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Pequeño vals vienés
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.(…)
Poeta en Nueva York, Federico García Lorca.
Tomar un café por la mañana con los amigos, en una terraza con vistas al teatro romano y acabar con planes para ir a ver Poeta en Nueva York al teatro este domingo. Levantarte por la mañana y encontrar en la nevera brownies de chocolate que tu hermana ha intentado hacer con el libro de recetas de dulces ingleses que le regalaste al volver del erasmus. Así que, sábado por la mañana tranquilo, café y brownies y Lorca. Leer Poeta en Nueva York en el sofá y volver a fascinarte con la poesía de Lorca, y sus caballos y sus lunas.
Cotillear el viaje del poeta granadino a la gran manzana, a la ciudad que nunca duerme, la ciudad a la que tengo muchísimas ganas de ir, y descubrir que Leonard Cohen versionó a Lorca, poniéndole música a su poema Pequeño vals vienés, incluido dentro de Poeta en Nueva York.
Así que ahora, sábado con café, brownies, poesía y música.
Solos, cerrados por dentro
y fuera están los otros.Vasijas de cables,
escudos de antenas,
perdidos en la nieve,
iglús sin primavera.(…)
Y esperamos conectados
la explosión definitiva,
la que apague las pantallas,
la que apague nuestras vidas.Iglús sin primavera
Vetusta Morla
Hoy me he comprado la agenda para el nuevo curso. Mi vida comienza de nuevo en septiembre. Vuelvo del pueblo donde no había ascensores, tranvía y casi ni internet, a la ciudad, donde me he vuelto a poner el reloj en la muñeca y pensar en volver a los horarios, a la rutina.
La agenda me mira al otro lado de la mesa. Ya he escrito en ella. Un par de cafés y una cena. Que se vaya preparando para lo que le toca aguantar este año…
Leo en inglés Cross, de James Patterson. Llevo unos cuantos meses en los que me ha dado por los asesinatos y crímenes. Y admito que en Inglaterra leí a Kathy Reichs y Richard Castle, es lo que tiene hacer sesiones maratonianas de series con los flatmates. En Cross, el protagonista, Alex Cross, está leyendo The shadow of the wind, es decir, La sombra del viento, de Zafón. El curso pasado subí a muchos aviones. No había aeropuerto en el que faltara ese libro. O librería inglesa, en edición inglesa y española. Yo lo leí hace años. ¿Cómo será leerlo en inglés? ¿Me hubiera sorprendido si en vez de leer un libro de un escritor español, el protagonista hubiera estado leyendo cualquier otro libro?
Tengo que hablar en alguna entrada próxima de El mundo es un pañuelo, de David Logde. Muy recomendado. Si tenéis ocasión, leedlo, no lo dejéis escapar.
Vacaciones o no, El Templo sigue al pie del cañón, y desde nuestros lugares de descanso os traemos más reportajes y reseñas para que podáis saber qué se cuece en el mundillo literario durante estos meses tan tranquilos.
El verano se presta a grandes locuras y seguro que más de uno ha vivido una historia de amor por estas fechas: para ellos va dedicado nuestro reportaje de Arquetipos, la media naranja, donde daremos un repaso al compañero «con derecho a roce» del protagonista. Si con este reportaje no tenéis suficiente, también daremos un repaso a la vida de Jane Austen en Autores de ayer, autora de grandes clásicos como Orgullo y prejuicio o Emma. Y para esta ocasión hemos entrevistado, de nuevo equilibrando la balanza entre realidad y fantasía, a Jorge Gómez Soto y Holly Black, autores de La chica del andén de enfrente y Las crónicas de Spiderwick, respectivamente. Y si el verano se te está haciendo interminable y no sabes qué hacer en esas horas muertas, te damos algunas ideas para ocuparlas con nuestro reportaje De la viñeta al fotograma, donde damos un repaso de los cómics que han sido llevados a la gran pantalla. Viajaremos también hasta Zaragoza, donde los dueños de El pequeño teatro de los libros nos han permitido pasar entre bambalinas para ver cómo trabajan y organizan las actividades de esta librería tan popular. Y por supuesto también encontraréis las secciones habituales de la revista: noticias, colaboraciones y reseñas de todo tipo.
Así que, ¿a qué estas esperando para leer el nuevo número de nuestra revista de literatura juvenil El Templo de las Mil Puertas? Ponte cómodo, entra y lee…

[El libro de la imagen ya estaba leyendo en mi cajón de sastre de lo que no cabe en este blog.]
Café con hielo, terraza con vistas al monte y libros. Así pretendo pasar mi primer fin de semana tras volver del erasmus. El fin de semana que viene será más movido, estaré en la Semana Negra de Gijón, con buenos amigos, buena literatura, charlas muy interesantes, sol y buena comida.
Tengo muchas lecturas pendientes que se han ido acumulando durante mi año fuera, así que me voy a cierto pueblo de Teruel bien acompañada en la maleta por El faro de la mujer ausente de David Fernández Sifres, IX Premio Alandar en la editorial Edelvives; El rostro de la sombra, de Alfredo Gómez Cerdá en SM; El espíritu del último verano de Susana Vallejo, premio Edebé de literatura juvenil; En la laguna más profunda de Óscar Collazos en Siruela; Fuego azul de Ana Alonso y Javier Pelegrín en Anaya; Poética del café, finalista de XXXV Premio Anagrama de Ensayo y Fiesta en una botella de John Collier en editorial Contraseña. Ya leeréis las reseñas correspondientes en el número de agosto de nuestra revista de literatura juvenil El Templo de las Mil Puertas.
Y así estoy. Ordenando mi habitación, metiendo libros en cajas para llevarlos al pueblo. Colocando libros nuevos, en inglés y español, en las estanterías. Encuadernando los apuntes de este año. Entregando papeles del erasmus en la facultad. Cuadrando los horarios de las asignaturas para el año que viene. Haciendo copias de seguridad del ordenador y de todas las fotos erasmus. Sacando la ropa de verano. Terminándome el té inglés que me traje.
Y tomándome algunos cafés con hielo con los amigos. Cómo no.
Un papel certifica mi llegada a este mundo.
Mi identidad la corrobora otro papel.
Uno más califica nuestra vida en pareja:
de derecho, de hecho, de desecho.
Otro papel registrará mi muerte.
¿Cuál será mi papel verdadero en la vida?
Abro el buzón: rebosa de papeles.
Salgo a la calle: me surten de papeles.
Voy al Banco: cumplimento papeles.
Doy una conferencia: para cobrar, papeles.
Un papel me da acceso al estadio de fútbol,
a un concierto, al cine, al teatro.
Tráfico me echa el alto: los papeles
- los busco, los escrutan, me empapelan.
Necesito una subvención
- me dicen: hay que hacer papeles.
Me pongo de los nervios en unos almacenes
- me amonestan: no pierda los papeles.
Me entregan un regalo:
sufro ansiedad al desempapelarlo.
Mi papeleta electoral traga derrota.
Me manifiesto por los sin papeles.
Traspapelé la luz, busco tus ojos.
Cada semana reciclo dos bolsas de papeles.
Vivir: papeles y papeles y papeles.
La vida, para muchos, es todo un papelón.Ángel Guinda
Y leyendo mucho de nuevo. Café con hielo y libros juveniles para verano. Dejemos los clásicos hispánicos para cuando nos pongamos serios de nuevo en septiembre. Por ahora, Yo conocí a Muelle de Jorge Gómez Soto y La noche más oscura de Ana Alcolea me han distraído del calor de la ciudad del cierzo en verano. Leedlos, os gustarán.
Mientras yo disfruto de mi última semana por estas tierras inglesas, os dejo algo de lectura para los días que voy a estar ausente por estos lares…
El veranito ya está aquí, los exámenes ya se ha terminado para (casi) todos y es hora de tumbarse a la bartola al sol cual lagartijas a leer todo lo que tenemos pendiente. La bolsa de playa de El Templo de las Mil Puertas viene cargada de contenidos de lo más variado.
Aunque, a estas alturas del año, Harry estaría sufriendo otro verano con sus tíos, nosotros hemos decidido hacer una visita a Hogwarts para contaros de primera mano todos sus secretos para la sección Lugares Fantásticos. Además, hemos desempolvado una antigua Criatura Fantástica y en este nuevo número actualizamos la figura del vampiro, que tanto ha dado que hablar desde nuestra primera incursión en el mito, allá por 2007. Mucho más atrás hemos tenido que volver la mirada para conocer mejor al creador de Gulliver, Jonathan Swift, en el Autores de Ayer. Por otro lado, nuestra idea inicial era hablar sobre las sagas no terminadas sólo en las noticias, pero había tanto material que hemos decidido dedicarle el Reportaje Central.
Otra puerta editorial se nos ha abierto y hemos tenido la oportunidad de hacer una visita a Montena en Barcelona. Hemos charlado con Santiago García-Clairac, autor de El Ejército Negro, y… ¡redoble de tambores!… os traemos en exclusiva la entrevista a Rick Riordan. Sí, sí, el mismo, el padre literario de Percy Jackson.
En mi viaje a Edimburgo me compré algunos libros interesantes. Edimburgo es una ciudad muy literaria, cuna de Robert Louis Stevenson, Walter Scott, Robert Burns, Sir Arthur Conan Doyle, J. K. Rowling, etcétera. Así que los libros que me compré eran muy “literarios”. Quizás con la foto se explica mejor.

Aclaración: Cualquier libro mejora con un té y una carrotcake. Bueno, quizás no todos, pero éstos en particular lo hicieron.
Los libros son recopilación de ensayos en los que sus autores, Proust y Orwell, reflexionan sobre sus lecturas y sobre el ejercicio de la escritura. ¿Qué vicio es más caro: el tabaco o la literatura? Sobre esta cuestión escribe Orwell en el ensayo que da título a que Books v. Cigarettes y que introduce la temática mayoritaria del libro, que contiene ensayos y artículos como Bookshop memories, Confessions of a Book Reviewer o The Prevention of Literature
A quienes trabajáis en librerías, os encantará esta cita, sacada del ensayo Bookshop memories:
“Dear old lady who read such a nice book in 1897 and wonders whether you can find her a copy. Unfortunately she doesn’t remember the title or the author’s name or what the book was about, but she does remember that it had a red cover…”
Pero no todo el libro es monotemático. How the poor die relata la experiencia del autor en un hospital y las condiciones en las que se trataba a los enfermos en esa época. Muy descriptivo, curioso e interesante.
Por cierto, un ensayo muy “inglés” de George Orwell es A Nice Cup of Tea. En él, el escritor reflexiona sobre esas difíciles y trascendentales cuestiones acerca de cómo tomar el té: con azúcar o sin azúcar, la leche primero o después que el té, en qué tipo de taza se dede tomar. Una lectura muy inglesa para esta primavera lluviosa en las islas.
Edito: Acabo de descubrir Politics vs. Literature: An Examination of Gulliver’s Travels y me está encantado. Releí Los viajes de Gulliver de Swift hace semanas, para El Templo de las Mil Puertas -número nuevo la semana que viene, ¡atentos!- y es interesante ver qué opinan sobre él otros escritores.

[Un dibujo de Wil Freeborn de una librería de Glasgow llamada Voltaire and Rousseau. Imagen encontrada en Librosfera.]
Ahora que se han terminado los exámenes, tenemos un poco más de tiempo libre y no todo van a ser pintas, pubs y noches. Que hay que aprovechar los pocos días de sol que tenemos aquí en Inglaterra.
De nuevo, el césped de la Universidad, una cheesecake, un coffe-frappé y Carlota Fainberg de Antonio Muñoz Molina.
Dos hombres que sólo tienen en común la nacionalidad y que no volverán a verse nunca mantienen un encuentro fortuito en una sala del aeropuerto de Pittsburgh. Uno de ellos es Claudio, un profesor de literatura que se dirige a Buenos Aires a dar una conferencia, a quien Marcelo, extrovertido ejecutivo de empresa que espera vuelo a Miami, cuenta una historia secreta que vivió en un hotel bonaerense.
Luego los viajeros se separan, y pronto Claudio descubrirá en el mismo hotel en que estuvo Marcelo los límites entre realidad y ficción. La tenue frontera donde pueden coexistir amor y muerte.
Me ha llamado la atención en este libro el uso de ciertas palabras en inglés, que el autor ha escrito deliberadamente en ese idioma, sin traducirlas, ni siquiera con notas aclaratorias a pie de página. Muchas de ellas son expresiones inglesas -o americanas-, o palabras para las que no tenemos una traducción exacta en nuestro idioma. Es curioso ir leyendo y no pararse en la narración, sea ésta en español o en inglés, cuando tienes un cierto conocimiento del idioma extranjero y entiendes que esos términos en concreto que el autor ha escrito en inglés no se pueden traducir, no manteniendo todos los matices necesarios para ello, y sigues leyendo, asimilando la palabra inglesa y disfrutando de la estupenda prosa de Muñoz Molina en castellano.
Los dos personajes, Claudio y Marcelo, son españoles. Marcelo identifica a Claudio como español en la sala de espera del aeropuerto y a partir de ahí se inicia la conversación, la trama de la novela. ¿Podemos los españoles identificarnos entre sí?
[...]
Un español reconoce a otro mucho antes de oírlo hablar, nada más que viéndole la pinta. Vas por Nueva York, un ejemplo, por la Quinta Avenida, a la hora de más gentío y más tráfico, ves en un semáforo a una pareja, de espaldas a ti, los dos con camisas y vaqueros, de unos treinta y tantos años, (…) y no sé por qué pero lo sabes, lo puedes jurar: “Esos son españoles”. Qué le vas a hacer, tenemos esa pinta, ese look, como dicen ahora.
[...]Carlota Fainberg, Antonio Muñoz Molina
Este año que he pasado en el extranjero he vivido alguna situación parecida, sobre todo los primeros meses. Cruzarte con alguien en el campus de la Universidad e intuir, saber, que es español. Una sonrisa al hablar en inglés en un pub y preguntar sin ninguna duda ¿eres español, verdad? ¿Es cierto que nos podemos reconocer, nos distinguimos de alguna manera especial respecto a personas de otras nacionalidades?
No puedo dejar de hacer un apunte filológico, como estudiante de Hispánicas que soy. En Carlota Fainberg se nombra brevemente El Quijote. Quien haya leído un poco de bibliografía sobre él, o simplemente sepa de algunas de las nuevas corrientes teóricas que han surgido en literatura en el último siglo, este párrafo del texto le sacará una sonrisa divertida:
[...]
- Pero tú también has escrito sobre Cervantes, Morini -acerté desmayadamenta a objetar.
- Por supuesto, pero desde un approach innovador, teniendo en cuenta a Lacan y la Kristeva, y sobre todo la Queer Theory, el cutting edge de la crítica, atreviéndome, arriesgándome un poco, Claudio, off the beaten track, acuérdate de mi estudio sobre drag queen epistemology y cross dressing en la segunda parte del Quijote…
[...]Carlota Fainberg, Antonio Muñoz Molina
Ahora que se acerca el verano, ese momento de elegir libros para leer durante los meses de descanso, mi recomendación es cualquier libro de Antonio Muñoz Molina. Vosotros, queridos lectores fantasmas, ¿me recomendáis algún libro para cuando vuelva a la ciudad del cierzo, dentro de un mes y poco?

[Ilustración: #15m, de Medina]
La semana pasada fueron todo etiquetas: #15m #nolesvotes #spanishrevolution #acampadasol #acampadazgz #estoesreflexión y muchas más. La semana pasada fue raro estar en Inglaterra cuando el centro de la noticia era España. La semana pasada explicábamos a los amigos extranjeros lo que nosotros creíamos que estaba pasando, de pinta en pinta, o de descanso de biblioteca en descanso de biblioteca. La semana pasada no hubo manera de centrarse en los apuntes. Ni libros, ni apuntes, ni reportajes que terminar, ni essays que imprimir, ni acordarse de poner la lavadora, ni de responder a unos cuantos emails pendientes. La semana pasada hizo frío. Es junio y estamos a 10ºC.
A las 3am seguíamos conectados a Facebook y Twitter comentando los resultados. Pues vaya. Teníamos un examen a las 9am. Café. Cuéntame lo que sabes de estos dos libros, 1.30h. Luego al pub, a seguir comentando lo que pasa a kilómetros de distancia. Volvemos a estudiar, mañana otro examen. Llueve y hace frío.
Después de comer me voy a la biblioteca. Voy a la sección de literatura española y busco algo de poesía. Es uno de esos lunes lentos. Luis Alberto de Cuenca me llama desde la estantería. Voy a comprar fruta y té y decido que ya estudiaré esta noche. La verdad, ahora no me apetece nada.
La verdad
La verdad es que no sé qué es la verdad,
y no puede ser bueno que no sepa
algo tan importante como eso.
La verdad es que si alguien va y me dice:
“Es muy sencillo, imbécil: la verdad
es esto o es lo otro o las dos cosas”,
me deja estupefacto. Y si pregunto
qué es la verdad en realidad, si esto,
si lo otro o si al tiempo las dos cosas,
mi informante contesta: “Eso depende”,
y, la verdad, me quedo como estaba.En Animales Domésticos, Luis Alberto de Cuenca.

[Imagen de mi cajón de sastre. Alusión a las tramas policiales y la novela negra que pueblan mis apuntes sobre la literatura española de los años ochenta.]
Estudiando a Antonio Muñoz Molina para mi asignatura de Spanish Fiction since 1975, me encuentro con un artículo titulado Los libros y los trenes que escribió en enero de 1989. Este año estoy viajando mucho en tren, mucho. Y leyendo también mucho en ellos. Por eso, me siento un poco identificada con lo que comenta el escritor.
Las novelas que leemos al viajar recobran su primitiva condición de relatos orales, como si un desconocido sentado frente a nosotros nos contara una historia y sentimos que las palabras avanzan impulsadas por la misma velocidad con que el tren cruza el paisaje, y cuando bajamos de él, extraviados y torpes, nos parecerá que salimos de un libro.
Dice recordar algunos viajes no por el lugar a donde fue, sino por el libro que leyó durante el trayecto. En los trenes ha leído algunos de los libros que más le importan, y es posible que una parte de la intensidad con que se fijaron en mi memoria deba atribuirla a la circunstancia del viaje, porque la soledad del tren anima a mirar y a leer con avaricia.
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Los libros y los trenes, 21 de enero 1989, en La voz narrativa de Antonio Muñoz Molina, de Manuel María Morales Cuesta en editorial Octaedro, pág. 77.
Y recuerdo, este año, The Curious Incident of the Dog in the Night-Time, Mark Haddon y el viaje a Liverpool, El guitarrista de Landero y Cardiff, Tiempo de vida, Marcos Giralt Torrente y Warwick, Pomelo y limón, Begoña Oro y Mi vecino de abajo, Daniel Nesquens y Madrid (esa vez, en bus), Smoke and mirrors, Neil Gaiman, en avión a Zaragoza, de nuevo El medallón perdido de Ana Alcolea volando a Francia, La retaguardia, Hans Waal y Londres de nuevo, El gran teatro del mundo, Calderón de la Barca y los viajes en cercanías a Birmingham. Y algún otro que me habré dejado por el camino.



