No hay palabras para definir la Semana Negra de Gijón; no hay palabras porque hay que vivirla, es una experiencia indescriptible. Ya he hablado un poco de ella, ya he comentado cómo conviven en paz y armonía libros y churros, norias y charlas, autores y artesanos, prensa y vendedores ambulantes, todos en un mismo espacio, cercano a la playa, entre las carpas blancas y las barras con grifo de cerveza.
La Semana Negra es la única semana de diez días que reúne a tal cantidad de escritores de casi todo género de novelas que sólo es comparable a la calidad de los mismos. Autores tanto nacionales como extranjeros que se dan cita una vez al año en el norte de España, para disfrutar de las mesas redondas, conferencias, gastronomía, sobremesas de las cenas y copas nocturnas.
Este año era mi primera Semana Negra pero os aseguro que no será la última. He vivido momentos irrepetibles, como ver la final del Mundial con escritores y amigos, poco después de haber disfrutado de una mesa redonda sobre segundas sagas en literatura fantástica. Pasear por la calle y reconocer a escritores a los que soñabas conocer, a los que admirabas en las fotos de las solapas de sus libros. Irte a comer con el grupo de gente con el que te juntas todos los días y darte cuenta de que estás comiendo al lado de Susana Vallejo y Elia Barceló. Acudir zombie, con ojeras y gafas de sol a una charla sobre zombies y ver que están todos allí, la carpa casi llena, escuchando a Sergi Viciana, después de un sábado de juerga nocturna.
Hay poco tiempo fuera de la Semana Negra, parece que esa programación intensa e interesante lo absorbe todo, pero da tiempo a hacer turismo por Gijón, beber sidra en la cuesta del Cholo, visitar la Laboral, darte un baño fresquito en la playa, llenarte de arena, escuchar música en directo. Fuera de la literatura, puedes cantar, o más bien desafinar, en el famoso karaoke nocturno en el sótano del Don Manuel, y ver a algunos de los escritores a los que tú admirabas desafinar más que tú. Disfrutar con una representación de una obra de teatro por el grupo improvisado de actores-escritores en una improvisada sala de teatro en el sótano del hotel. Quedarte sin voz el tercer día, beber más cerveza que agua esa semana. Las sobremesas de las comidas o cenas, que son casi más interesantes que las charlas. Pasar cinco o seis horas en un vagón del tren, con las mismas personas, y no aburrirte, porque no dejábamos de hablar ni un momento, ni siquiera a la hora de comer en Mieres. Alucinar con la capacidad de organización y coordinación de Marina, Marisa, Paloma, Paco y los demás organizadores de la Semana Negra, que hacen maravillas, casi magia, estos diez intensos y locos días.
Y pensar, el último día de la Semana Negra, que ya queda un día menos para la Semana Negra del año siguiente. Porque ahora entiendo a la gente que había ido otros años y repite el viaje verano tras verano. Se podría decir que existen las personas que han vivido la Semana Negra y las personas que no. Os recomiendo estar entre los del primer grupo, es mucho más interesante y divertido. Cuesta encontrar palabras para definir a la Semana Negra, pero no os aseguro que si os animáis a ir un año, entenderéis esta entrada del blog, casi una declaración de amor a esa locura de semana que dura diez días en la que, como dicen, no es pecado leer con la mano derecha y comer un churro con la izquierda.
Y si queréis saber más de cómo viví o a qué charlas fui en esta Semana Negra, haced clic en:

¡Qué envidia! Jejeje, es uno de mis sueños por cumplir…
Me alegra que lo pasases tan bien y disfrutaras de lo lindo en Gijón, rodeada de autores (nunca mejor dicho
).
Un abrazo.
Sigue, sigue,…¡no pares! Carpe dies et noctes…
Qué bien vives… A seguir viajando, que no paras.
Hey, Favourite Halfling, ¡muy bien escrito!! Captas a la perfección la seriedad de los escritores, los sorbitos de té (a las cinco, claro),los cocteles en frac, el silencio respetuoso en todo el recinto, los autores tan moribundos que cada día se mueren dos o tres em medio de sus presentaciones, el ambiente académico…
Sí, Homo Libris, a veces fue imposible atisbar a Nerea por el montón de pretendientes y admiradores a su alrededor…
No había visitado tu blog hasta hoy, Nerea. ¡Y me ha gustado mucho!
Sobre todo la mezcla entre objetividad periodística y los comentarios personales.
Una bonita crónica. Pena que casi no hablamos… ¡pero para la próxima seguro que sí!
¡Y felicidades por el blog!
hola nerea
lei hace tiempo ULTIMAS TARDES CON TERESA, de juan marse, una novela alucinante, extraordinaria, ya la leiste?
saludos, por cierto vivo en mexico, lo que necesites
a y el 1 de agosto se enfrentan nuestros paises en el futbol, voy mexico
Afortunada Nerea.
[...] El Camarote 58, se subieron al Tren Negro en Madrid sin saber muy bien a dónde iban, como yo, novatos en esta experiencia, y acabamos desayunando juntos en el hotel, llamándonos para cenar, charlando en las sobremesas [...]
que buena foto la ultima curiosamente el 24 estube en ese mismo lugar viendo el mar de gijon