
[Imagen: de la estupenda fotógrafa Yulia Gorodinski. ]
Todas esas chicas
que llevaban zapatos rojos
cogieron un tren que no pararía.
(…)
Se arrancaron las orejas como si fueran imperdibles.
Se les cayeron los brazos y se conviertieron en sombreros.
Sus cabezas rodaron y cantaron por la calle.
Y sus pies oh, Dios, sus pies en el mercado-
…los pies siguieron andando.
Los pies no pudieron parar.
(…)
No pudieron escuchar
no pudieron pararLo que hicieron acabaría con ellas
Las chicas que llevaban zapatos rojos también llevaban un bolso gigante y gafas de sol al atardecer. El tren era negro, su vestido blanco, la estación gris y el suelo no tenía baldosas amarillas. Las chicas que llevaban zapatos rojos tenían el pelo corto, algunas rubio, otras negro. Todas llevaban la raya negra en el ojo, los ojos negros, la mirada negra, contraste con los zapatos rojos, el vestido blanco y las uñas azules. Las medias azules aún no se habían roto, pero el collar ahogaba poco a poco, lentamente, tan lentamente como esperaban al tren.
Las chicas que llevaban zapatos rojos nunca llegaron a subirse al tren, nunca llegaron a romperse las medias, nunca llegaron a quitarse el vestido, nunca llegaron a pisar baldosas amarillas. A las chicas que llevaban zapatos rojos les pesaban demasiado los pendientes; dejaron el bolso en el suelo y se quitaron las orejas como si fueran imperdibles. Con un movimiento estudiado, como todo, como las uñas y medias azules, guardaron sus orejas en el bolsillo interior con cremallera, allí donde guardaban el corazón y algunas viejas fotos. Las chicas que llevaban zapatos rojos se lavaban, peinaban y planchaban todos los días el pelo, rubio, negro, que luego sería gris. Pero el cierzo no dejaba de despeinarlas en la estación de tren, donde el tren negro no llegaba nunca para que sus zapatos empezaran a bailar.
Ellas peinaban su pelo con las uñas azules, desenredándolo con los dedos, lenta, seductoramente. Pero el cierzo, aunque no era huracán, no atendía a las miradas de las chicas con zapatos rojos. Fue entonces cuando sus brazos se convirtieron en sombreros. El bolso cayó al suelo, una oreja se salió del bolsillo y tu foto voló donde la chica no llegaría ni con un huracán. Los sombreros se posaron, delicada y estudiadamente, sobre el pelo de las chicas con los zapatos rojos y cada sombrero era de un color y no se repetía ninguno. Las chicas con los zapatos rojos, el vestido blanco, las medias azules, que ya no tenían bolso ni orejas pero sí sombrero vieron llegar al tren negro, que entraba dibujando de gris el cielo, en la estación. Y ellas empezaron a andar, con sus tacones rojos, por la estación, pero no subieron. El tren no podía llegar más allá del huracán, no podía llegar donde estaba la foto, no podía devolverles bolso, orejas y brazos.
En el momento del primer paso, la cabeza rodó de su pedestal, tan alto, que en la caída le dio tiempo a cantar una canción antes de caer dentro del bolso.
Los zapatos rojos comenzaron a caminar, sin dirección.
Color blanco, azul y rojo salieron de la estación.
El bolso, con su cabeza y unas cuantas fotos, se quedó esperando en el andén del tren negro.

estas cosas no se deben colgar en blogs los viernes. las neuronas se quedaron en la cama
que rayada me estoy pillando con orejas que se pueden quitar, brazos que se caen y cabezas que ruedan >.<
ME HA GUSTADO, TANTOOOOOO
Menuda BASURA!
Venga, como el anuncio de cocacola: Gracias a los que les ha gustado, a los que no, a los que se han liado, a los que no lo entendido…