Marlango – The Long Fall
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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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No hay palabras para definir la Semana Negra de Gijón; no hay palabras porque hay que vivirla, es una experiencia indescriptible. Ya he hablado un poco de ella, ya he comentado cómo conviven en paz y armonía libros y churros, norias y charlas, autores y artesanos, prensa y vendedores ambulantes, todos en un mismo espacio, cercano a la playa, entre las carpas blancas y las barras con grifo de cerveza.

La Semana Negra es la única semana de diez días que reúne a tal cantidad de escritores de casi todo género de novelas que sólo es comparable a la calidad de los mismos. Autores tanto nacionales como extranjeros que se dan cita una vez al año en el norte de España, para disfrutar de las mesas redondas, conferencias, gastronomía, sobremesas de las cenas y copas nocturnas.

Este año era mi primera Semana Negra pero os aseguro que no será la última. He vivido momentos irrepetibles, como ver la final del Mundial con escritores y amigos, poco después de haber disfrutado de una mesa redonda sobre segundas sagas en literatura fantástica. Pasear por la calle y reconocer a escritores a los que soñabas conocer, a los que admirabas en las fotos de las solapas de sus libros. Irte a comer con el grupo de gente con el que te juntas todos los días y darte cuenta de que estás comiendo al lado de Susana Vallejo y Elia Barceló. Acudir zombie, con ojeras y gafas de sol a una charla sobre zombies y ver que están todos allí, la carpa casi llena, escuchando a Sergi Viciana, después de un sábado de juerga nocturna.

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Hay poco tiempo fuera de la Semana Negra, parece que esa programación intensa e interesante lo absorbe todo, pero da tiempo a hacer turismo por Gijón, beber sidra en la cuesta del Cholo, visitar la Laboral, darte un baño fresquito en la playa, llenarte de arena, escuchar música en directo. Fuera de la literatura, puedes cantar, o más bien desafinar, en el famoso karaoke nocturno en el sótano del Don Manuel, y ver a algunos de los escritores a los que tú admirabas desafinar más que tú. Disfrutar con una representación de una obra de teatro por el grupo improvisado de actores-escritores en una improvisada sala de teatro en el sótano del hotel. Quedarte sin voz el tercer día, beber más cerveza que agua esa semana. Las sobremesas de las comidas o cenas, que son casi más interesantes que las charlas. Pasar cinco o seis horas en un vagón del tren, con las mismas personas, y no aburrirte, porque no dejábamos de hablar ni un momento, ni siquiera a la hora de comer en Mieres. Alucinar con la capacidad de organización y coordinación de Marina, Marisa, Paloma, Paco y los demás organizadores de la Semana Negra, que hacen maravillas, casi magia, estos diez intensos y locos días.

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Y pensar, el último día de la Semana Negra, que ya queda un día menos para la Semana Negra del año siguiente. Porque ahora entiendo a la gente que había ido otros años y repite el viaje verano tras verano. Se podría decir que existen las personas que han vivido la Semana Negra y las personas que no. Os recomiendo estar entre los del primer grupo, es mucho más interesante y divertido. Cuesta encontrar palabras para definir a la Semana Negra, pero no os aseguro que si os animáis a ir un año, entenderéis esta entrada del blog, casi una declaración de amor a esa locura de semana que dura diez días en la que, como dicen, no es pecado leer con la mano derecha y comer un churro con la izquierda.

Y si queréis saber más de cómo viví o a qué charlas fui en esta Semana Negra, haced clic en:

  • Álbum de fotos de la Semana Negra en Facebook
  • El tiempo en la Semana Negra es relativo…
  • El auge de la literatura zombie, causas y expectativas, por Sergi Viciana
  • Presentación de Porta Coeli IV de Susana Vallejo
  • Entras por primera vez en el recinto de la Semana Negra y lo primero que piensas es…
  • … porque los actos están muy bien organizados y son puntuales. Rara vez coinciden dos actos interesantes, como las presentaciones de Fernando Marías y Elia Barceló ayer por la tarde. El recinto de la Semana Negra es ordenado dentro de su caos y los móviles de los responsables de prensa y organización siempre están conectados. ¿Cuál es entonces el problema de que no me dé apenas tiempo a escribir nada en el blog? Lo que no es literatura, oseasé, las juergas, fiestas, cenas, ferias, noria, turismo por Gijón, los amigos, los conciertos, etc.

    Porque la Semana Negra no es sólo literatura. Ni de lejos. La Semana Negra es poder irte de sidras con los demás periodistas; que los escritores bajen de detrás de la mesa e irte a cenar con ellos; las conversaciones en la sobremesa de la cena que son casi más interesantes que la tertulia de esa misma tarde; las cervezas nocturnas, los conciertos, los bares descubiertos, la celebración del Mundial, los amigos que ya conocías y los que acabas de hacer; y podría seguir sin problemas.

    Es normal que por las mañanas, en la Semana Negra, aparezcamos todos con cansancio acumulado, con las gafas de sol, sin chaqueta por el día y con pantalón largo por la tarde. Seguirle el ritmo a esta semana de diez días es complicado y requiere esfuerzo y entrenamiento. Por eso, yo ya quiero apuntarme a la lista de participantes en la Semana Negra del año que viene.
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    Es casi mediodía del domingo en la Semana Negra y unos cuantos zombies que hemos sobrevivido a la espicha de la noche anterior (con sus sidras, disfraces, conversaciones bilingües y copas posteriores) acudimos todo lo puntuales que podemos a la interesante conferencia de Sergi Viciana titulada El auge de la literatura zombie, causas y expectativas, dentro de las actividades programadas en la Asturcón/Semana Negra.
    Y éramos muchos zombies son ojeras, gafas de sol, cansancio y madrugón los que nos habíamos levantado para escuchar lo que nos quisiera contar Sergi Viciana. Por eso, hay que resaltar que la carpa estaba llena un domingo de la Semana Negra. Y que no ha hecho falta hipnotizar a la gente con el powerpoint, porque en la conferencia se ha acercado a temas que daban mucho juego.

    ¿Cuáles son las causas de esta eclosión de los zombies en la literatura? Podría ser que son unos seres sin moral, sin pensamiento, y por ello el escritor puede usarlos como metáfora para algunos otros elementos de la novela. Además, al hablar de los vampiros y los zombies, del auge de estos dos seres en la mesa de novedades de las librerías, debemos tener en cuenta que el vampiro ya no está dentro de la literatura de terror; no son seres terroríficos los vampiros de Meyer, pero ya no lo eran los de Anne Rice. El vampiro es un monstruo moderno con el que el lector se podía identificar, como con cualquier otro personaje, pues tiene pensamiento, intención, etc. Lo contrario sucede con el zombie: es un monstruo de la posmodernidad y no tiene ninguna moral, ningún problema, ninguna intención ni el lector puede identificarse con él. Más bien, el lector suele identificarse con los supervivientes que huyen de los zombies.

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    Poco a poco, los zombies han ido desplazando a los vampiros como el ser de terror de la literatura, alejando al vampiro de ese campo. También los han desplazado de las ventas y las mesas de novedades. Se han puesto ejemplos de novelas, películas y cómics sobre zombies, tanto buenos como malos; se publica tanta literatura zombie, se han subido al carro tantas editoriales, que hay demasiada paja, muchos malos zombies, pero también buenas obras que están siendo traducidas a nuestro idioma. ¿Qué va a pasar con los zombies en los próximos años? A corto plazo, seguiremos teniendo zombies en los libros y las pelis; a largo plazo, la superproducción y explotación de este monstruo acabará por saturar el mercado o llenarlo de malas obras, y tendremos que esperar a entonces para ver qué hay de nuevo en las mesas de novedades de las librerías.

    La conferencia ha tratado más temas, como la diferente moral del vampiro y del zombie, los unos por encima de la moral y los segundos sin ella; el diferente momento en el que se sitúan, los primeros en la modernidad y los otros en la posmodernidad y en la ronda de preguntas se han planteado cuestiones interesantes y curiosas cómo a partir de qué número son los zombies peligrosos, pues siempre van en grupo.

    Si me da tiempo, otro día os cuento más cosas sobre zombies, porque estos días hemos estado comiendo y yéndonos de cervezas nocturnas con David Wellington, el autor de Zombie Island entre otros libros del género. Ahora me voy corriendo a la charla Las sagas que siguen con José Antonio Cotrina, Susana Vallejo y Claudio Cerdán, presentada por Cristina Macía. Han adelantado la charla para poder ver luego la final del partido del Mundial España-Holanda en una de las carpas de la Semana Negra, en la que han instalado una gran pantalla y donde sufriremos y apoyaremos a Casillas y a la Selección.

    Mañana, lunes, más y mejor, que la Semana Negra continúa…

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    Ya más cerca de la hora de comer que del mediodía y con algún problema de sonido, esta mañana se ha presentado la última entrega de la tetralogía Porta Coeli de la escritora Susana Vallejo. Dentro del marco de la Semana Negra y la AsturCon, en la carpa A quemarropa-movistar, Elia Barceló ha presentado La llave del secreto, el libro con el que Susana Vallejo cierra su tetralogía Porta Coeli.
    Elia nos ha contado que conoció a Susana hace ya unos cuantos años, en una HispaCon, y se mandaron cartas durante un tiempo. Ya en esas cartas, Elia veía que Susana sería una buena narradora. Y no ha fallado su intuición.

    La presentación ha sido un diálogo entre Elia y Susana, entre Susana y sus lectores, analizando y comentando alguno de los aspectos de la tetralogía, como los diferentes personajes que protagonizan cada uno de los libros o los momentos históricos descritos en cada volumen.

    Pero lo más divertido, interesante y fascinante de la Semana Negra no son las presentaciones, mesas redondas o conferencias, con los escritores tras la mesa y los lectores sentados entre el público. Lo verdaderamente divertido de esta semana que dura diez días es que luego tienes la posibilidad de acercarte a los autores, hablar con ellos, irte de cervezas o sidras e incluso acabar comiendo a su lado. Ese es el truco de la Semana Negra, ese es el espíritu, el ambiente de esta gran fiesta literaria. Ese es el ingrediente secreto para lograr este ambiente distendido, cercano, divertido. Ese es el vicio que hace repetir a los asistentes año tras año y que ahora entiendo y comparto.

    Eso, y la espicha o fiesta de disfraces a la que iremos esta noche, con el tema de los videojuegos. Os dejo, que quiero ir a la presentación del premio Minotauro de Víctor Conde, a la presentación de la nueva novela de Steve Redwood y luego tengo que improvisar un disfraz para irme a cenar y echarnos unas sidras y risas.

    Otro día os cuento las ideas interesantes que se han planteado en la primera charla de hoy, El declive de la cienciaficción y el auge de la fantasía, con cuatro oradores de lujo: Juan Miguel Aguilera, Elia Barceló, Susana Vallejo y Sergi Viciana.

    que es el único lugar del mundo donde las atracciones de feria y los libros casan bien, donde no importa que haya puestos de manzanas de caramelo y libros de segunda mano al lado, donde en una carpa tienes música en directo y en la siguiente una exposición de las mejores fotografías, donde estás al lado del mar pero tienes que llevar la chaqueta por la noche.

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    El viaje en el Tren Negro, desde Madrid a Gijón, es largo, pero entretenido. Ya el tren es toda una experiencia, es la primera experiencia de la Semana Negra, los primeros amigos, las primeras tertulias. No sé como serán las tertulias en la carpa del encuentro de la Semana Negra, iré dentro de un rato a la primera, programada con ojo a mediodía para darnos tiempo a dormir y reposar las sidras de ayer. En el Tren Negro discutimos de Star Wars y Avatar, de las traducciones de libros, de la hibridación de géneros, contaron experiencias del año pasado, nos informaron a los nuevos de esta aparente -lo comprobaremos estos días- locura de la Semana Negra, ensayamos para el karaoke, hicimos las primeras ruedas de prensa en el vagón de la cafetería, le pusimos rostro y voz a algunos de los escritores que queríamos conocer y comenzamos ya a pedir firmas en los libros. Y eso fue sólo en el tren.

    Ayer por la tarde, cuando el tren llegó a Gijón, tuvimos unos vinos y tapas oficiales, aplaudimos los discursos de rigor, escuchamos estupenda música en directo y nos dimos el primer paseo por la feria. Hoy toca ya la literatura, dentro de un rato comienza de verdad la Semana Negra. Yo suelo fiarme de mis amigos, suelo creerme lo que me cuentan. El año pasado, un par de amigos volvieron encantados de estos diez días en Gijón y fue en una noche fría en Huesca, en la Hispacón del año pasado, cuando me convencieron para venir. Me voy a dejar engañar más a menudo. Porque la Semana Negra, la única semana con diez días, tiene muy buena pinta. Y si me seguís leyendo, esta vez seré yo la que os intentará convencer a vosotros para que os animéis a venir a este lugar de playa en el que, en pleno julio, tienes que llevar una chaqueta en el bolso, al lado de los libros firmados por sus autores.

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    Me voy al norte, al lugar donde libros y gastronomía, novela negra y zombies, terror e investigaciones, conciertos y mesas redondas, presentaciones y recitales se dan la mano. Me voy a mi primera Semana Negra de Gijón.

    Haré antes una parada técnica en Madrid para ver la exposición de Turner con Ireth, irme de cena con mis compañeros de la revista El Templo de las Mil Puertas y darme una vuelta por Fuencarral.

    Después, subiré al Tren Negro y a partir de este fin de semana podréis leer aquí en mi blog cómo me va con mis andanzas por Gijón, los intentos de entrevistar o conseguir firma de determinados autores, las mesas redondas, las sobremesas de las comidas, esos famosos karaokes nocturnos, las nuevas amistades y la sidra a la orilla del mar.

    Hace un par de años, Luis García Montero y Joaquín Sabina leyeron en la Semana Negra de Gijón un discurso al alimón dedicado a José Emilio Pacheco, como en su día lo hicieron Lorca y Neruda a Rubén Darío.

    Este año voy a la Semana Negra de Gijón. Qué ganas. Años y años leyendo las crónicas oficiales, cotilleándola en los blogs y webs, escuchando a amigos hablar de ella y por fin la voy a vivir in situ. Si queréis encontrarme, allí estaré esos días, entre libros, presentaciones, mesas redondas, firmas, charlas y algo de amigos, playa, noche, tapas, sidra y juerga con escritores.