Marlango – The Long Fall
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Citas literarias:
Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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[Imagen de mi cajón de sastre]

Cerré la puerta. Bajé las escaleras. Tropecé con el sereno…

Cerré la puerta. Bajé las escaleras. Tropecé con el sereno y se rompió el silencio. Le supliqué con un gesto que no lo dijera y lo dijo: “Hoy no vienen, señorita; no les toca “. Y aún no había vuelto yo la esquina oí como le iba con el cuento al guarda de la taberna: “Está loca esa chica. Cada día, a las doce, baja para abrir la puerta a los muertos”. Tuve que retener a tío Jacobo que quería retarle a un duelo. Tío Jacobo murió antes del 36 y no estaba acostumbrado a la mala educación de los serenos para con las señoritas.

Ana María Moix

En invierno llevamos gafas de sol. Empieza a alargar el día y el atardecer desde el parque de la Expo promete la primavera. Promesas de tardes largas con sol, para leer en el césped frente al Ebro. Para coger la bici y recorrer el parque Luis Buñuel. Para dejar pasar los minutos mientras el cierzo me despeina en la pasarela del voluntariado.

Le enseño la ciudad del cierzo a una amiga valenciana que viene de visita y acaba convencida de que sí, es una ciudad más bonita de lo que se esperaba, salvo por el cierzo. Coincidimos en muchas cosas, como en nuestro mutuo amor por Londres, por David Lodge o por el teatro, pero no en eso.

Hemos terminado los exámenes de enero/febrero y no entramos en casa. Fascinación, admiración por los actores que nos hipnotizan con un largo monólogo, como con Cinco horas con Mario. Emoción y alegría en conciertos como los de Vetusta Morla, que suenan mejor en directo que en sus discos.

Empiezan las nuevas asignaturas, ese horario y esos trabajos que me dejarán sin vida social ni tiempo libre hasta julio. Listas de libros de lecturas obligatorias que encargo a la preciosa librería El Pequeño Teatro de los Libros y que irán a la estantería de to-be-read-quite-soon-books.

Y mientras la vida sigue y la agenda se llena de citas, cafés, cine, teatro y eventos literarios, los fantasmas, que no llevan gafas de sol ni tienen sombra, nos siguen en silencio o se cuelan en nuestro bolso. Por eso pesa tanto, esa es la verdadera explicación. Los fantasmas pesan.

2 comentarios para “En invierno todos llevamos gafas de sol menos los fantasmas”

  • Qué poeta eres en lo cotidiano… y esa supongo que es la mejor clase de poeta que hay, incluso la única en verdad.

    Ayer me acordé de ti cuando en las noticias decían que por el Ebro el cierzo iba a arreciar.

  • Yo pensaba que no echaba de menos el cierzo. Por aquí ha pasado una brisa y los alemanes se han vuelto locos diciendo que era fuerte. Me he reído porque yo a eso no lo llamo viento. He tenido que irme algo más al norte, en busca del agua salada, para sentir una corriente más fuerte. Y entonces me he dado cuenta de que echo de menos el no poder andar a contraviento ni peinarme antes de salir de casa.
    Cierzo, sol, venid a mí.

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