
[Imagen: Unos desayunos que simplemente, me encantan]
He visto dioses griegos en el s.XXI comiendo pizza mientras escuchaban música de los ochenta. Una musa que no sabía tocar la flauta. Y que había testimonios gráficos, ya sabéis, fotografías en papiros de la época, material altamente clasificado. He escuchado a Amaral y a Xoel cantar juntos Perlas ensangrentadas. He creído por un momento que aún estábamos a marzo o abril y me daba tiempo de redactar bien los trabajos y estudiar todos los días. He pensado que estaba estudiando en lugar de escribir en el blog. Luego he despertado del sueño, pero seguía en otro sueño, esta vez, al revés. He soñado que estábamos a finales de Julio y no me podía ir a Suecia por un volcán. O a finales de Septiembre y no podía ir a Birmingham. O que la montaña cercana a mi pueblo estallaba y no podíamos ir a la fiestas del pueblo de al lado, que sería lo peor, por supuesto.
En los despachos nunca hay nadie. Tampoco en clase. O al revés. La biblioteca llena de ratitas presumidas, digo, ratones con tacones, de bolígrafos de todos los colores. Un matemático, un veterinario y un filólogo se cuentan un chiste y nadie lo entiende. La de la limpieza se marcha, riendo, al siguiente pasillo donde nunca pasa nada fuera de ese siglo. El cierzo se lleva los minutos, los minutos, los minutos, los minutos…
He peleado con Hermione Granger por su giratiempos y he ganado. Escribo ahora desde una hora indeterminadas, pero siempre nocturna, ya lo sabéis. He imaginado que me cabían todos los libros en mi habitación. Ya no sé si estoy viva o muerta, deben pensar los personajes de Pedro Páramo, en esta hora para ellos siempre indeterminada. He sentido que hacía clic encima de una foto de un café y aparecía la taza humeante a mi lado. Y se la bebía el ratón del ordenador, generación 2.0 sin correa. Después tendré un gato 2.0, que es lo que se lleva en Inglaterra, que me aconsejará sobre las variedades del té con una gran sonrisa y le preguntaré dónde se ha comprado el jersey de rayas porque me gusta. Nadie nos enseña dónde parar.
Pasaban de las doce de la noche cuando regresaba…
Pasaban de las doce de la noche cuando regresaba
a casa, y juro que no bebí, pero allí estaban los dos, ju-
gando a cartas a la vuelta de la esquina. Eran dos som-
bras para siempre enamoradas: Bécquer y Ché Guevara.

Yo también veo últimamente muchos espejismos…
Hola, Nerea. Te leo bastante últimamente, y la verdad es que me encanta lo que cuentas y cómo lo cuentas. Muchas felicidades por este blog ^^. Por cierto, no sé si me recordarás, pero en una quedada de LGG que se hizo hace algunos años en Madrid para ir a patinar sobre hielo nos presentaron. Soy Marinuska, la que practicaba sable. No sé si recordarás que estuvimos comentando tu historia “Duelo de esgrima”.
Bueno, un placer leerte ^^.
¡Byez!
Hola! Pues la verdad es que tengo un recuerdo genial de esa quedada en Madrid del foro LGG. Era una de las primeras veces que iba a Madrid y conocía a todo el mundo; las risas con las caídas en el hielo, las presentaciones por pseudónimos (yo aún sigo firmando como Ladynere), etc. Pues sí que recuerdo estar hablando con una chica que también hacía esgrima, así que supongo que serías tú
Me voy a cotillear tu blog un ratito a ver…
Un placer este reencuentro!
Bye