Marlango – The Long Fall
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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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Simbólicamente, cerramos el verano, sanseacabó.
Literalmente, en la foto, el candado de mi peña del pueblo, snif.
Hasta el verano que viene, quedan 334 días para volver a empezar.

Ayer, última noche del verano, cierre final de noches de peña, luna, pueblos, risas y amigos.
Y ahora estoy de nuevo en la ciudad del cierzo, con semáforos, ascensores y wifi, con el horario cambiado y así no hay quien duerma. Y además, no se ven las estrellas en el cielo.

Florencia es una ciudad de luz, arte y palacios.
En Florencia puedes ver la Venus y la Primavera de Boticelli en la Galería de los Uffizi. En Florencia puedes pasear, escogiendo qué palacio comprarás cuando tengas dinero, para instalar una gran gran biblioteca y robar la impresionante colección de arte del palacio Pitti. En Florencia puedes cenar gofre con helado, mientras un pequeño gorrión te mira anhelante, a la espera de que le des un poquito. En la plaza del Duomo de Florencia puedes elegir con qué quedarte sin respiración: si con el estilo gótico italiano del Duomo o con las puertas del Baptisterio de Bernini. En Florencia le puedes ver el culo del David de Miguel Ángel, de Donatello y de Verrochio en un mismo día. En Florencia te faltan ojos y la cámara nunca capta lo que sientes. En Florencia hay muchas tiendas de cuadernos, plumas, tinta, porque las musas están en el ambiente. En Florencia está uno de los puentes más bellos, el puente Vecchio, y ver atardecer allí es irrepetible. En Florencia me enamoré definitivamente del Arte, así, con mayúsculas.

En Florencia nació Dante Alighieri, allá por la primavera de 1265.

En medio del camino de nuestra vida
me encontré por una selva oscura,
porque la recta vía era perdida.

¡Ay, qué decir lo que era es cosa dura
esta selva salvaje, áspera y fuerte,
cuyo recuerdo renueva la pavura!

[...]

A la alta fantasía aquí faltaron fuerzas;
mas ya movía mi deseo y mi velle,
como rueda a su vez movida,

el amor que mueve el Sol y las demás estrellas.

Principio y final de La Divina Comedia, Dante Alighieri.

Ya no hay poetas porque ya no hay amor.
Beatriz fue la Calíope de Dante.
Y Laura la de Petrarca y pocos poetas más amaron así.
Pocos poetas hay, porque hay poco amor.

Los cantantes modernos hablan de amor.
Los poetas modernos hablan del desamor.
¿El desamor con música es mejor, es amor?

Ya no hay selvas oscuras en el camino de la vida.
Talaron los árboles, ahora son todo autopistas.
Ahora el camino recto es el obligatorio.
Pero no hay camino, es mentira,
se hace camino al andar,
perdiéndose en la selva, sin gps.

Si hay autopistas, ya no hay camino.
Ya no hay bajada a los infiernos.
Si no hay bajada, no hay subida.
Por eso no hay amor, no hay paraíso.

Las autopistas no van a ninguna parte.
Hemos perdido el mapa del amor.
Los poetas modernos viajan en autopista.
Y ya no existen las selvas, ya no hay camino.

La vida nueva (fragmento)

Muchas veces me vienen a la cabeza
la oscura cualidad que me da el Amor
y me tengo lástima y así me digo:

¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;
porque tan hábilmente me asalta el amor
que la vida casi me abandona:
sólo un hilo de espíritu deja medio vivo,
uno que sólo por ti vive y razona.

Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,
y casi muerto, sin ningún valor,
vengo a verte, creyendo así curarme:

y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.

Dante Alighieri

Dante intentó una vida nueva. ¿Se puede?
Con un helado lo consigues, hasta que te lo terminas.
Habrá que cambiar el oxígeno por helados de vainilla.
Sólo tenemos una vida, poco tiempo. Habrá que disfrutarla.
Con amor o sin amor. O con amor desenamorado. O con desamor enamorado.
O con Calíope y punto.

Habrá que volver a Florencia, a ver si esta vez se despista el segurata y podemos tocarle el culo al David de Miguel Ángel. Aunque el de Donatello no está nada mal.

[Imagen: Duomo de Florencia, a 5min de la casa de Dante, en el casco histórico de la ciudad del arte, luz y palacios.]

helado, da.
(Del part. de helar).

5. m. Refresco o sorbete de zumo de fruta, huevo, etc., en cierto grado de congelación.


En cucurucho,

en tarrina,

en gofre…

echo de menos los helados italianos, snif!

Toda la Roma romana, visitar Pompeya en Nápoles, enamorarse de todos y cada uno de los palazzos de Florencia, todas las entradas de museos visitados guardadas, pasear por Siena, visitar a Romeo y Julieta en Verona, subirse a un tren casi en marcha en Padua, perderse por los canales de Venecia…

Lo prometido es deuda, la misma foto, cuatro años y tres meses después:

Venecia es inolvidable, inimitable. Venecia y sus canales. Pasear por la Venecia de calles sin salidas, de edificios con andamios, pararse en mitad del puente a mirar pasar las góndolas y vaporettos por el Gran Canal, entrar en muchísimas tiendas de máscaras venecianas antes de comprarme la que tengo ahora encima de mi mesa, imaginar a Carlota sentada en el Florián, con la orquesta tocando, y sin turistas con gorra y botellas de agua alrededor, imaginarme en un futuro con un disfraz de carnaval paseando por San Marcos… Venecia tiene un encanto especial, único, el encanto de su finitud, de que algún día desaparecerá bajo las aguas, las casas con humedad, los frescos de Tintoretto que ya no están en la fachada de un palazzo. Venecia una y otra vez. Despedirse de Venecia, no con un adiós, sino con un hasta pronto. Hasta dentro de otros cuatro años y tres meses.

… o al menos eso dicen.
Yo haré la comprobación este verano. Ya os contaré a la vuelta.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…
[...]

Antonio Machado

Mis deportivas preferidas me odiarán dentro de tres semanas.
Ahora están limpias, los cordones sin retorcer, aún no llevan agujeros… no sé cómo acabaran. Pero no querré tirarlas. Como dice Machado se hace camino al andar.
También se hace camino a los hombros, llevando la mochila del interrail. Aún está vacía, apoyada en una esquina de la habitación y a su alrededor, esparcidos en el suelo, los trastos que hay que meter en ella: mucha crema solar, muchísimo aftersun, unas cuantas camisetas de tirantes y un par de pantalones. Y las gafas de sol. Y la moleskine para escribirlo todo.

Mis deportivas color beis comodísimas os contarán aventuretas a la vuelta de mi interrail por Italia, casi tres semanas de cafés, helados, pizza, pasta, lanzar una moneda en la Fontana di Trevi, montar en góndola en Venecia, ver la biblioteca de la Universidad de Bolonia, los palacios renacentistas de Florencia, hacernos la típica foto en la torre de Pisa, perdernos en el barrio de Trastevere, pisar el mismo suelo en el que los romanos se montaban fiestas subidas de tono en Pompeya, intentar tocarle el culo al David de Miguel Ángel o colarnos en la Biblioteca Vaticana, muchas horas en tren, admirar a Bernini en las puertas del Baptisterio, recitar un poco de Shakespeare en Verona, tomarnos un helado nocturno en frente del Coliseo y muchos etcéteras.

El plan incluye volver sana y salva la última semana de Julio.
Pero sabemos de sobra que lo planeado rara vez se mantiene sin cambios.

Ciao!

[Foto: mi primer viaje a Italia. Venecia, Abril 2005. Intentaré hacerme la misma foto cuatro años y tres meses después.]

Una estudiante de Filología debe hacer fotos filológicas, ¿no?

En el trabajo de Nerea Marco se aprecia la interpretación del cartel como herramienta de comunicación y, también, la invitación a reflexionar sobre la estética en la presentación de los mensajes en la Grecia actual. Se podría hablar de “fotos filológicas” donde emisor, mensaje y receptor están presentes como motivo y latentes como estímulo a la creación.

Algunas de las fotos de la serie Carteles en Grecia que mandé para el concurso:


En las fotos filólogicas no podía faltar El Quijote,

… algún sintagma, …

… alguna teoría al respecto.

Que un Stop al revés te indique que pares…

… y decidir si entrar o salir,…


… si ir a la biblioteca infantil o a la cafetería.

…pero me han obligado a volver. Snif.

Muchas ruinas. Muchas fotos. Mucha gente. Muchas risas.

Y dos finales del mundo en los que me hubiera quedado sin dudarlo.

Meteora, el final del mundo y el principio del cielo.


Sounion, el final de la tierra, un Finisterre griego.

Pero no penséis que todo han sido vacaciones, no. La carrera y los trabajos me persiguen aunque huya a otro país. Tanto que, cuando salía a la calle, lo único que veía eran sintagmas.

Porque no es necesario tener algo que celebrar para comer chocolate.
Aunque el chocolate sabe mejor si hay algo que celebrar.
Y porque las celebraciones los miércoles sientan bien.
Y, misteriosamente, si celebras algo ajeno, te lo pasas mejor.

Pasea y piensa. O piensa y pasea. A veces no se da cuenta de que pasea. Sólo piensa, mirando sin mirar. Siempre mirando sin mirar, siempre atento sin atender, siempre ocupado sin nada que hacer, siempre haciéndose el interesante y tan tremendamente perdido como los demás. Y a veces, cree que piensa y no sabe en qué.
Y llega a casa y le duelen los pies.
Helena Torres.

Este finde he vuelto a comer fresas.
Y a terminar otro libro. Y a ver la peli rara de los sábados en la tv.
Me sigue doliendo el pie, a veces.
Aunque el reloj sigue sin pilas, tempus fugit, o tempus me fugit.
Y me encontré a mi arañita metiéndose dentro del bolsillo de mi abrigo.
Creo que se quiere venir a Grecia en Semana Santa.
No es tonta la arañita, no.

Edit: Y si tenía poco tiempo, hay que cambiar la hora.
A las 2am serán las 3am.
¿Dónde irán esas horas perdidas?

Al señor que tenía un craneo previlegiado le han puesto una bufanda en Madrid:

La estatua de Ramón María de Valle-Inclán situada en el madrileño Paseo de Recoletos ha recibido este mediodía su XXVI bufanda blanca, siguiendo una tradición por la que cada año, en el Día Mundial del Teatro, los dramaturgos expresan de esta forma su admiración por la obra y autores de todas las épocas.

Valle-Inclán ya se ha paseado por este blog un par de veces:

¿Qué debemos hacer? Arte, no. No debemos hacer arte ahora, porque jugar en los tiempos que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero una justicia social.

Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato, y reflejados en los espejos dan el Esperpento. La tragedia nuestra no es la tragedia, es esperpento.

Las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!”. Memorable escena: un famélico Max Estrella se queja ante el Ministro de la Gobernación de su condición de poeta menesteroso, sombra infausta de glorias pasadas. Acontecía la entrevista, según el genio valleinclanesco, en un “Madrid absurdo, brillante y hambriento”, allá por la década de los veinte del siglo homónimo. Valle Inclán pasaba el testigo de un descrédito que venía de antiguo, potenciado en gran medida (y paradójicamente) por la propia literatura. Poetas hambrientos, filósofos disparatados y gramáticos en pupilaje pululan por la república literaria de todos los tiempos. Don Quijote es el ejemplo más señero del perjuicio que infligen las letras.

[Foto: la semana pasada en Madrid, después de hacerme la foto con la vaca quijotesca.]

Y si el día Mundial de Tolkien lo celebramos yéndonos a una charla sobre Tolkien y el Romanticismo, el día Mundial del Teatro tocará ir al teatro: Señorita Julia.

Aunque había ido a Madrid para ser reportera 2.0 de literatura infantil y juvenil, siempre hay tiempo para los clásicos. Y más si es El Quijote, eterno libro en mi mesilla este cuatrimestre.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.