Marlango – The Long Fall
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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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Me siento como un niño con zapatos nuevos. O mejor, me siento como un niño estrenando bicicleta. Y es así. Tengo bici nueva. Mi bici (mi querida, vieja, pequeña y usada bici) ha pasado a mejor vida uso, ahora ya oficialmente bajo las órdenes de la duendecilla que me roba los libros y la ropa.
Tengo bici nueva y llueve y hace frío. Y hace poco era primavera con sol y pocas nubes en el cielo. Estoy un poco enfadada con las nubes y el cierzo de mañolandia.

Así que, como las bicicletas está visto que son para el verano, como decía acertadamente Fernando Fernán Gómez, estas minivacaciones he intentado disminuir la estantería de libros TBR (toberead, por leer). Invisible, de Paul Auster, hacía semanas que me tentaba, callado, quieto, espectante, desde mi estantería. Un café, un té de frutas del bosque, algunas galletas y madgalenas de mi pueblo me han acompañado en mi viaje paulausteriano nocturno.

Y esto es lo que he sacado en claro de su lectura. Podría hablar de Dixon en una tetería o de por qué me explicaron que la Nada de Fantasía no existe y me convencieron, pero esa es otra historia y, por supuesto, no será contada aquí.

twocoffes
[Imagen: Rataki]

Resulta que estáis de acuerdo en la mayoría de las cosas, pero de ninguna manera en todas, y disfrutáis peleándoos por vuestras diferencias. Vuestras discusiones sobre los respectivos méritos de diversos escritores y artistas poseen, sin embargo, cierto aspecto cómico, pues rara vez ocurre que alguno de los dos convenza al otro para que cambie de opinión.
A los dos os encantan Tolstói y Dovstoievski, Hawthorne y Melville, Flaubert y Stendhal, pero en esta etapa de tu vida no puedes soportar a Henry James, mientras que Gwyn sostiene que es el mayor de los gigantes, el coloso a cuyo lado los demás novelistas parecen pigmeos. Estáis en completa armonía en lo que se refiere a la grandeza de Kafka y Beckett, (…) Defiendes a Keaton, ella a Chaplin y mientras los dos os retorcéis de risa nada más ver a los Hermanos Marx, tu muy adorado W. C. Fields no le arranca a ella una sola sonrisa. En sus mejores momentos Truffaut os emociona a los dos, pero Gywn encuentra pretencioso a Godard y tú no, y mientras ella canta las alabanzas de Bergman y Antonioni como idénticos maestros universales, tú le contestas de mala gana que sus películas te aburren.
Ningún conflicto en lo que se refiere a la música clásica, con J. S. Bach en la cabecera de la lista, pero a ti te interesa el jazz cada vez más, mientras que Gywn sigue aferrada al frenesí del rock and roll, que a ti apenas te dice ya nada. A ella le gusta bailar y a ti no. Se ríe más que tú y fuma menos. Es una persona más libre y feliz que tú, y siempre que estás con ella, el mundo parece más luminoso y acogedor, un lugar en donde tu hosca e introvertida personalidad casi puede sentirse a gusto.

Invisible, Paul Auster

3 comentarios para “Las bicicletas son para el verano o Paul Auster es para las vacaciones”

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