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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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Zaragoza Literaria. Artículo publicado en el número trece de la revista de literatura infantil y juvenil El Templo de las Mil Puertas.

  • Lee la revista completa en este enlace
  • No todos los eventos literarios tienen lugar en Madrid o en Barcelona. El pasado mes de noviembre, en Zaragoza, tuvimos dos presentaciones de literatura infantil juvenil bastante interesantes: David Lozano cerraba la trilogía de La Puerta Oscura con Réquiem y la autora novel Sandra Andrés nos presentaba su novela El violín negro.

    Ambos son autores zaragozanos, por eso en sus presentaciones no faltó público, sino espacio para más lectores y amigos que habían ido a apoyarles ese día. El 12 de noviembre, por la tarde, en el Salón del Trono del Palacio de Sástago, David Lozano presentó Réquiem, última parte de su trilogía La Puerta Oscura, publicada en la editorial SM. El acto corrió a cargo de la escritora Care Santos, que ya había visitado la ciudad a finales de octubre para presentar su libro de relatos Los que rugen. Care Santos habló tan bien del libro, de los personajes de Lena y Jules, de la Colmena de Cronos y el final de la trilogía, que a los que todavía no habían leído el libro les entraron ganas de acompañar a Pascal en su última aventura traspasando la puerta oscura.

    Y si esa tarde fue David quien presentaba libro y a quien se dirigían todas las miradas, en el siguiente acto literario, le tocó a él presentar El violín negro, la primera novela de Sandra Andrés, autora novel también zaragozana. En el espacio de la Casa del Libro dedicado a las firmas de autores y a las presentaciones, pudimos ver que Sandra y David comparten afición por la literatura gótica, de terror, de misterio, por seres convertidos en leyenda, como el fantasma de la Ópera, pues de eso trata El Violín negro, publicado en la editorial Laberinto.

    Y con esta presentación no se acabó el mes de literatura juvenil en Zaragoza. David Lozano impartió días después una charla en la Fnac con el título Literatura inquietante y sobre los entresijos de crear una saga. En ella, sus lectores pudieron preguntarle por sus manías al escribir, si lee libros mientras escribe y qué tipo de literatura es su preferida, o si tiene algún proyecto en mente después de terminar la trilogía.

    Aunque parezca que todos los actos literarios se concentran en Madrid o en Barcelona, seguro que hay alguna presentación que tiene lugar en tu ciudad. Pregunta en la librería, infórmate en blogs y webs y es posible que alguno de tus escritores favoritos pueda firmarte el libro en tu ciudad.

    Mientras no se le ocurra a la silla venir como siempre a darme una palmadita en el hombro y a la mesa de la cocina refugiarse en mis brazos y a la bolsa de agua caliente besarme en los labios y decirme al oído entre carantoñas y risas mil cosas que no logro comprender y a la servilleta y los paños de cocina romper a aplaudir y dar cabezazos contra la cuerda que separa la escasa luz que entra por la ventana y la cara de pocos amigos que pone el mármol a pesar de los millares de cintas de todos los colores que lo adornan les basta con ver bailar sobre el plato dormido en el rincón a los guisantes para animarse [...]

    7 de Noviembre de 1935
    Poemas en prosa, Pablo Picasso

    Del final de La Sirenita ya habíamos hablado aquí alguna vez. Ahora, gracias a la World Digital Library, podemos leerlo. Leer Stories from Hans Andersen, publicado en 1911 y digitalizado por completo, sus 250 páginas con ilustraciones inclusive.

    La Biblioteca Digital Mundial permite descubrir, estudiar y disfrutar de los tesoros culturales de todo el mundo en un único lugar, de diversas maneras. Estos tesoros culturales incluyen, pero no se limitan a, manuscritos, mapas, libros poco comunes, partituras musicales, grabaciones, películas, grabados, fotografías y dibujos arquitectónicos. Los artículos de la Biblioteca Digital Mundial se pueden explorar de manera sencilla según lugar, época, tema, clase de artículo e institución colaboradora, o pueden localizarse mediante una búsqueda abierta, en varios idiomas.

    De lo que es capaz el interné, eh? Esto se lo cuento a mi abuela y no se lo cree.

    Bueno, no es muy diferente a una conversación en la nueva serie La chica de ayer (de memoria):
    - Vaya, yo venía aquí de pequeño. Me encantaban los vinilos, ahora ya no los escucho.
    - ¿Por qué?
    - Porque ya no hay en mi tiempo de esto.
    - Ah, ¿se escuchan más los cassettes?
    - …
    - ¿Qué?
    - No me vas a creer, pero… ahora tenemos unos cacharros así de pequeñitos donde caben miles de canciones.
    - Ja! Anda, vámonos…

    Y un científico logra escribir en la página usando sus impulsos cerebrales.

    Sol.
    Algunas gotas.
    Parece que va a llover.
    Muchos apuntes encima de la cama.
    Los libros por el suelo, en columnas de precario equilibrio.
    Con ganas de poco. De nothing. Gracias.

    Silence.
    Para leer. Para (d)escribir a Durandarte. Para inspirarme (en) el trabajo. Para ordenar(me) los apuntes.
    Desconectando la música, el ordenador, desconectándo(me).
    Sólo silence. How? Get me drunk each night.

    Merece la pena leer el discurso de Juan Marsé en la entrega del Premio Cervantes.

    Pero la primera lectura completa del Quijote fue, por supuesto, una experiencia especial. Si recuerdo bien, al tercer intento lo leí de cabo a rabo. Tardes enteras de domingo sentado en los bancos ondulados del parque Güell, en el otoño del 49, bajo un sol rojizo y en medio de un griterío de niños jugando en la plaza entre nubes de polvo. Una lectura germinal. Y siempre que he revisitado el libro, esa impresión germinal ha persistido. En el corazón del caballero chiflado que no distingue entre apariencia y realidad, anida, como es bien sabido, el germen y el fundamento de la ficción moderna en todas sus variantes. Por supuesto, el lector adolescente no se paró a pensar en eso. Ninguna teoría le distrajo entonces de unas aventuras tan descomunales y descacharrantes, sujetas a tantos desencantos y amarguras, pero hoy le gusta pensar que algo percibió de aquel prodigio fundacional, del remoto primer deslumbramiento que supuso aquella lectura. Me refiero, y no pretendo descubrir
    nada nuevo, al asunto que articula la entera composición del genial libro, la temática medular de la que nacerá, según opinión general, la novela moderna.

    Bueno, yo no leí El Quijote en el Parque Güell.
    Pero estuve en el Parque Guëll con filólogos que estamos en proceso de leernos El Quijote.

    Veamos si consigo explicarme.
    En el origen de la vocación, allá por los años cuarenta del siglo pasado, habría en la imaginación del aprendiz de escritor un famoso esqueleto de leopardo sobre las nieves del Kilimanjaro, una imagen germina1 que evoca una senda recorrida, de la cual, sin embargo, no queda ningún rastro, ninguna huella. Sería algo parecido al recorrido del Minotauro en su laberinto. Nadie sabe si el monstruo podrá salir, si recuerda el trazado de su propia obra, los oscuros motivos que le indujeron a su construcción, y los meandros y detalles de su intríngulis. Nadie sabe si, en realidad, es prisionero de su obra. Sabemos, eso sí, que Teseo ha sido lo bastante ingenioso para tender un hilo que le permite rehacer el camino y salir. Pues bien, ese hilo, ese ingenioso ardid, no sería otra cosa que el relato literario, la forma inteligible que desvela la personal arquitectura monstruosa, al fondo de la cual se esconde el terrible constructor, con sus sueños y obsesiones, su verdad y sus quimeras. El escritor, en fin. Él es, a la vez, los despojos del remoto leopardo y el urdidor del trazado inextricable que lo encierra herméticamente en su propia obra. Frente a este misterio, o tal vez sería mejor decir frente a este galimatías, a tenor de la confusa exposición que temo haber hecho, siempre me reconfortó recordar algo que dejó dicho el gran poeta, y controvertido ciudadano, Ezra Pound: El esmero en el trabajo, el cuidado de la lengua, es la única convicción moral del escritor.

    Día del libro.
    Dos grandes de las letras, Cervantes y Shakespeare, se murieron el mismo día pero no la misma fecha.
    En la ciudad del cierzo, día de San Jorge, de Aragón y del libro.
    Libros, claveles, sol y artesanía.
    Intención: comprarme un libro. Realidad: volver a casa con seis.

    Varios descubrimientos en las veinticuatro horas del día del libro -y del cumpleaños de Super Anapesto-.
    Descubrimientos nocturnos, como la sorprendente dicción de Judith en La Campana de los Perdidos. Descubrimientos en una hora en la que debería estar prohibido estar despierto, como que montar un puesto de artesanía después de una noche de juerga es mortal. Descubrimientos vespertinos, como la voz de Almudena Vidorreta leyendo sus poemas. Impresionante. Los leo en casa y no suenan igual. Pronunciar lluvia igual que ella es imposible.
    Me doy a dormir con uno de los descubrimientos de hoy.

    Puedes ser la última mujer de mi vida,
    pero quizás tengas todavía el poder
    de recordarme a la primera.
    .

    Cabes redonda en el filo preciso de mi lengua.
    Eres salvaje, potente hembra de la noche
    y a veces lloras sin saber que no estás sola.
    .

    Valgo en la lluvia el precio de una gota de agua
    y en su interior construyo un mundo.
    .

    Un sable, una espada.
    Los labios desnudos de palabras.
    Silencio fluyendo entre nosotros.
    .

    Nunca sabremos por qué se van los amantes al amanecer
    o si a la que has amado esta noche
    sigue siendo la misma que ahora desayuna.
    .

    Cada lugar de tu mirada se hace eco de ti,
    es posible que dentro de un tiempo
    aún te recuerden los álamos.
    .

    El Alhaquín, Fernando Sarría.
    I Accésit de la V Edición del Premio de Poesía Delegación del Gobierno de Aragón – Cajalón.

    Edit, para los filólogos:
    (Leyendo EspacioLibros) Si se os apodera El Quijote, otra manera de leerlo es escucharlo en directo en CervantesTV, en la tradicional lectura continuada de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

    Ya está en línea el número 13 de la revista Narrativas.
    Podéis descargarla en este enlace.

    Ensayo

    Las máscaras en “La región más transparente” de Carlos Fuentes, por María Pía Pasetti
    Agendas narrativas: una lectura de la narrativa peruana última, por Carlos García Miranda
    Dos lecturas foráneas de El Quijote. Jorge Luis Borges y Felisberto Hernández, por Mónica Salinas
    El mundo de los sentidos en la obra “Café nostalgia” de Zoé Valdés, por Orlando Betancor
    El mal del siglo, por Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón

    Relatos

    La dimensión perdida de los espejos, por Javier Quiñones
    El club de los idealistas de los últimos días, por Gabriel Schutz
    Microrrelatos, por Araceli Esteves
    Casacas de cuero negro, por Carlos García Miranda
    Un día cualquiera, por Roxana Popelka
    El número cuatro, por Leopoldo de Trazegnies Granda
    Tres relatos, por Mónica Sánchez Escuer
    El dueño, por Porfirio Mamani Macedo
    Cuentos eróticos, por Ligia Minaya
    Cosas que decidir mientras se hace la cena, por Maite Núñez
    Catalina de 9 años, por Carlo Reátegui Avilés
    La vida encima, por César Alejandro Obregón Guzmán
    La foto, por Francisco Ruiz
    Juego de mesa, por Luis Emel Topogenario
    Los cuentos del posadero de Bacharach, por Enrique García Díaz
    La iglesia de Gabor, por José Antonio Lozano
    En cuerpo y alma, por Laura López Alfranca
    Por qué odiar a Raymond Chandler, por Esther Ranera
    Solo era un gato, por Lea del Pozo
    A la caza del tesoro, por Daniel Alejandro Gómez
    Castañas pilongas, por José María Morales
    El orfeón esmeralda, por Blanca del Cerro
    El silencio, por Pepe Pereza
    Licores de Santa Caterina, por Fran García Parra
    Correspondencia nicaragüense, por Berenice Noir
    Preciosa y perezoso, por Olivia Vicente Sánchez

    Narradores
    Fernando Iwasaki

    Reseñas
    “Cómo matar a un poeta” de Manuel Jurado López, por Pablo Lorente Muñoz
    “15 maneras de decir amor” de María Frisa, por Luis Borrás
    “La fiebre del atún” de Andrés Casanova, por María Helena Sofía
    “Piedad” de Miguel Mena, por Luis Borrás
    “Cuatro veces fuego” de Lara Moreno, por Miguel Sanfeliú
    “Con la soga al cuello” de Flavia Company, por Pablo Lorente Muñoz

    Miradas
    El gato y la simbología ambivalente, por Vanessa Alanís Fuentes Oliver
    La vorágine oculta, por Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón

    Novedades editoriales

    Y ahora, a leer poquito a poco, que son muchas páginas…

    Sócrates decía: sólo sé que no sé nada.
    Yo algo sé, que nos vamos a Grecia.

    [La Wiki, que ha ganado a la Encarta por goleada, nos dice que:]

    Él no se consideraba a sí mismo sabio, aun cuando uno de sus mejores amigos, Querefonte, le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates, y la Pitonisa le contestó que no había ningún griego más sabio que él. Filósofos, poetas y artistas, todos creían tener un gran conocimiento, pero en cambio Sócrates era consciente tanto de la ignorancia que le rodeaba como de su propia ignorancia, y este conocimiento lo llevó a tratar de hacer pensar a la gente y hacerles ver el conocimiento real que tenían sobre las cosas. Fingiendo saber menos, conversaba con la gente y luego les hacía notar sus errores; a esto se le denominó «ironía socrática», la cual queda expresada con su célebre frase «Sólo sé que nada sé».

    Su más grande mérito fue crear la mayéutica, método inductivo que le permitía llevar a sus alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban, por medio de hábiles preguntas cuya lógica iluminaba el entendimiento.

    Murió a los 70 años de edad, en el año 399 a. C. aceptando serenamente una condena e ingiriendo cicuta, como método elegido de entre los que un tribunal, que le juzgó, le ofrecía para morir por no reconocer a los dioses atenienses y por, según ellos, corromper a la juventud. Según relata Platón en la apología que dejó de su maestro, éste pudo haber eludido la condena, gracias a los amigos que aún conservaba, pero prefirió acatarla y morir.

    ‘Soy el hombre superficial más culto del mundo’, dijo un día a Jung uno de sus pacientes, orgulloso de haber logrado conciliar dos cosas en apariencia incompatibles. Pero también a los cuerdos nos vuelven locos las contradicciones. En los circos antiguos solían exhibir a un señor de estatura normal (la de Bush, pongamos por caso), del que el jefe de pista aseguraba que se trataba de un enano gigante traído de las antípodas. Recuerdo que los niños nos mirábamos confundidos por aquel disparate lógico que no era más que un anticipo de la vida. Años más tarde, cuando leímos la afirmación de Monterroso según la cual los enanos tienen un sexto sentido para reconocerse en público, me pregunté si Bush sería capaz de distinguir a simple vista a la gente de su estatura, aunque, a juzgar por los compañeros de foto que elige en las cumbres, quizá sí. Tenemos, en fin, una pasión inexplicable por el contrasentido, de ahí la invención del muerto viviente, del pollo sin colesterol, de las aceitunas sin hueso, de los peces sin espina o de los melocotones sin piel.

    En EE UU acaban de fabricar un ratón transgénico que, aunque castrado, tiene la espalda llena de testículos productores de semen de cabra. Pero las barbaridades que hacemos ahora con la biología llevamos siglos haciéndolas con la gramática. En realidad, somos el resultado de nuestros aciertos y desaciertos verbales. Si Dios juega a los dados con los átomos, el hombre juega a la ruleta rusa con las palabras. Las arroja sobre el tapete y, si salen juntas gusano y vertebrado, ya no para hasta conseguir una lombriz con espina dorsal; si salen trabajo y basura, inventa las empresas de trabajo temporal. Monstruosidades, que no falten. Ahí tienen ustedes la democracia cristiana, la música militar, el mercado libre, la luz negra, la fusión fría, el pensamiento único, la aldea global, la cirugía indolora, la ardiente oscuridad, la lluvia ácida, la contabilidad creativa, la economía real y el capitalismo popular.
    Pero, entre los productos transgénicos más sorprendentes de ahora mismo, hay que destacar el del dato sin información. Se trata, en efecto, de un dato con el sabor, el olor y la textura de un verdadero dato, aunque manipulado de tal modo que no lleva dentro referencia alguna. De ahí que sea un dato inhábil: no engorda, pero tampoco alimenta. Si alimentara, usted y yo seríamos más sabios que Salomón, pues no hacemos otra cosa que administrarnos datos a mansalva (qué rayos querrá decir mansalva). Nos despierta la radio con datos, leemos periódicos cuyas páginas están llenas de datos, y completamos la dieta con los datos de colores de la tele. Si los datos fueran tan saludables para la cabeza como el yogur desnatado para el cuerpo, seríamos aristócratas del pensamiento. Pero no somos nada porque la particularidad del dato transgénico es la de pasar por la conciencia sin romperla ni mancharla; es decir, que no nos enteramos.

    Degusten, por cortesía de la casa, algunos datos tomados al azar: sólo en Madrid, y con las dos viejitas que acaban de aparecer, han fallecido en lo que va de año 68 ancianos abandonados a su suerte. Cuando la policía, alertada por el mal olor, llega a las viviendas, ya llevan dos semanas, o dos años, descomponiéndose en el pasillo, o en el dormitorio. O sea, que han muerto como perros, por emplear una expresión antigua que en el verano recobra todo su vigor. No sabemos cuántos pisos hay ahora mismo habitados por cadáveres de ancianos solitarios en ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona, pero seguro que la cantidad se podría expresar ya en porcentajes. El porcentaje es el dato transgénico por excelencia, pues no se te atraganta aunque el muerto sea tu padre. Otro dato: en el último puente se han dejado la vida en las carreteras 65 personas. Los accidentes de tráfico contienen ya tan poca información que los periódicos no saben si darlos en Sociedad, Cultura o Espectáculos. A veces, ni los dan.
    Más aún: acaban de morir dos mujeres, una quemada y la otra estrangulada, a manos de sus maridos, aunque Amina Lawal continúa viva gracias a la lactancia, porque cuando el bebé comience con los potitos será enterrada hasta la cintura y apedreada hasta la muerte si no lo remedian los abajo firmantes.
    ¿Nota usted malestar, dolor? ¿Tiene náuseas, vómitos, mareos o sensación de vértigo? Desde luego que no. ¿Por qué? Porque somos, como el paciente de Jung, las personas superficiales más informadas del mundo. Viva la anestesia y arriba el ratón-cabra.

    Juan José Millás, El País, 21 de agosto de 2002


    [Ya empezamos con los comentarios de textos para Selectividad. Es lo que tiene ser profe de repaso para pagarse los caprichos, que revives el estrés y los nervios de Selectividad todos los años...]

    Vía: Muy Interesante.

    Decía George Orwell, el escritor británico autor de 1984 y Rebelión en la granja, que el secreto de una buena prosa reside en elegir, entre dos palabras de idéntico significado, la que sea más corta. Una filosofía que practicó también el español Azorín, que acostumbraba a tachar en sus manuscritos todos aquellos términos que le parecían difíciles o rebuscados, y que sustituía por otros más sencillos o menos impostados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se vive el fenómeno contrario: algunos hablantes tienden a engordar las frases con expresiones ampulosas, pomposas y sonoras. Así, es habitual escuchar climatología en lugar de clima, altitud por altura, y citación por la mucho más vulgar cita.

    Hace años el profesor Aurelio Arteta definió estas palabras artificialmente sobredimensionadas para que suenen más importantes como archisílabos, y desde entonces denuncia de vez en cuando las actitudes archisilabizadoras de políticos, profesionales y periodistas, entre muchos otros. Por ejemplo, el hombre del tiempo que anticipa en televisión precipitaciones, en vez de anunciar lluvias; el médico que, ante la sintomatología –no síntomas– de un paciente, encarga una analítica en lugar de un simple análisis, o el periodista o político que, en diarios y revistas, se refiere a cumplir la legalidad, cuando podría decir perfectamente la ley.

    Hay muchísimos más términos archisílabos, y por si necesita reciclar su léxico para ponerse a la moda, no olvide que debe decir caracterización en lugar de característica, peligrosidad en lugar de peligro y argumentación como alternativa archisilábica al común y vulgar argumento. En la misma línea, recuerde elegir llamamiento en vez de llamada, honorabilidad por honor y referente por modelo. No se olvide tampoco de los verbos. Utilice culpabilizar en vez de culpar, visionar por ver, inicializar por iniciar, y en lugar del aburrido abrir utilice el mucho más complejo y pretencioso aperturar. Y ante la duda, ya sabe, siempre lo más largo y complicado.

    [Por cierto, ¿a qué huelen los libros viejos? A lignina.]

    Al señor que tenía un craneo previlegiado le han puesto una bufanda en Madrid:

    La estatua de Ramón María de Valle-Inclán situada en el madrileño Paseo de Recoletos ha recibido este mediodía su XXVI bufanda blanca, siguiendo una tradición por la que cada año, en el Día Mundial del Teatro, los dramaturgos expresan de esta forma su admiración por la obra y autores de todas las épocas.

    Valle-Inclán ya se ha paseado por este blog un par de veces:

    ¿Qué debemos hacer? Arte, no. No debemos hacer arte ahora, porque jugar en los tiempos que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero una justicia social.

    Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato, y reflejados en los espejos dan el Esperpento. La tragedia nuestra no es la tragedia, es esperpento.

    Las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!”. Memorable escena: un famélico Max Estrella se queja ante el Ministro de la Gobernación de su condición de poeta menesteroso, sombra infausta de glorias pasadas. Acontecía la entrevista, según el genio valleinclanesco, en un “Madrid absurdo, brillante y hambriento”, allá por la década de los veinte del siglo homónimo. Valle Inclán pasaba el testigo de un descrédito que venía de antiguo, potenciado en gran medida (y paradójicamente) por la propia literatura. Poetas hambrientos, filósofos disparatados y gramáticos en pupilaje pululan por la república literaria de todos los tiempos. Don Quijote es el ejemplo más señero del perjuicio que infligen las letras.

    [Foto: la semana pasada en Madrid, después de hacerme la foto con la vaca quijotesca.]

    Y si el día Mundial de Tolkien lo celebramos yéndonos a una charla sobre Tolkien y el Romanticismo, el día Mundial del Teatro tocará ir al teatro: Señorita Julia.