Intentos de estudio sin final feliz:
Si yo lo intento, en serio, pero no hay manera. Los jueves, viernes sábados o domingos no se puede estudiar. Y los lunes, martes y miércoles tengo que descansar de los intentos anteriores y reponer fuerza para los siguientes, así que... ¿ayudas, trucos, giratiempos de Hermione, por favor?
¿Qué leo?
  • La chica del átomo dorado de Ray Cummings.
  • Lecturas anteriores, en este enlace. Un párrafo de cada libro que leo, café en mano.
    Citas literarias:
    Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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    Tonteo con una de las aplicaciones del Facebook mientras pienso qué meter en la maleta para el final del año.
    ¿Es importante qué camiseta llevar la última noche del año?
    ¿Me condicionarán los botines morados que me pondré en año nuevo?
    Y pensando en estas preguntas trascendentales y en las fotos del my year`s resolution del facebook, entraré dentro de poco en el día en el que hay un hombre en la plaza del pueblo que tiene tantas orejas como días tiene el año.

    my year resolution

    Resumen fotográfico del año, de arriba abajo y de izda a drcha:
    Dublín con Molly Malone; final de carrera de hispánicas de una amiga o nuestro paso de ecuador de segundo de carrera; el sol del Sáhara al atardecer; Grecia, Micenas y la puerta de los leones con los mejores compañeros de viaje que pudiera imaginar; la Zaragoza romana; Venecia, siempre Venecia, en el interrail a Italia; Salamanca, el Lazarillo y la Celestina; Feria del Libro de Madrid con los del Templo; Barcelona invadida por los filólogos; laqueaquíescribe en el final del mundo, cabo Sounion en Grecia; Hispacón en Huesca con salida nocturna inclusive; impresionante Cartago, Túnez; pintoras que pintan cuadros vivientes en un pueblo de Teruel en fiestas; karaoke filólogo y vídeos conmemorativos; verano en un lugar de Teruel con los mejores amaneceres de agosto; fiesta hawaiana-cumpleañera-filóloga-veraniega.

    Y más etcéteras que me dejo, seguro.
    Me falta corcho, tanto virtual como real, en mi pared de la habitación.

    Simbólicamente, cerramos el verano, sanseacabó.
    Literalmente, en la foto, el candado de mi peña del pueblo, snif.
    Hasta el verano que viene, quedan 334 días para volver a empezar.

    Ayer, última noche del verano, cierre final de noches de peña, luna, pueblos, risas y amigos.
    Y ahora estoy de nuevo en la ciudad del cierzo, con semáforos, ascensores y wifi, con el horario cambiado y así no hay quien duerma. Y además, no se ven las estrellas en el cielo.

    Una estudiante de Filología debe hacer fotos filológicas, ¿no?

    En el trabajo de Nerea Marco se aprecia la interpretación del cartel como herramienta de comunicación y, también, la invitación a reflexionar sobre la estética en la presentación de los mensajes en la Grecia actual. Se podría hablar de “fotos filológicas” donde emisor, mensaje y receptor están presentes como motivo y latentes como estímulo a la creación.

    Algunas de las fotos de la serie Carteles en Grecia que mandé para el concurso:


    En las fotos filólogicas no podía faltar El Quijote,

    … algún sintagma, …

    … alguna teoría al respecto.

    Que un Stop al revés te indique que pares…

    … y decidir si entrar o salir,…


    … si ir a la biblioteca infantil o a la cafetería.

    …pero me han obligado a volver. Snif.

    Muchas ruinas. Muchas fotos. Mucha gente. Muchas risas.

    Y dos finales del mundo en los que me hubiera quedado sin dudarlo.

    Meteora, el final del mundo y el principio del cielo.


    Sounion, el final de la tierra, un Finisterre griego.

    Pero no penséis que todo han sido vacaciones, no. La carrera y los trabajos me persiguen aunque huya a otro país. Tanto que, cuando salía a la calle, lo único que veía eran sintagmas.

    Porque no es necesario tener algo que celebrar para comer chocolate.
    Aunque el chocolate sabe mejor si hay algo que celebrar.
    Y porque las celebraciones los miércoles sientan bien.
    Y, misteriosamente, si celebras algo ajeno, te lo pasas mejor.

    Pasea y piensa. O piensa y pasea. A veces no se da cuenta de que pasea. Sólo piensa, mirando sin mirar. Siempre mirando sin mirar, siempre atento sin atender, siempre ocupado sin nada que hacer, siempre haciéndose el interesante y tan tremendamente perdido como los demás. Y a veces, cree que piensa y no sabe en qué.
    Y llega a casa y le duelen los pies.
    Helena Torres.

    Este finde he vuelto a comer fresas.
    Y a terminar otro libro. Y a ver la peli rara de los sábados en la tv.
    Me sigue doliendo el pie, a veces.
    Aunque el reloj sigue sin pilas, tempus fugit, o tempus me fugit.
    Y me encontré a mi arañita metiéndose dentro del bolsillo de mi abrigo.
    Creo que se quiere venir a Grecia en Semana Santa.
    No es tonta la arañita, no.

    Edit: Y si tenía poco tiempo, hay que cambiar la hora.
    A las 2am serán las 3am.
    ¿Dónde irán esas horas perdidas?

    Aunque había ido a Madrid para ser reportera 2.0 de literatura infantil y juvenil, siempre hay tiempo para los clásicos. Y más si es El Quijote, eterno libro en mi mesilla este cuatrimestre.

    En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

    [Viaje a Túnez]

    Lo más impresionante del anfiteatro de El Djem no es toda la información que nos da la Wiki sobre él, sino sentarse unos minutos en sus gradas e intentar imaginar cuánta gente estuvo allí sentada antes. Bajar a la arena y pensar quiénes estuvieron luchando allí y por qué, y en qué pensaban, abajo en los túneles, antes de salir a la arena, con los espectadores gritándoles, pidiendo espectáculo, sangre, violencia. Tocar las piedras, ásperas, y que el sol se cuele entre los arcos, deslumbrándote.

    Mientras los turistas enlatados suben y bajan de sus autobuses, los guías repiten una y otra vez la misma información, refrito de guías de viajes y libros de historia, los jóvenes -y los mayores, todos- se llevan de recuerdo una piedra, un poco de arena, miles de fotos… los arcos aún se sostienen, en precario equilibro, viendo pasar los siglos.

    El anfiteatro de El Djem, también llamado coliseo de Thysdrus, situado en la ciudad de Thysdrus, en la provincia romana de África (actual El Djem, en el vilayato de Mahdia, Túnez), es el mayor anfiteatro romano de África, y el cuarto del mundo, por detrás del Coliseo de Roma, el Anfiteatro de Capua y el Anfiteatro de Pozzuoli.

    Fue construido en 238 a. C. por el procónsul Gordiano, bajo el reinado del emperador Maximino el Tracio. Probablemente albergó combates de gladiadores, carreras de carros y otros juegos de circo.

    A pesar de la utilización de algunas de sus piedras para la construcción de la ciudad de El Djem, aún se encuentra muy bien conservado. Se supone que se mantuvo intacto hasta el siglo XVII; según la tradición árabe, a partir de 1695 se comenzó a demoler la fachada exterior. Aún se conservan los fosos de los leones y un sistema muy elaborado de canalizaciones y cisternas para la recogida del agua de lluvia

    A veces recibe el nombre de Ksar de la Kahena, por la princesa bereber Kahena, que en el siglo VII unió las tribus bereberes para frenar el avance de los invasores musulmanes. Vencida y perseguida, se refugió con sus seguidores en el anfiteatro, donde resistió durante cuatro años. Según la leyenda, fue traicionada por su joven amante, que la apuñaló y envió su cabeza embalsamada al jefe del ejército árabe.

    El anfiteatro fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.

    Entre huesitos y nubes, entre literas y almohadonazos, entre 400 y 600 fotos, entre música-literatura y pero es que exigentes, entre Ramblas y Paseo de Gracia, entre Las Meninas por Picasso o por Velázquez, entre mimos callejeros y gogós de discoteca, entre Starbucks y colacaos comunitarios, entre cortos de terror en el barrio gótico y frondosidades del parque Güell, entre horarios planeados pero no cumplidos y billetes de metro, entre el modernismo de Gaudí y el gótico de las catedrales, entre filólogos y amigos… así hemos pasado el fin de semana en Barcelona.

    Ya comenté la semana pasada que me escapaba unos días a Madrid.

    Desde que llegué hasta que me fui, no paré ni un momento.
    Dio tiempo a ver exposiciones -me volví a enamorar del cubismo y me entraron ganas de irme a Grecia-, teatro – últimamente todo me suena a Siglos de Oro-, concierto -genial-, aproveché para comprar algún regalo de Navidad en la Feria de Artesanía, asombrarme de la puntualidad del metro, recordar por qué me gusta Madrid para tres días y no más, etc.

    Pero lo que más me llamó la atención fue el movimiento antiBolonia que se intuye en cuanto entras a alguno de los campus universitarios.
    En la Universidad Complutense de Madrid -a la que fuimos para intentar ver una muestra de teatro universitario y no lo conseguimos, pero esa es otra aventura que se contará en otro momento-, vimos muchísimas pintadas y graffitis en contra del plan Bolonia que se va a instalar o ya se está adaptando en la Universidad.

    Aquí, en Zaragoza, los estudiantes universitarios también están protestando contra el plan, con manifestaciones o encerrándose en el edificio de Interfacultades. Tenemos carteles y folletos por todo el campus universitario, pero no graffitis ni pintadas.

    ¿Se deben ensuciar de esta manera las instalaciones públicas de las que nosotros mismos somos usuarios? ¿es legítima esa manera de llamar la atención? ¿sabemos en realidad qué es el plan Bolonia y cómo nos afecta? …

    ¿Qué es poesía?

    ¿Qué es poesía? –dices mientras clavas
    en mi pupila tu pupila azul.
    ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
    Poesía… eres tú.

    Bécquer

    [Un graffiti, en una calle de Salamanca, detrás de la catedral, cerca del Huerto de Calisto y Melibea.]