
[Imagen: Migapamar]
Un hombre pasa con un pan al hombro
Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?César Vallejo
Porque a veces es necesario capitular…

El primer día de clases les había yo advertido a los alumnos que la experiencia de estudiar la poesía de César Vallejo es peculiar: al terminar el curso uno sabe menos que al comenzarlo. Ahora que el seminario concluye, los siete estudiantes saben menos del poeta pero algo más de sí mismos. Han aprendido, por su cuenta, que su capacidad de leer requiere ser puesta a prueba.
Reconocer la distinta legibilidad de un objeto de arte es parte de la experiencia crítica, de su aprendizaje sin rédito.
[...]
Es verdad que el “Guernica” de Picasso es lo que más se parece a un poema de España, aparta de mí este cáliz. Ninguno de los dos cabe en el campo de la mirada. Es lo que Vallejo llama una mirada “despupilada,” y también, “un día doble.” Había visto el cuadro al volver a París en el Pabellón de la República Española, en la Exposición que se acababa de inaugurar. Seguramente Vallejo escribía entonces España, aparta de mí este cáliz. Todos somos, en alguna medida, el “Guernica” que vimos. (…) Al final, nos entusiasmamos con ese fervor de lo indecible. Su rebeldía está arraigada, “hasta hacer sangre,” en la materia que se hace lugar en el discurso.
[...]
Al final, se trata de eso, de navegar el arrebato de la forma vallejiana (o para el caso las rupturas de Picasso, Joyce, Kafka, Pound, Borges, Lezama Lima, Tàpies, Fuentes, Goytisolo, Eltit…); y habiendo sido parte de ese vértigo, saber, al volver al habla diaria, que su uso nos pertenece como herramienta arrebatada a las sociedades que no reconocen valores sin precio.Esa lectura es la que nos deja Vallejo entre las manos. Una lectura que no se resigna a su conversión en objeto de consumo, descifrado y desactivado.
Taller Vallejo, de Julio Ortega.
Mode estudiando poesía hispanoamericana on.
Sí, siempre tiene que salir Picasso de alguna manera.
Estáis es mi blog, es mi artista preferido, son mis normas.
