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[Cada día me gustan más los gifts]
Confesiones
Al principio yo anhelaba ser el príncipe
de la poesía, el rey de las palabras,
un ministro de los poemas con una medalla
sobre mi oscuro pecho, una corona de oro
alumbrando con su dorada luz mi noble cabeza.
Después, bajé mis metas y me propuse ser
un licenciado, un doctor en gramática,
políglota, un James Joyce, usar barba,
un abrigo negro hasta los tobillos, las gafas
circulares, la pipa entre los labios
recitando los versos de Charles Baudelaire.
(Recuerdo que tenía la foto de Vallejo
debajo del cristal de mi mesa de noche
y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos
cruzadas encima de un bastón con el puño
de plata, en forma de león, para creer
un instante que mi nombre era César.
–Incluso estuve preso por parecerme a él.)
Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard:
“para el hombre que aspire a triunfar en la vida
existen dos caminos: ser César o ser Nada”.
Y yo lo repetía con la convicción de que era
(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios.
Sin embargo, las cosas han cambiado y mi punto
de vista se cayó en un abismo. Ya no aspiro
a ser príncipe, ni ministro, ni rey, ni políglota
un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire
porque ambos están muertos, y un hombre,
si está muerto, vale menos que un perro.
Ahora aspiro a las cosas sencillas de la vida.
(Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.)
Miro el agua de un río sin pensar qué es el agua,
me acuesto entre la hierba y disfruto del sol.
Pienso, respiro, siento cómo limpia el oxígeno
mi sangre, mis pulmones, late en mi corazón.
Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:
Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama
para cantar mis versos, también una ventana
para mirar el mundo, aunque no tenga un piso,
ni un palacio, ni un templo. Un marco,
una ventana para asomar mis ojos, humilde,
con asombro, sabiendo que soy polvo,
y, debajo del cielo, un animal o nada.
Confieso que tengo ganas de terminar los exámenes de enero, aunque ya estamos en febrero. Confieso que desde que soy universitaria no hay manera de celebrar mi cumple decentemente. Confieso que no me apetecía escribir sobre ello en el blog. Confieso que ese día me desperté con Amaral y soñé con Londres. Confieso que es un placer cuando los proyectos e ideas salen adelante. Confieso que ahora mismo me gustaría coger guantes, bufanda, gorro y abrigo y bajar a leer al parque, como en el gif superior. Y dejar el reloj en casa. Y no encender el ordenador. Y disfrutar tranquilamente de una tarta de queso y un té inglés. Y del silencio. Y lo de siempre, leer, tener tiempo para leer más, pero sobre todo para leer mejor. Confieso que el poema de Dolar Mor me gusta muchomuchomucho y más.
En el blog de una amiga, Gafapasta y su lomográfica, descubro esta canción. Perfecta para el último día de noviembre. Melancólica, lenta, tranquila. Para hacerte un té y leer un libro. Para abrigarte -guantes, bufanda con dos vueltas, gorro que no se lo lleve el cierzo-, abrigarte bien y pasar el puente de piedra, y que el Pilar vaya saliendo, poco a poco, de entre la niebla que envuelve estos días nuestra querida ciudad del cierzo.
Niebla que me recuerda a Londres. Frío que me recuerda a Birmingham. Noviembre que me recuerda a Inglaterra. Luces de navidad y mercados navideños que me trasladan a mis navidades erasmus el año pasado. Pistas de patinaje en la plaza del Pilar que me llevan de nuevo, cerrando los ojos, a la pista de patinaje sobre hielo frente al Natural History Museum, uno de mis preferidos de Londres. Niebla de Zaragoza que me hace desear ver el Big Ben y el Parlamento al pasar por el puente de piedra, y no la Seo, la Lonja y el Pilar, aunque tampoco están nada mal.
When the Clouds – November Song
Hoy he tenido clase particular, con el chico al que le doy repaso. He llegado a su casa y me he quitado el gorro, la bufanda, los guantes y el abrigo. Y las capas y capas de chaquetas que llevaba. (Sí, me quejo del frío que hace y soy una exagerada, pero me encanta este tiempo. Me encanta el invierno.) Y me dice: – ¿qué arreglada y qué guapa vas hoy, no?
Pues oye, que esos detalles le alegran a una. Aunque sea de un niño que podría ser mi primo pequeño. En fin. Y le cuento, mientras abrimos los libros, mientras repaso en su agenda qué deberes tiene hoy, que esta mañana me he hecho la foto de la orla. La foto oficial para la orla de Filología Hispánica. Voy a acabar la carrera ya. Cinco años volando, cinco años de muchas risas, buenos compañeros y amigos, unos cuantos exámenes, muchos libros y viajes y bastantes cenas y cañas.
J. me pregunta que qué voy a hacer después, si ya tengo trabajo o de qué quiero buscar. Qué quiero ser de mayor. Uf. Le cuento que aún me queda mucho que estudiar todavía. Quiero hacer un posgrado y un máster. No sabe qué son ninguno de esos dos estudios superiores. Cojo su libro de Lengua y lo abro por el índice. Le digo: – Mira. ¿Ves los diferentes apartados? Literatura, gramática, redacción, etcétera. Pues yo estudio Filología Hispánica. Es como si estudiara todo el libro. Y el máster y el posgrado son especializaciones. Como si sólo estudiara literatura medieval, o sintaxis, lo de las oraciones, ya sabes.
Y J. me mira un momento, mira el libro, y me dice, con una sonrisa: – Ah, entonces seguro que haces el máster en tildes. ¡Te gustan tantísimo, no me dejas olvidarme ninguna!
Máster en tildes.
Y en tardes de noviembre en las que cruzas el puente con niebla y te gustaría aparecer en Londres.
Y en libros interesantes acompañados de un té caliente y música tranquila.
Y en chicos de repaso que te dicen qué guapa vas y que ya no se quejan cuando les mandas buscar palabras que no conocen en el María Moliner.
Desde hace unos años (1, 2, 3) despido el año viejo y empiezo el nuevo con un poema: Ítaca, de Kavafis.
Será que estos tres últimos años han sido muy intensos, completos, divertidos, interesantes -y podría seguir con los adjetivos-, cada cual superando al anterior. No espero que el 2011 supere al 2010, con que sea igual, me conformo. Este año que hoy despedimos ha sido tan bueno, en tantos sentidos y de tantas maneras, incluso con los malos momentos que haberlos haylos, que para qué voy a recapitular. Lo cierro con una gran sonrisa, eso es todo.
Leo lo que escribí el año pasado y me sigue pareciendo tan cierto, que lo rescato:
Porque los viajes tienen que ser siempre largos, muy largos. Porque haya muchas ciudades y muchas paradas en nuestro camino. Por las buenas amistades y lo que aprendemos de ellas. También por las malas y lo que también aprendemos de ellas. Por los cantos de sirena en los que caemos y por los que evitamos. Por las tempestades de las que salimos ilesos, o heridos, o naufragámos por completo. Por las experiencias, siempre por ellas. Por los trastos que metemos en nuestra mochila, o de los que nos deshacemos, o los que cambiamos por otros, tanto mejores como peores. Por no perder nunca el pasaporte. O mejor, por no perder nunca nunca nunca nuestras ganas de llegar a Ítaca, sea cual sea.
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.Ítaca, Kavafis
Supongo que todo cambia. Y no tengo un pensadero en el que vaciar y organizar mis recuerdos, no tengo un giratiempo para hacer todo lo que querría, no tengo un vuelapluma que sería útil en la Universidad ni un mapa del merodeador para saber dónde están y qué hacen mis amigos.
Supongo que todo cambia.
Este año, por ejemplo, me gusta la navidad. Mucho.
Y me encanta llevar abrigos, guantes, bufanda, gorro y prepararme un té caliente cuando vuelvo a casa.
No sé cómo he llegado a este artículo, quizás a través de Menéame. La cuestión es que me ha parecido muy interesante, porque ya llevo más de dos semanas en un país extranjero y no hay día en el que no me pregunten por alguno de los tópicos de España. También me quejo yo de los tópicos inglesas, claro, la lluvia, su extraño sentido del humor y el té.
El primer día que entré a la residencia universitaria y conocí a mis compañeras de piso, me preguntaron qué opinaba del bullfighting (toreo) porque a ellas les parecía una barbaridad -también a mí-. Me preguntaron si sabía cocinar tortilla de patata y una de ellas me dijo que conocía muy bien España porque este verano había estado dos meses de vacaciones en Ibiza. Eso es España: la tortilla, el jamón, el toreo, las sevillanas y la fiesta. Joan Brossa tiene una obra estupenda al respecto titulada País.
Por eso me ha llamado tanto la atención este artículo titulado El país sin alma: cómo los nórdicos ven a España. Os copio uno de los puntos, pero leedlo entero, es interesante.
“Sí, España no tiene alma. No es “different”, Madrid me recuerda a muchas otras grandes ciudades. Cuando uno piensa en Grecia la identifica con la Acrópolis, Platón u Homero, si alguien trata de llevar a su mente un pensamiento sobre Italia acuden imágenes de la Roma imperial o el romanticismo de los canales de Venecia….pero si por el contrario se nombra a España lo que se asocia a ella son corridas de toros, flamenco, sangría… pero cuando te trasladas a la península acabas comprobando que casi nadie visita una plaza y mucho menos un tablao por lo que los supuestos valores identitarios y culturales del país en realidad no lo son.
No existen. El alma que te han vendido del país no está”

“Cualquier persona, en mar o en tierra, con un aparato sencillo y barato que cabe en un bolsillo, podría recibir noticias de cualquier parte del mundo o mensajes particulares destinados sólo al portador, la Tierra se asemejaría, pues, a un inconmensurable cerebro, capaz de emitir una respuesta desde cualquier punto”.
Lo más interesante de este planteamiento es que fue hecho por Nikola Tesla, (1856-1943)
[...]
Orwell temía a aquellos que pudieran prohibir los libros, mientras que Huxley temía que no hubiera razón alguna para prohibirlos, debido a que nadie tuviera interés en leerlos. Orwell temía a los que pudieran privarnos de información. Huxley, en cambio, temía a los que llegaran a brindarnos tanta que pudiéramos ser reducidos a la pasividad y al egoísmo. Orwell temía que nos convirtiéramos en una cultura cautiva. Huxley temía que nuestra cultura se convirtiera en algo trivial.
Lectura recomendada para los que no están leyendo esto ahora mismo, claro:
5 debates sobre la red que deberían estar superados por los mass media
Tengo que agradecer a Javier López Clemente, por sus Tardes de Blog, y a la librería El Pequeño Teatro de los Libros, por cedernos el espacio (¡pero qué librería más bonita!), la tarde tan entretenida que pasé el día Tolkien de la semana pasada.
Aquí, la prueba del delito, o lo que es lo mismo, los vídeos de la charla:
Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Cuarta parte
Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.
Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.
Y para qué decir nada más…
El otro día en clase, un profesor nos preguntaba por qué en las noticias había media hora de fútbol.
Yo recuerdo ahora algo que publiqué en el blog hace un par de años:

País,
de Joan Brossa (1986).
Poesía visual objetual.
Y algo que leí hace unos pocos días:
Si es la verdad, cuando te has currado la Tercera Regional y los putos campos de fútbol de toda España, después de conocer a la gente de verdad que hay ahí fuera, te juro que me ponen a Lorca o a Bécquer delante o a Machado, yo qué sé qué les diría. Imagínate que salieran a recitar sus obras maestras en mitad de un campo de fútbol, ¿cuánto tardaría la gente en saltar a pisotearles las vísceras? No, hombre, no, la poesía es una mentira que nos hemos inventado para hacernos creer que a ratos podemos ser tiernos y civilizados.
Saber perder, de David Trueba
Y poco más se puede decir. O nada.
Supongo que sólo nosotros podemos votar a las tres de la mañana quién es mejor, si Anna Karerina, Madame Bovary o La Regenta. Supongo que sólo nosotros podemos casi llegar a las manos discutiendo sobre Dios o no Dios. Supongo que con todos los vasos encima de la mesa, las botellas que ya se veían más vacías que llenas y los cubitos de hielo que se nos habían acabado, estas conversaciones deberían ser absurdas, sin fundamentos lógicos y ausentes de toda coherencia. Pero no seríamos nosotros si a las mil de la mañana no empezamos a pensar de dónde procede históricamente la palabra cerveza y recordamos que del céltico.
Por más cervezas, ron, vodka, cubitos y conversaciones metafísicas.
Porque, al fin y al cabo, no importa cómo, sino con quién.
Aunque sea en un bar de chinos a las siete y pico de la mañana.
Por cierto, conversación final entre Booth y Bones en el capítulo 14 de la quinta temporada de Bones. Igual así se explican mejor ambas posturas:
Bones: – Tengo que preguntarte algo.
Booth: – ¿Vas a preguntarme sobre Dios y el Diablo? Ibas a preguntarme cómo Dios puede poner una carga tan fuerte sobre la gente buena.
Bones: – No. Iba a preguntarte cómo puedes seguir creyendo en una especie de Dios después de un caso como éste.
Booth: – ¿Si mi fe fue alterada? Sí, claro. Esta noche estaré en la cama, dando vueltas y voy a cuestionarlo todo.
Bones: – ¿Obtendrás tu fe de nuevo?
Booth: – Siempre la he recuperado en el pasado.
Bones: – ¿Así que debo tener fe en que podrás conservar tu fe? ¿Por qué?
Booth: – Porque, Bones, el sol saldrá y mañana será un nuevo día.
Bones: – Conozco ese sentimiento.
Booth: – ¿En serio? ¿Sabes que se siente al tener tu fe de vuelta?
Bones: – Cuando veo los efectos y no soy capaz de determinar la causa, mi fe en la razón y en las consecuencias se sacude.
Booth: – ¿Y entonces qué pasa?
Bones: – Dos más dos son cuatro. Pongo azúcar en mi café y sabe dulce. El sol sale porque el mundo está girando. Esas cosas me parecen bellas. Hay misterios que nunca entenderé, pero a donde quiera que mire, veo la prueba de que para cada efecto hay una causa correspondiente, incluso si no la puedo ver. Encuentro eso tranquilizante.
Booth: – Y la vida es buena otra vez.
Bones: – La vida es muy buena.5×14. Bones.
PD: Yo estaba con Bones. Y los de Booth eran mayoría ¬¬

