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Hoy, hace justo un año, empezaba mi aventura erasmus. Hace un año, cogía un avión para irme a vivir un año al extranjero, a Inglaterra.
Sweet disposition
Never too soon
Oh reckless abandon,
Like no one’s watching youA moment, a love
A dream, a laugh
A kiss, a cry
Our rights, our wrongs
A moment, a love
A dream, a laugh
A moment, a love
A dream, a laughJust stay there
Cause I’ll be comin’ over
While our bloods still young
It’s so young, it runs
Won’t stop til it’s over
Won’t stop to you surrender[...]
Y ahora, echo mucho de menos decir awkward, how cool is that, to be honest, random, wtf, bbl, lmao, houseparty, landlord, landlady, flatmate, awesome, pint, have some drinks, hangover, miles, sevenish, the elephant in the room, raining cats and dogs, goosebumps, freaking out, tvserie marathon, call it a night, cake, cookies, frappé, tea, muffins, cupcakes, carrot cake, cheese cake, fish&chips, flatdinner, roommate, go to the movies, laptop, skype meeting, humor me, tea is a hug in a cup, roll her eyes, go mental, duvet, shipper, cliffhanger, annoying, bribe me, spoil me, challenge, crush, asshole, fancy some drinks, cab, handle it, are you serious, wall of stuff, be mad, go nuts, baby steps, Best. Whatever. Ever., the pot calling the kettle back, serious as a heart attack, crackers, day trip, white lies, legen -wait for it- dary, text me, mind the gap, look right/left, ticket, y más que ahora mismo se me habrán olvidado.
Hoy hace un año de todo eso. Y la de consejos que le podría dar laqueaquíescribe hoy a laqueescribía esto hace un año…
(…)
Oh the light is fading all the time
And this life I’m in, it seemed to pass me by
But I still remember which way to go
I’m on the road, the road to homeNow I must say goodbye
Keep telling myself now don’t you cry
But I’m here where I belong
I’ll see you soon, it won’t be long
I’ll see you soon, it won’t be long
Voy a pagar sobrepeso en la maleta seguro, pero no me importa. No me quiero dejar nada aquí. Bueno, algo me dejaré, que dicen que si te olvidas algo, volverás a ese sitio. Pero me llevo la mayoría dentro de mi maleta y casi no cabe. No hay manera, me voy a tener que sentar encima de la maleta para cerrarla, pero no quiero olvidar nada.
Los nervios y las indecisiones están al fondo de la maleta, allí los desterré tras acompañarme los primeros días de octubre. Pronto las nuevas amistades fueron haciéndoles sombra y ocupando su espacio. Con los meses, sacaba camisetas de manga larga, bufandas y abrigo y metía viajes, experiencias, películas y libros en versión original, fiestas, viajes en tren y noches en club. Quizás algún kilo de más es debido a las conversaciones, en varios idiomas, acompañadas de cupcakes, cookies, cheesecakes, lattes, tea, carrots cakes o muffins. Sí, será el aprender varias palabras en diferentes idiomas lo que pesa en la maleta.
En el centro de la maleta está la vida en Birmingham, esa extraña e innexistente rutina erasmus. A su alrededor, crecen las fotos y los recuerdos de Londres, Liverpool, Manchester, Warwick, Stratford, Bath, Nottingham, Lincoln, etcétera y ya en la periferia, casi rodando con las esquinas de la maleta, están los viajes a República Checa, Escocia, Gales, Francia o Polonia entre otros.
Las risas son demasiadas y se escapan por los huecos de la cremallera, incapaces de guardar silencio u orden por unos instantes; los sentimientos alterados y desordenados, que no se quedan quietos dentro del vestido vintage inglés en el que los he plegado. Hay millones de fotografías y casi medio centenar de postales entre las que he comprado yo y las que me han mandado los amigos para adornar mi habitación erasmus en este año de exilio inglés. Pero son más las fotografías mentales, los instantes que se han quedado en la memoria: pasear por Londres, el sol en Bath, la música en directo de Liverpool, la tumba de Shakespeare en Stratford, el césped de la Universidad, con frappés y cheesecakes en Birmingham, las housepartys en Selly Oak, roadtrips conduciendo por la izquierda en el bosque de Sherwood, tumbarse en los jardines de la abadía de Lord Byron, visitas frikis en Londres a Abbey Road, Baker Street o andén 9 3/4, jugar al tetris con la maleta para salir varias veces de esta isla, el frío de las HighLands en pleno verano, el atardecer desde Canton Hill en Edimburgo, el sonido del mar en la bahía de Cardiff…
Estoy sentada en el suelo de mi habitación, con la ventana abierta -hace sol-, las paredes vacías, ya sin fotografías, posters o post-its, escuchando a Amy McDonald cantar The road to home y mirando la maleta que voy a tener que cerrar en breves. Definitivamente, llevo demasiado equipaje para volver a la ciudad del cierzo. Ha sido un año erasmus muy intenso…
Inglaterra es un lugar especialmente poblado de lugares interesantes para los mitómanos. O será que nosotros los vamos buscando todos. Sea lo que sea, ya era hora de que hablara un poco de Tolkien y de Birmingham. O mejor, lo podéis leer en estos artículos:

[Imagen: Laqueaquíescribe en Waterworks street, con las dos torres de Tolkien en ambos extremos de la foto.]
Ahora que ya sabéis que Tolkien pasó parte de su infancia y su juventud en las tierras de mi erasmus, podréis imaginar que nos hemos ido a visitar alguno de estos lugares, para ver dónde vivió y qué pudo influir al escritor en sus primeros años. En Edgbaston, cerca de Birmingham, se encuentran las que dicen que son la influencia para las dos torres de El Señor de los Anillos. Éste es un estupendo artículo muy interesante al respecto.
It has been suggested that the towers of Perrott’s Folly and Edgbaston Waterworks may have influenced references to towers in the writings of J. R. R. Tolkien, who lived nearby as a child. (…) In Peter Jackson’s adaptation, the two towers refer to Saruman’s Orthanc and Sauron’s tower of Barad-dur.
Otro día os cuento que este finde estuvimos en el bosque de Sherwood, que vimos a Robin Hood -bueno, su estatua- y que casi nos perdemos en los jardines de New Stead Abbey, la abadía en la que vivió Lord Byron una temporada. Mitomanías varias.
En este año viviendo en tierras inglesas, la mitomanía que ya tenía por Harry Potter ha crecido bastante. Por ejemplo: cada vez que bajaba a Londres, visitaba el andén 9 y 3/4 en Kings Cross.

La semana pasada estuve en Escocia, de viaje para celebrar el final de los exámenes con los amigos. En Edimburgo, ciudad a la que cada vez que vuelvo me gusta cada vez más, desayuné en The Elephant House, cafetería en la que J. K. Rowling escribió el primer libro de Harry Potter. Desde que Harry Potter se convirtió en un best seller, es uno de los lugares más populares de la ciudad.
Si te sientas en las mesas del fondo de la cafetería, al lado de la ventana, puedes ver el castillo de Edimburgo en lo alto de la colina, y justo debajo de la ventana, el cementerio Greyfriars. En él se encuentra la tumba de Tom Riddle, es decir, Voldemort, digo, el-que-no-debe-ser-nombrado, y otra lápida con el apellido McGonagall. Y justo detrás del cementario, la Heritage George School, colegio privado en el que dicen que la escritora se inspiró para crear Hogwarts. Ah, y si tienes que ir al servicio, en él que encontrarás que, en las paredes, los fans de la saga han copiado frases de los libros y han escrito dedicatorias para la escritora.

En nuestro viaje por las HighLands, después de pasar por el Lago Ness y no ver a Nessie, estuvimos en las montañas de Glen Coe. Allí cerca, se grabaron las escenas de la cabaña de Hagrid y del partido de Quidditch. Además, pasamos por Fort William, sin llegar a ver el puente que Harry y Ron sobrevuelan cuando le roban el coche a Weasley padre.
Tomando un té en The Elephant House y disfrutando del brownie de chocolate y de la carrot cake, me di cuenta de que dentro de un mes la última película de Harry Potter llegará a la gran pantalla, y se terminará una de las sagas que ha marcado la lectura de nuestra adolescencia. Estábamos acostumbrados a esperar a que sacara nuevo libro, esperar la traducción, cuando supimos algo más de inglés, seguíamos las aventuras a ritmo inglés y luego llegaron las películas, la adaptación al cine, y de nuevo a esperar entrega tras entrega. ¿Qué haremos después del quince de julio, cuando no haya nada más que esperar?
Yo llevo años still waiting for the letter from Hogwarts.

[Fotografía: de izquierda a derecha: La iglesia en la Ruta Real donde está enterrado el corazón de Chopin, el Castillo/Palacio real de la capital y el Palacio de la Cultura iluminado de noche.]
Porque, aunque importe qué tomes y dónde, importa más con quién; de ahí el título de la entrada, aunque lo lógico dada la fotografía superior sería algo como “la arquitectura de Varsovia”, supongo, que tampoco estaría mal. Una entrada de agradecimiento a la anfitriona que me acogió una semana en Varsovia, por enseñarme una ciudad que me gustó mucho más de lo que me esperaba.
Por los desayunos con buena música de fondo y los festivales de música indie en verano; por los museos bizarros y escondidos con mejores obras que el Museo Nacional; por ese futuro baile de época en alguna sala del palacio, ya sabes; por las tiendas de segunda mano y el barrio de Praga donde se ve a la auténtica Varsovia; por las señoras que… en Varsovia y explicar la vida a través de los grupos de facebook; por los cafés y las tartas, pero más y sobre todo por la conversación que acompaña a ellas; por las cervezas con miel y los bares escondidos y su decoración vintage; por los vals de Chopin y las fotografías nocturnas al Palacio de la Cultura; por eso de “esto puede ser el comienzo de una gran amistad”.

[Imagen: Un arcoiris en la pista del aeropuerto la semana pasada]
En un par de días, hago una escapada a Polonia. En Varsovia me acogerá Mila, que me enseñará su ciudad erasmus durante unos días. Sí, seguimos con aquello de que los erasmus somos unos Wily Fog modernos. Y lo que nos gusta, oye.
Me voy a Polonia, tierra de Copérnico, Marie Curie, Joseph Conrad, Wislawa Szymborska y Chopin. Este año me he dado cuenta de que, cuando preparo un viaje, busco qué escritores o artistas han nacido en esa ciudad o país. Tengo amigos que buscan qué cervezas se elaboran allí para probarlas o conciertos de música que no conocemos los demás. Cada cual a lo suyo, claro. Cuando fui a Praga, releí a Kafka; Cardiff y Roald Dahl; antes de ir a Lyon, no me hizo falta leer de nuevo a Saint Exupery porque me sé párrafos de El Principito de memoria. Ahora me voy a la tierra de Joseph Conrad, con quien no tengo buena relación desde que leí El corazón de las tinieblas. Pero leer poemas de Wislawa Szymborska me ha reconciliado bastante.
Posibilidades
Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.Wislawa Szymborska
De “Gente en el puente” 1986
Versión de Gerardo Beltrán

[Imagen: Laqueaquíescribe mirando una de las pinturas murales de Lyon.]
No me hizo falta releer El Principito antes de irme a Lyon. Pero me hizo especial ilusión descubrir que Antoine de Saint-Exupéry era de la ciudad en la que iba a pasar unos cuantos días visitando a una amiga erasmus. Pensé en Exupéry y en el diálogo del zorro y el Principito sobre la amistad. Sonreí, porque a Lyon y a Dijon me iba a ver a amigos; esos que, quizás por estar tantas horas estos últimos años sentados en clase, o picándonoslas para tomarnos cafés en los bares cerca de la universidad, nos habíamos ido domesticando mutua y lentamente, casi sin darnos cuenta. Así se hacen los amigos, porque no los puedes comprar en las tiendas como bien dice el zorro.
Y así recorrimos las riberas del Ródano y Saona en bicicleta, subimos en funicular un día de sol y nos sentamos en el teatro romano, tomamos té hablando en inglés, francés y español en el Vieux Lyon, disfruté de la patisserie francesa, casi pierdo el tren por confusión hora inglesa/francesa, aunque tardé más de lo que esperaba en llegar a Dijon. Allí busqué una lechuza, un gato y un gallo y estuvimos en una barbacoa en el campus de la universidad mientras llovía un viernes. Volví a Lyon para imitar la canción de Mecano el sábado noche y me despedí de mis amigos, hasta verano, hasta que todos termináramos el erasmus y nos juntáramos de nuevo en la ciudad del cierzo.
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ”
-¿Crear lazos?
[...]
-Por favor… domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!El Principito
Antoine de Saint-Exupéry
Ayer hablando con Leara, me di cuenta de que tenía razón cuando escribió en su facebook y twitter que un año erasmus es un poco como la vuelta al mundo en ochenta días de Willy Fog. Quizás no tanto, pero sí una vuelta a casi toda Europa en apenas ocho meses. ¡Qué divertido, intenso y agotador es el erasmus!
La semana pasada estuve casi más horas en el tren que en la Universidad, pero mereció la pena para visitar Londres, Cambridge y Cardiff con unas amigas que habían venido a verme. Mañana a estas horas estaré saliendo por Lyon y pasaré el fin de semana en Dijon. Me voy a visitar a unos cuantos amigos protofilólogos que están por Francia este año erasmus. Mochila, billetes, Francia. Caos de organización en mi habitación. La semana que viene a España, visita rápida en Madrid y Zaragoza. En apenas un mes, a Polonia, a descubrir Varsovia con Mila.

[Imagen: Interior de la librería Waterstones en el centro de Birmingham]
Hoy he madrugado un poco y he acudido al Erasmus Focus Group que organizaba la Universidad de Birmingham. Nos habían convocado a unos cuantos erasmus para que comentáramos nuestras impresiones del erasmus, de la estancia en la Universidad, de cómo mejorar nuestra adaptación académica aquí, etcétera. Pedían voluntarios erasmus que fueran durante una hora a una de las salas de la Universidad a responder preguntas de las coordinadoras erasmus. Había café, té y galletas, eso no puede faltar nunca en Inglaterra. Nos hemos sentado en los sillones, en círculo, apenas quince erasmus de diferentes carreras, y hemos comentado las diferencias entre el sistema educativo de nuestro país de origen e Inglaterra, las facilidades como ordenadores y biblioteca que tenemos aquí y si nos sentimos cómodos y contentos como para recomendar esta ciudad como un destino erasmus.
Es curioso, hemos compartido la mayoría de las impresiones. Un chico italiano comentaba que estaba contentísimo con que los profesores respondieran el mismo día a los mails y que estuvieran en su despacho cuando habías quedado con ellos para una tutoría. La chica francesa de Derecho estaba encantada con el funcionamiento de la biblioteca, de los ordenadores y la facilidad para conseguir internet o una impresora. El chico alemán se sorprendía de las pocas clases presenciales que tenemos aquí y de la cantidad de material de lectura y ampliación que los profesores ponen a disposición de los alumnos en la plataforma virtual.
Una hora con erasmus, comentando cómo son las universidades en nuestro país, cómo mejoraríamos la información que se nos da aquí la primera semana de septiembre o qué consejos daríamos a los alumnos erasmus del año que viene. Café, té, galletas, sonrisas y feedback por parte de la Universidad, interesada en conocer nuestras opiniones y experiencias. Y al finalizar, nos han “compensado el tiempo dedicado” con un vale de diez libras en la librería Waterstones. Yo, así, contaría todos los días maravillas del erasmus. Y no, no nos ha sobornado, es que esta experiencia es irrepetible, increíble e inigualable.
Ahora me voy a terminar la mochila, meteré Smoke and Mirrors, relatos cortos de Neil Gaiman, en el bolso y comprobaré por undécima vez que tengo los billetes de avión y el pasaporte. Au revoir, Angleterre! Bonjour, France!

[Foto: Laqueaquíescribe en la bahía de Cardiff.]
Ayer estuve en Cardiff, tierra natal de Roald Dahl.
Hacía sol, un sol precioso, cálido, sin una sola nube en el cielo.
Pudimos pasear por la bahía de Cardiff, tumbarnos en el césped, disfrutar de los pocos rayos de sol que vemos en Inglaterra. Asomarnos a un final del mundo, mar y cielo azul juntos en el horizonte, en el extremo de la bahía.
Inesperado sol, inesperado día, inesperado encuentro con la pequeña y preciosa iglesia noruega en la que Roald Dahl fue bautizado, con vistas al mar, mirador natural al accidente geográfico. Y recuerdo disfrutar con todos los libros de Dahl, con Las brujas, el primero que leí y el que sigue siendo mi favorito, con Matilda, con Charlie y la fábrica de chocolate o el posterior y el ascensor de cristal. Pero aún recuerdo la sorpresa al leer al Dahl adulto, en Relatos de lo inesperado.
[...]
Pero eso no era todo. Había en la estancia, además, una silla, una única silla, y, a menos que se equivocara, todavía de mejor calidad que la mesa. Otra Hepplewhite, ¿verdad? Y ¡oh, qué belleza! Los travesanos del respaldo tenían finamente tallado un dibujo de madreselvas, vainas y rosetas; el asiento guardaba su enrejillado original; las patas eran de gracioso torneado, y las dos traseras tenían aquel peculiar ensanchamiento, tan significativo. Era una silla exquisita.
—No concluirá este día —dijo el señor Boggis por lo bajo— sin que haya tenido el placer de sentarme en ese adorable asiento.
Jamás compraba una silla sin someterla a su prueba favorita, y siempre resultaba intrigante verle acomodarse con gran cuidado en el asiento, esperar el movimiento y calibrar con pericia el grado de contracción, infinitesimal pero preciso, que el paso de los años había producido en las juntas de espiga y de cola de milano.
[...]Placer de clérigo, en Relatos de lo inesperado, Roald Dahl

Desde la revista de literatura juvenil El Templo de las Mil Puertas hemos querido premiar las mejores novelas juveniles publicadas en 2010. En nuestro último número dedicamos el reportaje central a estos títulos y el viernes 4 de marzo vamos a celebrar la entrega de los premios en Madrid.
Vendrán representantes de la mayoría de editoriales españolas y algunos autores del panorama juvenil, entre ellos las premiadas Ana Alonso (mejor novela española perteneciente a saga en 2009 por La puerta de Caronte) y Maite Carranza (mejor novela española independiente 2010 por Palabras Envenenadas). Por supuesto, estáis todos invitados y sería un placer contar con vuestra presencia en el acto.¡Nos vemos el viernes 4 de marzo a las 11:00 h. en la Fnac de Callao (C/Preciados, 28)!
Yo no estaré en el evento -mis queridos científicos locos aún no han inventado el teletransporte-, pero os aseguro que va a ser interesante y divertido. Si podéis acercaros, os lo recomiendo. Todos los redactores de El Templo de las Mil Puertas hemos trabajado mucho para organizarlo, esperamos que os guste.

