Archivo de la categoría ‘amigos’
Me gusta cómo escribe Luis García Montero. Prosa o poesía. Me da igual. Me gusta todo.
Escribe hoy uno de mis poetas preferidos en la columna para CanalSur:
Madre e hija ordenaron por tamaños las ramas del pino, prepararon el tronco y formaron el árbol. En una esquina del salón, con la puerta cerrada para que no entrase el gato, la vida familiar se fue llenando de guirnaldas, bolas de cristal, corazones, muñequitos y lámparas de colores. Desde la ventana de casa, se veía también la alegría callejera, la sonrisa de los adornos que cuelgan sobre los coches, las farolas y las aceras. Las llamaradas de la fiesta suavizan el frío de la ciudad.
Este año es más navidad que nunca. O mejor dicho, este año es para mí navidad. Otros años no. Otros años, admito, odiaba a muerte estas fechas. Ayer noche sufrí un curioso momento película: entraba en el salón, con un plato de entrantes -jamón y queso español- y veía a todo el mundo moverse ralentizado, sonriéndose, sirviéndose vino, riéndose, acercándose un plato, sentándose en el suelo, pidiendo una canción, abriendo la puerta a más gente. Mis amigos, ellos, los que salen en esta foto. Los que hacen posible que sonría aunque diluvie, por los que me apetece salir de casa aunque nieve. Una foto que intenta resumir tres intensos meses de erasmus en Birmingham.

Ayer noche nos invitaban unos amigos -una italiana, una francesa y un alemán- a cenar en su piso. Era la cena de navidad, despedida de estos tres intensos meses juntos, última juerga juntos antes de volver cada uno a casa para pasar estas fechas tan familiares. Varios alemanes, varias españolas, un par de italianos, una francesa, un japonés, etcétera. Las españolas llegamos con tortilla española, jamón y queso de uno de los últimos -y necesarios para sobrevivir- envíos paternos. A pesar de que los anfitriones no nos dejaban, unos cuantos nos metimos en la cocina a ayudar con los preparativos. En el techo, un adorno navideño en el que podíamos leer Merry Xmas and Happy New Year. Los sofás eran comodísimos, pero el suelo también. Salieron de la nada vasos, platos y servilletas de usar y tirar en el salón. Alguien trajo vino australiano, buenísimo. Los dos italianos se hicieron cargo del plato principal. Tuvimos que estudiar detenidamente cómo hacer la foto para que cupiera todo el mundo. La foto oficial nos la hizo el taxista que venía a buscar a unos amigos que se tenían que ir pronto. No faltó chocolate en el postre. Ni tristeza por la separación. Ni planes para la segunda semana de enero. Ni ganas de volver a vernos, a pesar de no habernos separado aún. Las llamaradas de la fiesta suavizan el frío de la ciudad, como dice García Montero.
Mañana vuelvo a España, a mi ciudad del cierzo, Zaragoza.

Y fuimos a pasar el fin de semana a la ciudad de los Beatles, a Liverpool. Un fin de semana con amigos, con sol, sin lluvia, con frío y muchas ganas de pasárselo bien. Vimos una puesta de sol preciosa en el puerto. Nos encantaron las exposiciones de arte moderno de la Tate Gallery. Vimos las dos catedrales, la nueva y la vieja, de la ciudad. La casa-arte inclinada en Duke Street. El tour de los Beatles. Las casas natales de los cuatro Beatles. Penny Lane y Strawberry Fields. Música en directo en The Cavern Club. La estatua de John Lennon en The Wall of Fame. Luces de navidad, el camión de navidad de la Coca-Cola, Santa Claus. Un albergue que antes fue iglesia y ahora es una gozada de edificio. Estatuas de lambananas en la calle. Risas, fotos, amigos. Cafés, cervezas, música. Alemanes, francesa, italiana, japonés, indio, españoles. Erasmus. Qué más se puede decir.
Bueno, algo más cuento por aquí si queréis leer.

[Fotografía: Un fragmento de Praga. El porqué se llama la ciudad de las mil espinas.]
Hoy he viajado en tranvía, metro, autobús, avión, monoraíl y tren de cercanías. Llamo a mis padres desde el tren que me lleva del aeropuerto a Birmingham. No, ya estoy en Inglaterra. No, llegaré dentro de una hora a casa (y me doy cuenta de que le llamo casa a mi habitación en la residencia). Sí, Praga precioso, yo no quería volver. Sí, allí he comido algo mejor, ahora no tengo nada en la nevera, compraré mañana. ¡Oye, besos, que os dejo, que me tengo que bajar en esta parada, esta noche Skype!
En casa, incluyo un par de libros más en la lista de libros que les mandaré a los Reyes Magos. Uno de ellos es Lo que me queda por vivir, de Elvira Lindo, le tengo muchas ganas. Leo el blog de Elvira Lindo todos los días. Ella está en Nueva York y cuando yo estaba en España leía todos los fines de semana su columna en el periódico del domingo. Sonrío al recordar al guía ecuatoriano que nos explicó el tour por Praga el martes por la mañana y las preguntas que me hizo sobre la visita del Papa a nuestro país.
Ayer fue once de noviembre, el santo de San Martín, homónimo de mi pueblo perdido en Teruel. Lo celebré en Praga, con unos amigos que viven allí, comiendo oca con col y remolacha, plato típico checo del día, pues San Martín es también santo importante en Praga. Subimos a la torre de Petri para ver atardecer sobre la ciudad de Kafka, Kundera, Mucha, etcétera. El río zigzagueando, corriendo en medio de la ciudad, edificios antiguos en cada esquina en cada rincón, las calles que se resisten a ser rectas, el suelo adoquinado, las construcciones del siglo XIX, el teatro de la ópera iluminado de noche. No me quiero ir de esa ciudad. Y asistimos a un acto histórico, vimos cómo colocaban la última piedra del puente Carlos, el más antiguo de la ciudad, tras tres años de restauración.
Vuelvo a casa, a Birmingham, a la residencia. Dejo la mochila en la habitación y entro en la cocina a saludar. Mis compañeras de piso me preguntan qué tal mi viaje y dónde está Praga que no lo sitúan. Aclaremos, son inglesas, no americanas. Me vuelvo de la cocina con un vaso de zumo de naranja -¡qué frío hacía en Praga!- y enciendo el ordenador. Mis amigos me dicen: -Ya hemos reservado el albergue, el finde que viene a Liverpool, esta noche conéctate a Facebook para comprar los billetes de tren. Y hay que elegir qué día queremos ir a ver Harry Potter al cine.
En Facebook me encuentro un par de mensajes privados que me animan el día. Uno de ellos, de una prototraductora viajera y amiga estupenda dice Leipzig está hermanada con Birmingham ^^ eso es una señal. Hoy he mandado la solicitud con Leipzig y Jena como opciones principales para mi Erasmus. Empieza la cuenta atrás =) El año que viene será al revés, iré yo a visitarla. Antes de irme a Praga, desde Birmingham, le mandé una postal de cumpleaños a una amiga española que viene en Suiza. Me escribe en el muro de Facebook que le ha llegado un día antes de lo previsto.
El lunes empiezan las votaciones para ser Embajadora de Erasmussinmaletas y conseguir la beca de 300 euros al mes por contaros mi experiencia erasmus en blog y redes sociales durante este año. Anda, queridos doscientos lectores fantasmas diarios que se supone que tengo según googleanalytics, un clic de ayuda me vendría muy bien.
Voy a ponerme música y a deshacer la maleta. Snif. Adiós Praga. Hola Liverpool.
Ya llevo un mes en esta fría y húmeda ciudad y aunque eche de menos el sol y la borraja, el café y los cubatas decentes, estoy muy contenta. Me despierto por las mañanas y estoy en mi cuarto. Salgo casi todas las noches con mis amigos, ingleses, franceses, tailandeses, indios, españoles, etcétera. Voy a mis clases en la Universidad, que me encantan. Y todas las tardes me tomo una taza de té en mi taza.

Os dejo una foto de la evolución de mi famoso corcho. Sí, ese en el que colgaré vuestras postales cuando lleguen.
Esta mañana he hecho mi primera presentación oral en la Universidad. Así que me voy de cena a celebrarlo. Después de la Spanish Omelette Night y la Bollywood Night, hoy toca ya por fin British Night.

Sí, lo admito.
Tengo el blog con telarañas por vivir intensamente la vida erasmus.
Lo siento, aunque no mucho.
Y lo bien que me lo estoy pasando…
Somos cinco protofilólogos de la ciudad del cierzo que nos hemos ido de erasmus un año. Desde Francia, Grecia e Inglaterra, os iremos contando las aventuras y desventuras de nuestros viajes y vida en el extranjero.
Algunos de los protofilólogos, en concreto cinco, nos vamos de erasmus este curso. Estaremos a kilómetros de distancia: Inglaterra, Francia, Grecia. Pero no queremos perder el contacto ni con vosotros ni entre nosotros. Así que os presentamos el blog de los cinco: Protofilólogos por el mundo. Allí encontraréis aventuretas varias, vídeos nuestros, crónicas de nuestros viajes, anécdotas de nuestro erasmus y etcétera.
Os animamos a que nos sigáis los pasos en nuestro blog. Vosotros, lectores, ahí, sentados frente a la pantalla del ordenador, podréis cotillear todo lo que queráis y mandarnos ánimos, sol, lentejas y macarrones de la abuela y besos de nuestra familia en los comentarios.
Luis García Montero escribe en su blog Libre, el cuaderno de verano que ha mantenido estos meses en Público.es:
Cuando agosto nos ofrece una hamaca, cuando disfrutamos en la piel una sensación de plenitud soleada que nos une a la tierra, y las noches crecen como interminables enredaderas con olor a jazmín y amistad, y llegan a nuestros ojos, con la puntualidad de un tren perfecto, las páginas de los libros y los desnudos de las sábanas, caemos en la tentación de considerar que el tiempo es una propiedad privada. Pero el tiempo, enamorado de sí mismo, va de mostrador en mostrador, sin casarse con nadie.
La marea del tiempo se lleva agosto y nos deja a las puertas de un otoño duro. Parece que el invierno será duro también, como la primavera, en la que brotarán flores de un color indeciso. Pero no estoy dispuesto a volver a la ciudad con ojeras.
Quedarte un día más de vacaciones, renegar del final del verano, volver el lunes a la ciudad del cierzo, cuando todos vuelven en domingo. Cerrar la casa, ventana por ventana, poco a poco. Meter las camisetas de tirantes a la maleta, los libros que no te ha dado tiempo a leer. El sol escondiéndose tras la ermita cercana al pueblo, los días acortan. El último baño en la piscina, el último café con hielo, la última partida de rabino del verano, las últimas cuestas del pueblo.
Recorrer la carretera que casi te sabes de memoria, sabiendo que no bajas al pueblo de al lado a comprar, ni al del otro lado de juerga, sino que buscas la autovía. Conducir por la autovía al atardecer y, en la radio, de repente, escuchar No quedan días de verano, de Amaral. Ahogar un amago de lágrimas tras las gafas de sol que te han acompañado estos dos meses.
Llegar a casa corriendo. Apenas dejar la maleta, ducharte, y salir de cena con los amigos de la ciudad. Para llegar al bar: google maps, ascensor, autobús, semáforos, portero. Compararlo, inevitablemente, con el pueblo, llevas en el bolsillo todavía la llave de la peña. En el bar, de cervezas, de risas, de anécdotas de verano, de cena de despedida -de las muchas que me quedan por delante, cenas pre-erasmuseras-, suena, de repente, Marta, Sebas, Guille y los demás, de Amaral.
No sé cómo me las apaño que siempre estoy lejos de mis amigos. Lejos físicamente. Doy gracias a internet y a las redes sociales para permitirme estar un poco al día en sus vidas, poder seguir hablando con ellos. Pero siempre estoy a distancia de la gente con la que me gustaría irme de tapas y echar unas cañas.
Dos de mis mejores amigas están en Soria y en Barcelona estudiando. Mis amigas de la infancia, en Salamanca o en Valencia. Mis amigos de los blogs literarios, en Madrid. Tengo algunos amigos dando tumbos por el mundo y los que se irán -iremos- de erasmus el año que viene. Gente que se baña en el Cantábrico y otros donde el Mediterráneo se junta con el Atlántico.
También tengo amigos en la ciudad del cierzo, claro.

[ Fotografía de Josefina Andrés]
Hoy quería contaros una anécdota con las que te sorprende esta cosa llamada internet. Antes de subir a Gijón y su Semana Negra, me escapé un par de días a Madrid para ver a los amigos. Llegué por la mañana a la capital y hacía muchísimo calor, más que en la ciudad del cierzo de donde había salido, así que actualicé el estado del facebook con dicha información de vital importancia, como todos los estados del fb. Me comentan los amigos de Madrid “nos vemos en unas horas”, los de Zaragoza “disfruta de las vacaciones”, los del pueblo “qué bien te lo montas, nos vemos en agosto” y me comenta una de mis amigas de la infancia, con la que llevo meses incluso años intentando quedar y no hay manera “¿estás en Madrid? Yo también! ¿Quedamos, verdad?”
Qué cosas.
Esta amiga es de Valencia. Es una amiga que me conoce desde que nací. Recuerdo jugar con los soldados de plástico verde en el corral detrás de su casa en el pueblo. Los helados en agosto. Los paseos en las bicis viejas. Las primeras fotos, esas que tengo guardadas en un álbum. Mi amiga es ahora fotógrafa profesional y, como yo, va dando tumbos siempre, viajando, por donde pueda. Además, lleva un proyecto muy interesante: Spanish Omelette.
Intentamos quedar en el pueblo, imposible por fechas. Queríamos vernos en invierno en Teruel, ella quería fotografiar la nieve; yo, que me fotografiara ella, me encantan sus fotos. Algunas de sus instantáneas han aparecido ya en este blog (1, 2, 3).
Quedamos en Madrid, en Sol, en el oso y el madroño. Un abrazo largo, besos. Le presento a Ireth, que me acompañaba esa mañana. Y nos ponemos a hablar, a charlar, como si no hubieran pasado casi dos años desde la última vez que nos vimos.
Recordamos una de las últimas veces que hablamos. “No hay manera, ni Valencia, ni Teruel ni Zaragoza. Ya verás, tendremos que quedar en Madrid o en Londres”.
Ya nos hemos visto en Madrid.
La próxima vez toca en Londres, guapa.
Imaginaos que os llega un mensaje de texto al móvil y leéis:
AAAAAARGHHH!! Nerea, q es esto?! Ya tengo ganas de qdar contigo pa comentar ste… sta… AAAHH!! No se!he sufrido un cortocircuito, creo… Se feliz! Besos!
Os cuesta situaros, entender el mensaje, miráis de nuevo el remitente. Es de una amiga. Piensas, recuerdas. Le debías un regalo y algún café y le has regalado un libro que te encantó. No te dio tiempo a comprarlo, así que le diste tu ejemplar, que tenía alguna frase subrayada. Estás a kilómetros de distancia de esa amiga, pero sonríes y sientes que ella está sonriendo al otro lado del móvil. Que en realidad ha dicho mucho con esas pocas letras que caben en un sms. Que tiene ganas de verte, de echar otro café -aclaremos que café con esa persona siempre significa café+conversación-, de decirte que le ha gustado el libro. Y no hay nada, pero nada, mejor que eso.
Bueno, sí. Leer su blog. Dicen que lo breve, si es bueno, es dos veces breve. Ella lo actualiza poco, poquísimo. Pero cada vez que lo actualiza, da en el clavo, como ahora: Repaso de primero, en Bosque Silvestre. Ambas recordamos a aquel profesor que nos descubrió por primera vez que traduttore traditore y el artículo escrito a cuatro manos sobre el tan ansiado viaje a Grecia.
¿El libro que ha provocado esa reacción? Génesis, de Bernard Beckett. Recomendadísimo.
Hoy, al leer el blog de Mauro Entrialgo, me he encontrado con esta divertida y acertada viñeta:

La reproduzco aquí y se la dedico a Nat, gran admiradora de Ramón Gómez de la Serna. En su blog podéis leer muchas greguerías:
Natalia, de En Picado, va a pasar este verano a kilómetros de distancia, en los Estados Unidos -qué envidia-. Pásatelo de lujo en Washington D.C, aprovecha, vive todo intensamente y vuelve con aventuretas para ponernos los dientes largos en septiembre. Además, estad atentos, porque después del verano, será Natalia la que coja el relevo de la sección cultural de Zaragózame, que yo desde Birmingham poco podré decir de la ciudad del cierzo.

