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Hasta ahora, había estudiado la literatura medieval, aquella de la que no estamos seguros ni del texto ni del autor; avanzamos poco a poco y conocemos, por cuadros, por retratos, los rostros de esos escritores cuyas obras ya están impresas, ya tienen distribución importante, ya guardamos varios ejemplares de la primera edición. Llegan los periódicos, la prensa, la crítica, ya no son sólo los textos, ahora son los textos sobre los textos, más importancia a esos metatextos que a los textos en sí. ¿Y ahora?
Ahora estoy estudiando a los escritores del s. XX, tanto españoles como hispanoamericanos. Escritores de los que tenemos fotografías, documentos de su puño y letra, testimonios de gente que les conoció, biografías, diarios, cartas, vídeos, grabaciones. La manera de estudiar la literatura cambia. Llevo un rato en el ordenador, viendo entrevistas de Borges, Rulfo, Cortázar; fotos de la generación del 27, conferencias que leyeron, transcripciones de charlas, fotografías en los cafés de la época, en tertulias que me hubiera gustado vivir.
Las revistas y propuestas que pusieron en marcha un grupo de amigos como La Gaceta Literaria, juntos, por amor al arte, porque pensaban que la literatura se podía ver de otra forma, que podía haber una literatura más allá de lo que ya existía. El movimiento por parte de los jóvenes, con pensamiento diferente a los autores consagrados; las propuestas novedosas que pusieron en marcha; su manera de unir literatura con las demás artes: cine, pintura, etc. Las tertulias en los cafés del momento, las charlas al alimón, la correspondencia cruzada entre ellos.
Todo lo anterior podría tener su versión actual: las revistas literarias realizadas por un grupo de jóvenes por amor a la literatura, la diferente manera de ver ese mundo literario, las nuevas propuestas apoyándose en las nuevas herramientas y tecnología, las presentaciones de libros con el café o copa posterior, las charlas al alimón o las tertulias y mesas redondas, las correspondencias cruzadas en email o a la vista de todos en sus blogs, etc.
Imaginarme una charla entre Lorca, Buñuel y Dalí.
Eso es lo que hago este sábado lluvioso, gris y frío, café en mano, en la ciudad del cierzo.

[Imagen: Simply breakfast]
Hoy hemos estrenado los exámenes de junio. Y qué mejor que empezarlo con poesía. Ojalá en todos los exámenes me hicieran comentar un poema de Luis Alberto de Cuenca ^_^
Elogio de la poesía
La vida es prosa más o menos aburrida,
pero no siempre ha sido tan tediosa y prosaica.
En el alba imprecisa de nuestro origen hubo,
primero, una voz recia que evocaba las gestas
del caudillo del clan; luego, otra voz más íntima
y dulce que, al compás de la lira, cantaba
el amor, subrayando su plenitud, o el odio
que inspira la traición, o el cruel desengaño.
Y esas voces traían a la vida promesas
de olvido y deshacían los hielos del invierno
al ritmo del bastón de mando del chamán
en los fuegos de campamento de la tribu.
Y esas voces fundaban un jardín de palabras
hermosas en el centro del desierto silente
del mundo, una floresta de color y belleza
que, como un cáncer, iba destruyendo, implacable,
el bosque sin memoria de nuestra soledad,
haciéndonos más libres, más hondos y más sabios.
Luis Alberto de Cuenca
Luis Alberto de Cuenca en Wikipedia, en Poesía a media voz, en Cervantes Virtual, y aquí, una visita a su casa.

[Imagen: Exam Sesion Morning]
Que los universitarios lo hacemos todo a última hora ya lo sabemos. Si no, no lo seríamos, es una cualidad intrínseca a nuestra calidad de estudiantes. Puede que sólo nos tomemos en serio la carrera en febrero y junio y que vivamos durante algunas semanas encerrados en la biblioteca, pero es que seguimos creyendo que, por ciencia infusa, el conocimiento que se acumula en todos esos libros que rodean nuestras mesas entrará en nuestra cabeza finalmente.
Acercarse a una biblioteca universitaria en época de exámenes es toda una experiencia. Debe ser un interesante campo de estudio para un psicólogo o un antropólogo. Las relaciones misteriosas, sin intercambio de palabras, sólo miradas, que se establecen entre los vecinos de mesa durante una mañana deberían ser estudiadas.
La fauna que puebla las bibliotecas en época de exámenes es rica y variada. Parece que la mezcla de calor, nervios, libros y bolígrafos dan las condiciones necesarias para que florezcan y se desarrollen todo tipo de especies. Antes de hablar de las especies más pintorescas, hablemos de la especie primigeria, aquella que llega a la biblioteca a primera hora de la mañana y aprovecha todo el tiempo que pasa en ella, sí, la que realmente estudia en la biblioteca. Ese fue el inicio de la variedad actual. Posteriormente, esa especia cambió, mutó y ahora nos encontramos toda una familia unida por el tronco común de tener su hábitat natural en este entorno cerrado, delimitado y cuidado.
Otra especia antigua, de las primeras en aparecer, fue el eterno becario o doctorado. Se le ve todos los días detrás de una montaña de libros ajados con olor a antiguo de los que probablemente él sea su primer y único lector. Tenemos otra especie que refuerza su presencia mediante el color; es la que escribe sus apuntes con bolis de colores y frente a su libro de estudio los tiene ordenados por los colores del arcoiris. Sus resúmenes son más llamativos que la cabalgata de carnavales. En un sentido similar, encontramos la especie que parece trasladar su guarida o su espacio vital a la biblioteca; monta un campamento base en ella, pues saca de su mochila una botella de agua de dos litros, un peluche, varias carpetas, un estuche más grande que el peluche, deja encima de la mesa el portátil, el mp3, el móvil, etc.
Quizás podríamos describir en este punto también a la especie que no respeta las condiciones de habitabilidad de la biblioteca, pues con sus tacones y el sonido de sus pulseras y collares rompe el silencio casi sepulcral de la biblioteca, para, en resumen, dejar sus apuntes sobre la mesa y salirse a tomar algo con los amigos al bar de al lado. Otra especie que no entiende las condiciones de habitabilidad de la biblioteca es la especie grupal, estudiantes que se reúnen en torno a una mesa para, supuestamente, estudiar en grupo y solucionar dudas, cuando en realidad están planeando la juerga postexámenes.
Y, en resumen, aquí sigo, estudiando para los exámenes universitarios.
Mañana empiezo, si a alguien le sobra suerte, me la puede prestar estas tres semanas ^_^

[Imagen: Ladynere o laqueaquíescribe en Venecia, Julio 2009.]
[...]
Hay casas que tienen todo el aire de alojar vecinos felices, y calles enteras de un mirar siniestro, con aspecto de cobijar hombres sin conciencia, comerciantes, prestamistas, alcahuetas, turbios jaques con el alma salpicada de sangre. A lo mejor, las casas de los vecinos venturosos no tienen ni una sola matita de yerbabuena o de mejorana en los balcones. A veces, las casas de los vecinos ahogados por la desdicha, señalados con el hierro cruel del odio y la desesperación, presumen de un balcón de geranios o claveves rompedores, gordos como manzanas. Es algo muy misterioso la cara de las casas, daría qué pensar durante mucho tiempo.
[...]Viaje a la Alcarria
Camilo José Cela
Una de las últimas lecturas obligatorias.
Una de las primeras noches de café (y apuntes) en mano.

[Imagen: Migapamar]
Un hombre pasa con un pan al hombro
Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?César Vallejo
Porque a veces es necesario capitular…

El primer día de clases les había yo advertido a los alumnos que la experiencia de estudiar la poesía de César Vallejo es peculiar: al terminar el curso uno sabe menos que al comenzarlo. Ahora que el seminario concluye, los siete estudiantes saben menos del poeta pero algo más de sí mismos. Han aprendido, por su cuenta, que su capacidad de leer requiere ser puesta a prueba.
Reconocer la distinta legibilidad de un objeto de arte es parte de la experiencia crítica, de su aprendizaje sin rédito.
[...]
Es verdad que el “Guernica” de Picasso es lo que más se parece a un poema de España, aparta de mí este cáliz. Ninguno de los dos cabe en el campo de la mirada. Es lo que Vallejo llama una mirada “despupilada,” y también, “un día doble.” Había visto el cuadro al volver a París en el Pabellón de la República Española, en la Exposición que se acababa de inaugurar. Seguramente Vallejo escribía entonces España, aparta de mí este cáliz. Todos somos, en alguna medida, el “Guernica” que vimos. (…) Al final, nos entusiasmamos con ese fervor de lo indecible. Su rebeldía está arraigada, “hasta hacer sangre,” en la materia que se hace lugar en el discurso.
[...]
Al final, se trata de eso, de navegar el arrebato de la forma vallejiana (o para el caso las rupturas de Picasso, Joyce, Kafka, Pound, Borges, Lezama Lima, Tàpies, Fuentes, Goytisolo, Eltit…); y habiendo sido parte de ese vértigo, saber, al volver al habla diaria, que su uso nos pertenece como herramienta arrebatada a las sociedades que no reconocen valores sin precio.Esa lectura es la que nos deja Vallejo entre las manos. Una lectura que no se resigna a su conversión en objeto de consumo, descifrado y desactivado.
Taller Vallejo, de Julio Ortega.
Mode estudiando poesía hispanoamericana on.
Sí, siempre tiene que salir Picasso de alguna manera.
Estáis es mi blog, es mi artista preferido, son mis normas.

[Imagen: Ana Patricia]
Estupendo, inteligente, divertido y acertado artículo de Patricio Pron en Revista de Libros:
La vieja aspiración de la novela:
[...]
Nocilla Dream aparecía, pues, como una serie de historias vinculadas las unas con las otras e interrumpidas por fragmentos ensayísticos breves cuya narración parecía pretender emular ciertas experiencias de percepción contemporáneas en un mundo textualizado y saturado de información recibida de forma simultánea y no jerarquizada. La novedad relativa de estos elementos y de este punto de vista bastó para que Nocilla Dream fuera vista como una novela experimental por un sector importante de la crítica y para que su autor monopolizara el prestigio del que, en el estado actual de la literatura, disfruta toda aquella obra que es investida de los atributos de «lo nuevo».
Ahora bien, ni Nocilla Dream ni ninguna de las otras dos obras de la trilogía de Fernández Mallo es esencialmente novedosa: la ausencia de linealidad y el fragmentarismo han sido practicados ya por las vanguardias históricas y caracterizan a la literatura posmoderna –piénsese en The Making of the Americans (1925), de Gertrude Stein, o en Rayuela (1963), de Julio Cortázar, personaje de Nocilla Experience–, el interés por las ciencias naturales caracteriza a la así llamada «hard science fiction» y está presente en novelas como A Fall of Moondust (1961), de Arthur C. Clarke, la cita apócrifa, la intertextualidad y la reescritura paródica han sido practicadas por Jorge Luis Borges, por mencionar sólo a un autor, y la importancia otorgada a la visualidad de los textos es ya parte de la tradición literaria desde aproximadamente los Calligrammes (1918) de Guillaume Apollinaire y la poesía visual; en cuanto a la apropiación de elementos de la cultura pop, hay numerosos ejemplos desde la beat generation en adelante
[...]
Son las siete de la tarde. Estoy en fase “no sé por qué elegí este tema para el trabajo de esta asignatura”. Tengo hambre, haré un descanso para merendar. No tengo nocilla en casa. Ojalá pudiera bajarme al parque, tumbarme en el césped y ponerme a leer con un bocata de nocilla en la mano, como en la foto. La época de exámenes está mal planteada, qué estudiante en su sano juicio está en casa, encerrado, en vez de en una terraza, cortado con hielo en mano solucionando el su mundo con los amigos.
Tengo varias ventanas abiertas: la de mi habitación, con el aire que amenaza con desordenar los apuntes que tengo encima de la cama, la del Spotify, donde Coque Malla, Xoel y Anni B Sweet me dedican un concierto privado, la del Facebook, donde nadie está estudiando aunque deberíamos…
Un fragmento de mi trabajo:
Cuando entramos en el hipertexto, se rompe la linealidad temporal y se inicia el fragmentarimo. Esta concepción es inadmisible hasta la modernidad. Es un nuevo modo de darse el texto, no sólo volcar el texto en internet, sino una nueva manera de escribir y de leer.
Pero ya atisbábamos esta manera de entender un fragmentarismo temporal gracias a otros textos como Rayuela de Cortázar, Afternoon de Joyce, Pedro Páramo de Rulfo. No sabían aún qué era el hipertexto, pero lo anuncian, difuminan su autoría.
Y aquí sigo.
Si alguien llama a mi puerta ahora mismo con galletas maría y nocilla, yo le invito a un café.
Gracias.

[Imagen: el siempre genial Alberto Montt]
- Aquí tienes una gloria.
- No sé qué quiere decir usted con una gloria – dijo Alicia.
- Por supuesto que no lo sabes… a menos que yo te lo diga. He querido decir “Aquí tienes un argumento bien apabullante”
- ¡Pero gloria no significa “argumento bien apabullante”!
- Cuando yo uso una palabra, esa palabra significa exactamente lo que yo decido que signifique… ni más ni menos.
- La cuestión es si uno puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes.
- La cuestión es, simplemente, quién manda aquí.Alicia en el País de las Maravillas
Lewis Carroll
Como la cuestión es, simplemente, quién manda aquí, laqueaquíescribe decide y sentencia que a partir de ahora -y como ya lleva siendo desde que empecé a ser protofilóloga- café significa conversaciónconlosamigosenlaqueintentaremossolucionarelmundoysólosolucionaremosunpocoelnuestro,
concualquiertipodelíquido,seacafétécervezauotrabebidaenlamanoyunascuantasrisas.
He dicho.
Las condiciones de adecuación de los actos ilocutivos no pueden aplicarse (…) No deben utilizarse los criterios de verdad habituales (…) Esta suspensión de juicio es decisiva para la correcta interpretación de la obra literaria (…) no pretende engañar al lector. La obra no está construida para que alguien la crea verdadera en todos sus aspectos. El lector lo sabe y lo acepta.
[...]
De hecho, la literatura misma ha explotado, a veces, la tensión existente entre los principios del mundo “real” y los del mundo creado por la ficción: (…)
Don Quijote pretende trasladar el mundo de la ficción a la “realidad”; con Alicia, es lo “real” lo que se introduce en la ficción. En ambos casos, se produce una inadaptación del personaje al medio; y es que, como señalaba Austin, los enunciados de la literatura no puedes “tomarse en serio”.Pragmática y literatura de Mª Victoria Escandell en su interesantísimo libro Introducción a la pragmática
Porque habrá que ponerse ya a estudiar, que los exámenes están a la vuelta de la esquina. Y parece que tienen el cierzo a favor…

Neruda Señoras…
Lorca: …y señores. Existe en la fiesta de los toros una suerte llamada “toreo del alimón”, en que dos toreros hurtan su cuerpo al toro cogidos de la misma capa.
Neruda Federico y yo, amarrados por un alambre eléctrico, vamos a parear y a responder esta recepción muy decisiva.
Lorca Es costumbre en estas reuniones que los poetas muestren su palabra viva, plata o madera, y saluden con su voz propia a sus compañeros y amigos.
Neruda Pero nosotros vamos a establecer entre vosotros, un muerto, un comensal viudo, oscuro en las tinieblas de una muerte más grande que otras muertes, viudo de la vida, de quien fuera en su hora marido deslumbrante, nos vamos a esconder bajo su sombra ardiendo, vamos a repetir su nombre hasta que su poder salte del olvido.
Lorca Nosotros vamos, después de enviar nuestro abrazo con ternura de pingüino al delicado poeta Amado Villar, vamos a lanzar un gran nombre sobre el mantel, en la seguridad de que se han de romper las copas, han de saltar los tenedores, buscando el ojo que ellos ansían; y un golpe de mar ha de manchar los manteles. Nosotros vamos a nombrar al poeta de América y España: Rubén…
Neruda Darío. Señores…
Lorca y señoras…
(…)
Lorca Como poeta español enseñó en España a los viejos maestros y a los niños, con un sentido de universalidad y de generosidad que hace falta en los poetas actuales. Enseñó a Valle Inclán y a Juan Ramón Jiménez, y a los hermanos Machado, y su voz fue agua y salitre, en el surco del venerable idioma. Desde Rodrigo Caro a los Argensolas o don Juan Arguijo no había tenido el español fiestas de palabras, choques de consonantes, luces y forma como en Rubén Darío. Desde el paisaje de Velázquez y la hoguera de Goya y desde la melancolía de Quevedo al culto color manzana de las payesas mallorquinas, Darío paseó la tierra de España como su propia tierra.
Neruda Lo trajo a Chile una marea, el mar caliente del Norte, y lo dejó allí el mar, abandonado en costa dura y dentada, y el océano lo golpeaba con espumas y campanas, y el viento negro de Valparaíso lo llenaba de sal sonora. Hagamos esta noche su estatua con el aire atravesada por el humo y la voz y por las circunstancias, y por la vida, como ésta su poética magnífica, atravesada por sueños y sonidos.
(…)
Neruda Federico García Lorca, español, y yo, chileno, declinamos la responsabilidad de esta noche de camaradas, hacia esa gran sombra que cantó más altamente que nosotros, y saludó con voz inusitada a la tierra argentina que posamos.
Lorca Pablo Neruda, chileno, y yo, español, coincidimos en el idioma y en el gran poeta nicaragüense, argentino, chileno y español, Rubén Darío.
Neruda y Lorca en cuyo homenaje y gloria levantamos nuestro vaso.
Publicado en El Sol, Madrid, 1934. Versión completa en este enlace.

[Imagen: Sunday reading]
[Leyendo a Francisco Rico y a José-Carlos Mainer, en Historia y crítica de la literatura, volumen 6/1, sobre el Modernismo y el 98]
El propio Unamuno subraya la aceptación restrictiva que suele darse al término, cuando en 1905 escribe en ¿Quiénes son los intelectuales?:
De cada veinte veces que se habla de intelectuales, las diecinueve se trata de literatos, de meros literatos, autores de poesías, dramas o novelas. Apenas se llaman a sí mismos intelectuales sino los literatos. Cuando oigo a algún desconocido decir “nosotros los intelectuales…”, me digo al punto: ¡vamos, éste es literato!, sin que jamás se me ocurra pensar que es físico, químico, matemático, fisiólogo, jurista, ingeniero, y mucho menos que sea inspector de una compañía de seguros, director de una fábrica de vidrio o gerente en una sociedad minera… No puede ni debe consentirse que traten los literatos de monopolizar el dictado de los intelectuales, cuando se puede ser un muy apreciable, y hasta en ciertos aspectos técnicos, admirable literato y un pésimo intelectual, o mejor dicho, un inintelectual.
Y Pablo Azola comentaba en 1899:
España necesita dos cosas esenciales si ha de reconstituirse: Celebrar los funerales de D. Quijote de La Mancha aventando sus cenizas y adoptar como lema de su regeneración el apotegma de que Es preciso ser fuertes persiguiendo este fin primordial en un largo periodo de orden, de paz, de recogimiento, de moralidad y de trabajo que acreciente el patrimonio nacional hasta alcanzar la riqueza y el saber, bases imprescindibles para la fortaleza de las naciones (cursiva en el original).
Y ahí sigo, con el Modernismo, la crisis del final de siglo, los del 98, las vanguardias, los del 27 y toda esa gente que se acumula en mi mesita de noche y no dejan de escribir poemas y proclamar manifiestos (de lo cual no me quejo en absoluto)…
La semana pasada le realizaron una entrevista en Babelia a José-Carlos Mainer, mi profesor de Literatura Española del s.XX.
[...]
P. Bonito tema para desarrollar en la universidad.R. Quizá, pero de la universidad voy a jubilarme ya, arrastro cansancio por el horario fijo y la falta de flexibilidad intelectual…
P. Bueno, eso…
R. Y luego está Bolonia: es descorazonador. No comparto ese plan. Le garantizo que de Bolonia no va a salir Harvard alguna. Nos hemos equivocado de modelo; quizá aporte mejor gestión profesional, pero no conducirá a la excelencia académica, a la innovación arriesgada pero de relativa rentabilidad. Tampoco generará una internacionalización del conocimiento; sólo se hacen intercambios de alumnos, pero no de profesores y sus métodos. Será turismo académico.
P. ¿Qué dirán sus discípulos?
R. Siento horror a la palabra discípulo porque va al lado de la de maestro; no he tenido discípulos directos, pero sí buenos estudiantes en clase o a los que he dirigido investigaciones. En lo de discípulo está la tentación de lo clónico y de que te complazcas en ello. Además, me asombra la facilidad con que la gente olvida la autoexigencia intelectual para quedarse enseguida en la universidad y ser gestor académico…
P. Parece que es adusto en clase, va con corbata, trata a los alumnos de usted…
R. Como decía Roland Barthes, usted es el tratamiento de la ciencia; hay que aislar la confianza; el usted se incardina más con el lenguaje exigente, demuestra un cuidado de cómo tratas las cosas. Mire: el saber es jerárquico; sencillamente, yo sé más que mis alumnos, ¿por qué debo discutir el temario con ellos? Pero al igual que es jerárquico también es reversible: puedes tener gente que con el tiempo sepa más que tú; yo ya lo he vivido.
P. ¿Constata también el nivel cada vez más bajo de lecturas fundamentales en sus alumnos nuevos? ¿Es necesario un canon?
R. No lo sé. Lo que sí he detectado es el salto, en la escuela, de la literatura infantil y juvenil seria a una muy comercial. Se han sustituido lecturas como Oliver Twist, La isla del tesoro o Zalacaín el Aventurero por una dieta de novelas de adolescentes de autores ignotos. ¿Cuándo serán adultos los chavales si se les dan obras así? Uno se hace adulto espiándolos; si no leen cosas mayores y de mayores, nunca se harán adultos. ¿Por qué con 14 años no se puede leer a Machado, Azorín o al Marsé de Teniente Bravo?
P. ¿Usted cómo empezó?
R. Con La isla de tesoro, de la colección Cadete, que me regalaron cuando hice la primera comunión, con siete años. Y luego avancé con Verne y La isla misteriosa. Me convertí en un lector voraz, y eso que en casa había pocos libros porque mi padre, médico de prestigio, era lector ocasional. Ahora, cada verano, me llevo cuatro clásicos, y a Verne aún le releo.
[...]
Y Luis García Montero comenta que:
José-Carlos Mainer pertenece a una generación de catedráticos de Literatura que tuvo como principal afán la renovación de los estudios filológicos. Era una parte más de la transformación del país que exigía la democracia española. Si el oficio de cada cual es su primer ámbito de socialización, pocos profesores pueden ejemplificar mejor que José-Carlos la tarea universitaria de hacer Estado, de construir un espacio público de investigación y lectura capaz de entender con nuevos ojos nuestras realidades culturales.
[...]
José-Carlos Mainer ha sido desde hace años un maestro para mí. Su sabiduría y su voluntad de hacer Estado lo convierten en uno de los pensadores imprescindibles de nuestra literatura. Y más ahora, cuando el tiempo de los maestros universitarios se ve desplazado por el funcionariado tecnológico y una burocracia empresarial que cambia las santas horas de estudio por la búsqueda en los boletines oficiales de convocatorias y proyectos domados.
