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Somos cinco protofilólogos de la ciudad del cierzo que nos hemos ido de erasmus un año. Desde Francia, Grecia e Inglaterra, os iremos contando las aventuras y desventuras de nuestros viajes y vida en el extranjero.
Algunos de los protofilólogos, en concreto cinco, nos vamos de erasmus este curso. Estaremos a kilómetros de distancia: Inglaterra, Francia, Grecia. Pero no queremos perder el contacto ni con vosotros ni entre nosotros. Así que os presentamos el blog de los cinco: Protofilólogos por el mundo. Allí encontraréis aventuretas varias, vídeos nuestros, crónicas de nuestros viajes, anécdotas de nuestro erasmus y etcétera.
Os animamos a que nos sigáis los pasos en nuestro blog. Vosotros, lectores, ahí, sentados frente a la pantalla del ordenador, podréis cotillear todo lo que queráis y mandarnos ánimos, sol, lentejas y macarrones de la abuela y besos de nuestra familia en los comentarios.

[Fotografía: Josefina Andrés]
Miraba sus fotos y pensaba que no le importaría ser cualquiera de ellas. Ella quería tocar la guitarra como Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. Quería tener un novio fotógrafo que se la llevara al campo los domingos, que le hiciera todas las fotos del mundo y luego, ya sí, que se la llevara al campo, como todos los días. Quería ser diseñadora de camisetas, dibujante, ilustradora, quería tener muchos seguidores en Facebook y reconocer sus diseños en las tiendas del Barrio Gótico de Barcelona. Llevar siempre gafas de sol gigantes y tres pintalabios en el bolso.
Ella quería una tía solterona, de esas que no se casan nunca, que tienen mucho dinero porque han trabajado siempre sin vacaciones. Quería una tía soltera y mecenas que le pagase sus viajes a Londres y le sufragara la compra de telas, bolsos y camisetas en Camdem. Ella quería merendar en la Boquería, todas las tardes, y pasear por las Ramblas, poniendo atención en los modelos que llevan las putas, las guiris y los mimos.
Ella quería un cuerpo delgado, llevar tacones sin que le dolieran los pies, tener tres o cuatro amigos gays y que una lesbiana le tirara los tejos.
Quería llevar camisetas que nadie llevara, que le sentaran los vestidos mejor que al maniquí y pasearse por la playa con una reflex y las gafas de sol más grandes de la tienda. Quería tener los labios siempre pintados de rojo, las uñas de negro, los leggins ajustados, las faldas horteras y un armario más grande que la cocina.
Ella quería forrar su apartamento, un ático en Barcelona, con sus fotos posando, pin-up para su novio y para la revista de moda. Escuchar música electrónica mezclada con jazz y blues, fumar Camel, llevar anillos gigantes y no mirar nunca el reloj.
Ella quería ser una de sus fotos. Y se quedó atrapada en su sueño, en papel fotográfico, en aquel momento, en stand-by eternamente.
Luis García Montero escribe en su blog Libre, el cuaderno de verano que ha mantenido estos meses en Público.es:
Cuando agosto nos ofrece una hamaca, cuando disfrutamos en la piel una sensación de plenitud soleada que nos une a la tierra, y las noches crecen como interminables enredaderas con olor a jazmín y amistad, y llegan a nuestros ojos, con la puntualidad de un tren perfecto, las páginas de los libros y los desnudos de las sábanas, caemos en la tentación de considerar que el tiempo es una propiedad privada. Pero el tiempo, enamorado de sí mismo, va de mostrador en mostrador, sin casarse con nadie.
La marea del tiempo se lleva agosto y nos deja a las puertas de un otoño duro. Parece que el invierno será duro también, como la primavera, en la que brotarán flores de un color indeciso. Pero no estoy dispuesto a volver a la ciudad con ojeras.
Quedarte un día más de vacaciones, renegar del final del verano, volver el lunes a la ciudad del cierzo, cuando todos vuelven en domingo. Cerrar la casa, ventana por ventana, poco a poco. Meter las camisetas de tirantes a la maleta, los libros que no te ha dado tiempo a leer. El sol escondiéndose tras la ermita cercana al pueblo, los días acortan. El último baño en la piscina, el último café con hielo, la última partida de rabino del verano, las últimas cuestas del pueblo.
Recorrer la carretera que casi te sabes de memoria, sabiendo que no bajas al pueblo de al lado a comprar, ni al del otro lado de juerga, sino que buscas la autovía. Conducir por la autovía al atardecer y, en la radio, de repente, escuchar No quedan días de verano, de Amaral. Ahogar un amago de lágrimas tras las gafas de sol que te han acompañado estos dos meses.
Llegar a casa corriendo. Apenas dejar la maleta, ducharte, y salir de cena con los amigos de la ciudad. Para llegar al bar: google maps, ascensor, autobús, semáforos, portero. Compararlo, inevitablemente, con el pueblo, llevas en el bolsillo todavía la llave de la peña. En el bar, de cervezas, de risas, de anécdotas de verano, de cena de despedida -de las muchas que me quedan por delante, cenas pre-erasmuseras-, suena, de repente, Marta, Sebas, Guille y los demás, de Amaral.



Volver al inicio del verano, llenar la maleta de libros y camisetas de tirantes y dedicarme a leer, leer, leer, y no vagar por el mundo dando tumbos como una peonza -cosa de la que tampoco me quejo, oye-.
¿Qué hacer un domingo caluroso de agosto, sin más planes que piscina, amigos y quizás algún juego de cartas o leer un libro tumbados sobre la toalla en el césped? Desde El Templo de las Mil Puertas os proponemos que os deis un largo paseo perdiéndoos por las páginas de nuestro decimoséptimo número, que viene cargado de firmas de autores, entrevistas con escritores, libros de maldita adolescencia y muchas reseñas.
Animaos y teclead www.eltemplodelasmilpuertas.com, nuestra revista online y gratuita de literatura juvenil, en vuestro ordenador. Cotillead el nuevo diseño que estrenamos hace un par de meses por si aún no lo habíais visto y disfrutad del número estival de la revista con el helado, la horchata, el granizado o el café con hielo en la mano.

Aunque los redactores hemos tenido unos meses muy ajetreados últimamente, eso no nos ha impedido poder traeros el decimoséptimo número de El Templo de las Mil Puertas. En él encontrarás entrevistas a Kai Meyer y Heinz Delam, un reportaje de esa época tan difícil que es la adolescencia a través de las novelas del género y juntos repasaremos las manías y la caligrafía de varios escritores gracias a sus firmas y dedicatorias.
Por si eso fuera poco, os presentamos a Lorena y Papalbina, nuestras dos nuevas colaboradoras externas, que nos ayudarán de vez en cuando. ¡Bienvenidas! Y no olvides pasarte por nuestro catálogo de novedades para ver cuáles son las nuevas apuestas de las editoriales.
Estoy perdida en un pueblo de Teruel que celebra estos días sus fiestas en honor a San Roque.
Ver atardecer al despertarte y amanecer cuando te vas a dormir.
Como todos los meses de agosto…
A veces tener frío con vestido en el embarcadero del Ebro, que el cierzo levante la falda, madrugar para grabar la toma con el sol de la mañana, repetir alguna frase más de tres veces y echarse un par de cervezas después de las risas y el buen rato del arduo y duro trabajo, da unos frutos como estos, mejores de lo que esperaba.
Luisa, Marta, qué bien me lo pasé leyendo vuestros micropoemas.
Javier, que en el fondo, aunque me queje a veces de repetir frases, me ha gustado mucho.
Luisa Miñana y Marta Navarro presentaron un video poema con algunos de sus micropoemas para publicitar un recital poético mano a mano en La Campana de los Perdidos. Este video es la versión sonolopez de parte de aquellos textos.

[Creatures of literature, de Trixies]
No es que no haya leído nada en julio. Mentira. Es que no he tenido tiempo para sentarme, café en mano, y contaros que antes de dormir, rondaban mi mesilla Susana Vallejo, Edmundo Paz Soldán, Leara Martell, Herman Melville, Fernando Marías, Elia Barceló y alguno más que se me olvida ahora mismo.
Esta entrada casi parece una excusa, como la de junio, para enseñaros la ilustración bonita que tenéis ahí arriba. Digamos que sí, claramente, es una excusa.
Ya os conté que tenía una arañita de mascota que habita en el exterior de mi ventana. Tenemos un acuerdo tácito: yo la dejo pasearse de vez en cuando por el cristal, fuera de mi cuarto, y ella respeta mi intimidad y no entra en mi habitación.
Esta tarde, estaba haciendo la maleta para irme unas semanas a un lugar indefinido de Teruel donde este año sí tendré internet, cuando he visto a una salamanquesa tomando el sol tranquilamente en mi ventana. Supongo que la arañita -que algunas veces vuelve a visitarme- le habrá dicho a la salamanquesa que no me molesta que tomen el sol en mi terraza, donde deben vivir ambas estos meses de buen tiempo.
Ya hemos pasado el ecuador del verano. Pasé el inicio del verano fuera de tierras aragonesas, lejos de mi ciudad del cierzo. Ahora también me voy, un poco más al sur, a tierras turolenses en las que hay que coger una chaqueta por la noche para ver amanecer con los amigos después de una noche de risas y juerga.
A diferencia de los dos años anteriores, este año no le doy descanso estival al blog. Me apetece seguir asomándome a esta ventana intangible.
too many days
to find too many ways
to get lost
or get found
or just stay here sitting round
Cuando suceden muchas cosas a la vez
más de las que puedes soportar
puedes optar por suponer que no pasa nada en especial
que tu vida da vueltas y vueltas
como el plato de un tocadiscos.
Luego, un día descubres
que lo que habías tomado por un tocadiscos suave, plano y liso,
era en realidad, un remolino
un vórtice.Mi madre murió cuando yo era un adolescente.
Te lo he contado muchas veces.
Lo que no te dije es que yo sabía que se estaba muriendo,
y que no me permitía pensar en ello.Ahí tienes tu tocadiscos.
Un recuerdo que dejo, Saul Bellow

