Marlango – The Long Fall
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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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DulcineaDuchamp

[Imagen: Dulcinea, de Marcel Duchamp]

La dulcinea de Duchamp

-Metafísica estáis.
-Hago striptease.

Ardua pero plausible, la pintura
cambia la blanca tela en pardo llano
y en Dulcinea al polvo castellano
torbellino resuelto en escultura.

Transeúnte de París, en su figura
-molino de ficciones, inhumano
rigor y geometría- Eros tirano
desnuda en cinco chorros su estatura.

Mujer en rotación que se disgrega
y es surtidor de sesgos y reflejos:
mientras más se desviste, más se niega.

La mente es una cámara de espejos:
invisible en el cuadro, Dulcinea
perdura: fue mujer y ya es idea.

Octavio Paz

A mí lo que realmente me fascina de Duchamp es su Desnudo bajando una escalera, aunque él, años después, no se desnudara para la revista LIFE.

Y Dos cuerpos de Octavio Paz me recuerda a Bécquer y sus Dos rojas lenguas de fuego. Dos, como Don Quijote y Sancho, como el quijotismo de este blog. Dos, como Calvin y Hobbes, también.

Cuando hablo sobre el cubismo, la gente no suele entender mi fascinación por las vanguardias. Entonces me callo y me río, cosas mías. Recuerdo un regalo de cumpleaños que me hizo una amiga, que sí que entiende el cubismo y, muchas veces, mi manera de ver el mundo. Una amiga con el concepto y significado antiguo de amigo, no el actual. El regalo, un cómic de Calvin&Hobbes, estupendo; la conversación, aún mejor, como siempre, aunque mi regalo de cumpleaños, yo que nací en invierno, me lo diera en primavera.

calvinhobbesduchamp

4 comentarios para “Dulcinea vista por Octavio Paz o Marcel Duchamp”

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