
[Foto: Sobrevolando los Pirineos, esta tarde, volviendo a la ciudad del cierzo.]
Mientras termino de acostumbrarme de nuevo a mi habitación, mi cama, mi almohada, mis libros en el suelo, tener intimidad, no escuchar diferentes idiomas a mi alrededor, mi ropa en el armario o en el cesto de la ropa sucia en vez de en la mochila, debajo de la cama de la habitación del albergue. Se me hace raro cenar sano, borraja, en casa, con mi familia. Añado un par de vasos de chupitos – Bruselas, Estocolmo- a la colección que tenemos en casa desde hace unos años. Empiezo a sacar cosas de la mochila, descargo las fotos en el ordenador, abro la ventana, entra el calor, leo emails, actualizo el facebook, sigo sacando cosas de la mochila, reparto algún pseudoregalo en casa, llamo a la familia, los amigos para la cerveza de mañana por la noche, meto una botella de agua fresca en la nevera, busco las postales, reviso los bolsillos escondidos de la mochila antes de meterla debajo de la cama.
Me he leído en el viaje El delirio de Turing, de Edmundo Paz Soldán, en Alfaguara. Es un libro Bookcrossing, pensaba dejarlo en Bruselas o en Estocolmo, pero el ritmo intenso que llevábamos ha hecho que lo terminase de leer volviendo a casa. Lo soltaré en la ciudad del cierzo, a ver qué lector veraniego lo encuentra. Me ha gustado bastante. En el avión, venía pensando en el exterior del libro. No en la portada, sino en las pegatinas de Bookcrossing con las que va prácticamente forrado. Un exterior diferente, divertido, único, artesanal.
En Icoeye he encontrado estos jackets+bookmarks, fundas+marcapáginas, diseñados para cada libro. Son curiosos, me encanta el periscopio del Nautilus:

Y mirad este separador artesanal que propone Cinismo ilustrado. Atención a la frase en letra pequeña al final del marcapáginas evita humedecer tus dedos para voltear la página. Seguro que a todos los que os habéis leído El nombre de la rosa de Umberto Eco os sacará una sonrisa.

Me gusta esta idea de animar los libros, de hacerlos un poquito más personales. Y la idea del marcapáginas especializado para el libro es original. Ahora debería decir “en verano tengo más tiempo libre, probaré con algo de manualidades literarias”. Pero va a ser que no. Tengo muchas lecturas, mails por contestar, llamadas y algunas otras cosas pendientes de estas casi tres semanas de vacaciones dando tumbos por el mundo, si contamos la Semana Negra de Gijón. Y, por supuesto, otras citas más importantes como los cafés o cervezas con los amigos para contarles las aventuretas y anécdotas en Gijón, Bruselas o Estocolmo.
También tengo pensadas algunas entradas para el blog. Algo haremos, algo, antes de mi exilio voluntario en el mes de agosto a un pueblo remoto de Teruel donde me esperan amigos, juergas, amaneceres y risas. Un monográfico de bicicletas de Estocolmo y otro de carteles de bares y tiendas en Bruselas, por ejemplo. Pero eso será cuando termine de deshacer la maleta y haya recuperado el sueño pendiente.

Eh eh eh y las anécdotas de Madrid ¿qué? que te olvidas de nosotros!!