huesos de nuestros cimientos. Quiero dejar caer la máscara de murciélago romántico. Quiero amor a pleno día.
Aunque me ha gustado mucho el inicio de la historia, el final no me ha convencido demasiado. No me gusta cómo se desarrolla finalmente la trama ni ese epílogo que el autor escribe para sus personajes. De todas formas, es un libro entretenido, ágil y con algunos momentos en la prosa que merecen su lectura, como:
Su cuello está salpicado de minúsculos granos de belleza, constelaciones que descienden hasta sus senos. Me convierto en el astrónomo de su piel, hundo mi nariz en sus estrellas.

[Imagen: pinguin1961.]
Isabelita tenía gustos o inclinaciones muy distintas de las de su hermano. Más que la diferencia de sexo, la de temperamento era causa de que los dos hermanos jugasen casi siempre aparte uno del otro. No miremos con indiferencia el retoñar de los caracteres humanos en estos bosquejos de personas que llamamos niños. Ellos son nuestras premisas; nosotros ¿qué somos sino sus consecuencias?
Digo que Isabelita, si alguna vez jugaba con muñecas, no tenía en esto gusto tan grande como en reunir y coleccionar y guardar cosillas. Tenía la manía coleccionista. Cuanta baratija inútil caía en sus manos, cuanto objeto rodaba sin dueño por la casa, iba a parar a unas cajitas que ella tenía en un rincón a los pies de su cama. ¡Y cuidado que tocara nadie aquel depósito sagrado!… Si Alfonsín se atrevía a poner sus profanas manos en él, ya tenía la niña motivo para estar gimoteando y suspirando una semana entera… Estos hábitos de urraca parecía que se exacerbaban cuando estaba más delicada de salud. Su único contento era entonces revolver su tesoro, ordenar y distribuir los objetos, que eran de una variedad extraordinaria, y por lo común, de una inutilidad absoluta. Los pedacitos de lanas de bordar y de sedas y trapo llenaban un cajón. Los botones, las etiquetas de perfumería, las cintas de cigarros, los sellos de correo, las plumas de acero usadas, las cajas de cerillas vacías, las mil cosas informes, fragmentos sin uso ni aplicación, rayaban en lo incalculable.
Pero el montón más querido lo componían las estampitas francesas dadas como premio en la escuela, los cromitos del Sagrado Corazón, del Amor Hermoso, de María Alacoque y de Bernardette, pinturillas en que el arte parisién representa las cosas santas con el mismo estilo de los figurines de modas. También había lo que ella llamaba papel de encaje, que son las hojuelas estampadas que cubren las cajas de tabacos. Aquello era de los cigarros de Agustín, y se lo había dado Felipe. No contaré los papelillos de agujas vacíos, los guantes viejos, los tornillos, las flores de trapo, los pitos de San Isidro, los muñequillos, restos de un nacimiento, las mil menudencias allí hacinadas. En otra parte tenía Isabel muy bien guardada su hucha, dentro de la cual, al agitarla, sonaba una música deliciosa de cuartos. Estaba ya tan llena, que pesaba así como un quintal. No le costaba a ella poco trabajo vigilarla y esconderla de las codiciosas miradas y rapaces manos de Alfonsín, que, si lo dejaran, la rompería para coger el dinero y gastarlo todo en triquitraques… o comprar un carro de mudanza con caballos de verdad.Capítulo XL, La de Bringas, Benito Pérez Galdós.
Yo quiero vivir en una caja ciudad en cuyas calles haya grafitis de cafés. Tengo que ir a Nueva York para ver ésto en persona:

[Black coffee once found on brick on Bleecker & MacDougal Streets in Greenwich Village, NYC street. By Professorbop.]
Lo diría una indígena y tendría razón:
“Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les depositan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Los Bancos y las Cajas hacen caja.
Y cuando mueren
les introducen también en una caja.
Todo está hecho para que encajemos.”
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.Cajas, Ángel Guinda
Nos encajan (en) la vida.
… et moi aussi.
La cantante de Garbage y Frodo, o lo que es lo mismo, Shirley Manson y Elijah Wood, para Oliver People.

[Imagen: Flickr de Dogmilque]
Ciclogénesis explosiva, terremotos, artículos que corregir, cafés pendientes con amigos, capítulos nuevos de series en versión original subtitulada, asuntos que confirmar cuanto antes, una copia de seguridad urgente al ordenata, emails que contestar, pelusas debajo de mi cama, el mp3 sin batería o comprarme deportivas nuevas porque éstas tienen agujeros por los que me entra el agua cuando llueve.
Este finde, me da todo igual.
Este finde, toca leer.
Tengo varios libros en la mesilla a los que les tengo muchas ganas. Algunos son para clase, otros no; unos son poesía y otros novela, un par de relato corto; algunos clásicos y otros recién salidos de imprenta.
Así que, con vuestro permiso -o sin él, porque me da igual-, me voy a leer. Y ya veremos qué hacemos con las tareas apuntadas en la agenda para el lunes.
Me refiero a que leer, en el fondo, desde que aprendimos hacerlo en voz baja y en solitario, es, sobre todo, un placer solitario, una inmersión individual, un viaje personal. Claro que existen lecturas comunitarias en voz alta, clubs de lectura que incentivan y estimulan el aprendizaje tardío -como nos ha enseñado Ramón Flecha-, lectura colaborativa, lectura dialógica, recomendaciones y sugerencias de amigos y allegados. [...]
Todo eso se amplifica ahora con las redes sociales de intercambio: con aquellas específicamente dedicadas a las recomendaciones de lectura (Librarything, Selfhari, Goodreads); con aquellas otras que incorporan dispositivos concretos para revelar qué se está leyendo en este momento, como Facebook y Twitter; o como aquellas otras, más especializadas, como Delicious o Mendeley, que permiten intercambiar archivos, valoraciones, comentarios, etc. Hablar hoy de lectura parece, obligatoriamente, hablar de lectura en grupo, de clubs físicos o virtuales de lectura, de onerosa y molesta lectura comunitaria. En el New York Times de hace apenas tres días, se atrevían a desenmascarar esta paradoja: The Book club with just one member se refiere a la historia de una adolescente que se siente molesta cuando quieren obligarle a compartir sus lecturas, a revelar siquiera lo que lee, a tener que pronunciarse en público sobre su más íntimo secreto, el libro que le acompaña en sus insomnes horas nocturnas. “I didn’t like talking about books with other people very much because it almost felt like I didn’t want other people to be in that world with me”.Lo mismo sucede con la escritura: de tanto recordar la herencia durmiente de Barthes y Derrida, hoy hasta el último mono afirma que no existen los autores, que la originalidad es una mueca y que todos los textos no son más que retales cosidos con más o menos talento los unos a los otros, lo que en gran medida es cierto. No lo es menos, sin embargo, que la originalidad existe, que los autores están identificados con un carnet de identidad y que la experiencia de la creación en solitario no es reproducible en comunidad.
Ni niego el valor de la lectura cooperativa ni mucho menos el de la producción colectiva y asociada. Quiero, solamente, que tal como reivindica el columnista de The New Yorker, me dejen solo… cuando leo, y que no sobredimensionemos el valor de las herramientas que todos utilizamos, porque desvirtuan en gran medida la esencia del acto reservado e introspectivo de la lectura.
Dejadme solo o el club de la lectura con un sólo miembro
Yo ya estaba convencida de eso, pero las cosas que ocurren a mi alrededor no hacen sino confirmármelo. Y para qué voy a decir yo nada, si todo lo dice ya Inde:
Zaragoza tiene méritos suficientes para ser capital cultural de lo que le pete. Hagan el favor los políticos de salir de sus despachos y dejar de acumular informes técnicos en sus cajones. Vean el caudal de lo que tienen delante de sus narices, que yo pa mí que no se han enterao, y que poco menos que se han limitado a acudir a la Wikipedia para apuntar en una lista los personajes y eventos históricos (muchos y buenos, es cierto) que ha tenido Aragón. La historia está muy bien –ojo que esto se lo dice una historiadora–, pero afortunadamente no nos hace falta remitirmos a ella: en el presente tenemos una actividad cultural abundante, viva, maravillosamente activa y de calidad.
Y es que estoy fascinada en la lectura de dos libros azules, uno el Azul… de Rubén Darío para clase y otro el Azul Ruso de Patricia Esteban, que tuvo la culpa el miércoles de que no cupiera ni un alfiler más en la librería Los Portadores de Sueños. Esa misma noche, los alumnos de la Universidad de Zaragoza representaban el Tartufo de Molière en el Teatro Principal.
Además, no dejamos de ver nacer autores nuevos, y muy buenos, ya sea en relato, poesía, en literatura infantil juvenil o en premios comarcales. Y además, los autores ya consagrados se llevan premios. Y no sólo nacen autores, que también nacen editoriales, pequeñitas, pero con buenas ideas y muchas ganas de publicar buenos libros. Y los saraos literarios muchas veces coinciden y se solapan en nuestra ciudad, porque no todo ocurre en las grandes ciudades, aquí también tenemos muchas presentaciones, charlas, conferencias y etc.
Y las relaciones y amistades que establecemos en esta creciente e imparable blogosfera o blogocosa aragonesa, saltan de la intagibilidad de los unos y ceros y nos apetece conocernos, charlar en persona, tomarnos una cerveza. Así, hay blogguellones, reuniones de bloggers; también hay estupendas Tardes de Blogs en la librería El Pequeño Teatro de los Libros e incluso, en las presentaciones de libros, buscamos esa cara que sólo conocemos por fotografía para darnos a conocer en persona, saludarnos fuera de los mails y blogs.
Pues eso. Será por el agua del río Ebro o por la suave brisa del cierzo, pero nuestra tierra da buenos frutos.
El otro día en clase, un profesor nos preguntaba por qué en las noticias había media hora de fútbol.
Yo recuerdo ahora algo que publiqué en el blog hace un par de años:

País,
de Joan Brossa (1986).
Poesía visual objetual.
Y algo que leí hace unos pocos días:
Si es la verdad, cuando te has currado la Tercera Regional y los putos campos de fútbol de toda España, después de conocer a la gente de verdad que hay ahí fuera, te juro que me ponen a Lorca o a Bécquer delante o a Machado, yo qué sé qué les diría. Imagínate que salieran a recitar sus obras maestras en mitad de un campo de fútbol, ¿cuánto tardaría la gente en saltar a pisotearles las vísceras? No, hombre, no, la poesía es una mentira que nos hemos inventado para hacernos creer que a ratos podemos ser tiernos y civilizados.
Saber perder, de David Trueba
Y poco más se puede decir. O nada.
En la última gala de los Goya, sólo había visto uno de los cortometrajes de animación que optaban al premio. Era Alma, que me encantó y me sigue encantando. Aquí lo tenéis:
Pero el corto que se llevó el premio fue La dama y la muerte. Me picó la curiosidad y además, un corto que esté nominado a los Oscar hay que verlo, así que, aquí lo tenéis:
Me sigue gustando más Alma, pero el detalle de la Muerte cerrando con llave la góndola para que no se la roben no tiene precio. ¿Y a vosotros, cuál os gusta más?
Por cierto, he de decir que tengo dos momentos de la gala de los Goya rivalizando por ser mi favorito: el discurso de Álex de la Iglesia y la muerte-no-muerte final de Buenafuente. Porque el mejor final para un personaje es la muerte o quizás es el único final. Y por fin un discurso sin palabras vacías, con algo de sustancia y de sentido, aprovechando el micrófono que tenía delante.
La semana pasada me divertí mucho respondiendo a una entrevista para El Maquinista de la General. He aquí algunas de las preguntas y respuestas. Podéis leer la entrevista completa en este enlace.
[...]
7. ¿Twitter sí o no? ¿Por qué?No tengo Twitter, así que quizás debería decir que Twitter no. Pero tampoco es así. Me gustan los blogs, me gusta leer. Cuando me hice cuenta en Facebook, pensé: -¿dónde está aquí la palabra? Muchas fotos, muchas aplicaciones, juegos, toques, etc., pero para hablar con los amigos, sólo el chat o el muro. Y mensajes pequeñitos. No sé, Twitter me parece una herramienta más, por qué sí o por qué no depende del uso, como siempre.
El otro día de tapas con los amigos hablábamos de la influencia de internet y los blogs en nuestra manera de escribir. Yo les decía que lo había notado en los exámenes, que ya no escribía tanto o no metía tanta paja, que iba a las ideas concretas, que no divagaba ni me iba por las nubes. Algunos profes lo agradecerán; con otros, los que parece que corrigen a peso, quizás esto me perjudica. Acabamos con un intento de resumir un siglo de literatura en 140 caracteres. Imposible. Menos mal. Así que yo, por ahora, Twitter no.
13. ¿Qué software le pondrías a un portero automático?
Reconocimiento facial y cargarlo con la lista de persona(je)s no admitidas en mi refugio. Bueno, si traen libros, chocolate o café serán bien recibidos. Y quizás una respuesta de audio automática para cuando no quiera abrirles: “estoy tirada en el sofá, leyendo café en mano, así que paso de levantarme y abrirte la puerta; vuelve otro día, gracias”.
14. ¿Facebook y las redes sociales son útiles o una pérdida de tiempo?
Casi es más fácil un examen de la Universidad que esta entrevista, jajaja! Mi opinión es que no debemos perder de vista que las redes sociales son una herramienta más, un sistema de comunicación. Y es un sistema de comunicación abierto, eso quizás es algo peligroso, porque estamos volcando en una herramienta de unos y ceros toda nuestra información personal, amigos, fotos, las relaciones que mantenemos con los amigos, la información que nos mandamos por los privados…
Las redes sociales son muy útiles si las sabes utilizar bien, porque todo es útil o no dependiendo del uso: el móvil, los libros, la información, un cuchillo. Todo depende de cómo nos acerquemos a esa herramienta. Yo admito que uso mucho Facebook y Tuenti, y que sin ambos no sé si hablaría tan a menudo con mis amigos de fuera de Zaragoza y fuera de España. O incluso de aquí de Zaragoza, cuando no podemos quedar y tomarnos una cerveza por la noche.
Porque la idea de hablar con los amigos en las redes sociales es para concretar la hora y día para quedar, claro. Y luego, el café o la cerveza, que sea real, que no sea vía wifi, intangible. Sí, me hace gracia la aplicación del Facebook de regalar una cerveza a los amigos, pero prefiero quedar y que nos echen del bar por estar hablando hasta las mil.
15. Haz una ‘profecía geek’ para el año que viene.
Lope y Cervantes tendrán facebook y los estudiantes podrán entender la antipatía que se tenían leyendo los comentarios obscenos que se escriban en sus muros. O igual no se admitirían como amigos, no sé. Los modernistas españoles serán fans de Rubén Darío en facebook o Larra tendrá un blog de crítica literaria y teatral en http://figaro.wordpress.com
Iba a hablar del e-book, pero ayer me fui a la librería y me gasté una cifra demasiado elevada en libros, tanto de lectura obligatoria para la Uni como de lectura de placer. Así que supongo que sí, que en ciertos aspectos el e-book será un gran avance y una buena herramienta, pero donde esté mi libro de papel…
[...]

[Imagen: from orange to juice.]
Hoy cambio café por zumo de naranja y me meto a la cama en horas diurnas, rodeada de botellas de dos litros de agua, naranjas exprimidas, ibuprofenos, el móvil en la mesilla para quejarme a la gente sin moverme y pocas ganas de nada.
Intento aprovechar el tiempo y leer, pero es que he abierto el libro de Rubén Darío y, será por las drogas legales que llevo en el cuerpo, por mi sueño, por las nulas ganas de pensar o porque es un grandísimo poeta, que con una de sus poesías, ya ha sido suficiente por hoy.
Lo fatal
Dichoso es el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y porlo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos…!Rubén Darío
Ay, y es que ya lo decía el poeta, fatal, fatal, aunque él se refería a ser y no saber nada, no al resfriado que llevo >.<