
[Fotografía: Josefina Andrés.]
Me gusta pensar que la semana que viene habrá una hora más de luz por las tardes. Me gusta volver a casa a las ocho de la tarde cuando cierran las tiendas, cuando salen las sonrisas y los perros a pasear por la calle. Me gusta devolver pelotas perdidas y no acertar nunca con la dirección, ni la suya ni la mía. Me gustan los suplementos de los periódicos y leer libros que no recomienden en la sección de cultura. Me gusta ducharme con el baño templado por el calefactor y el agua bien caliente incluso en verano.
Me gusta tener una docena de pendientes encima de la mesilla y usar siempre los mismos. Me gusta regalar bombones en invierno y piruletas en verano. Me gusta abrir el diccionario María Moliner por cualquier página y descubrir palabras nuevas que se me olvidan al minuto. Me gusta mirar cada día mi estantería de libros por leer y alimentarla semana a semana lentamente hasta que la creación devore a su creadora. En el fondo, muy en el fondo, o quizás no tanto, me gusta y mucho que mi hermana pequeña me robe la ropa, bolsos, pañuelos, libros y música. Me gusta tocar los lomos de los libros de las bibliotecas ajenas y cotillear qué libro tienen mis amigos en la mesilla. Me gusta abrir los libros al azar y leer alguna de sus líneas, salteadas. Me intriga el aspecto de algunos escritores o cómo pueden sonreír tan tranquilos después de haber escrito una determinada historia. Me gusta gastarme mi dinero en libros, viajes y juergas, por ese estricto o a veces no orden de prioridad.
Me gusta que nunca se acabe la música en Spotify y llevar siempre un libro en el bolso por si se me acaba la batería del mp3. Me gusta tener la maleta detrás de la puerta de la habitación por mucho que me manden recogerla, me gusta verla siempre ahí, lista, dispuesta a acompañarse a donde sea que me la lleve. Me gusta apuntarme todo en mi memoria agenda, me apunto con bolis de colores los detalles insignificantes y con boli negro las citas serias.
Me gusta perder los tres cacaos que tengo siempre empezados y, cuando me compro un cuarto, encontrar todos a la vez justo en el sitio donde deberían estar y no estaban minutos antes. Me gusta la vibración del móvil, un mensaje nuevo en la bandeja de entrada, las postales que me mandan a veces los amigos a casa. Me gusta que el cartero se sepa mi nombre y que me lleguen libros a casa.
Me gusta ese fugaz momento entre el invierno y la primavera, cuando el abrigo ya no tiene que abrigar y su función es la de servir de improvisada toalla en el césped mojado del parque. Me gusta hablar con los amigos hasta la una de la mañana, leer, escribir o escuchar inglés a las dos, leer literatura juvenil a las tres, escribir estas cosas a las cuatro y desayunar con demasiadas ojeras a las siete y media de la mañana. Me gusta el café corto de las 11.55h y el café largo de las 14.55h.
Me gusta volver a casa a las ocho de la tarde, aún de día, y que pelotas perdidas de niños sin abrigo ni bufanda me saquen de mi libro, mientras la banda sonora de las tiendas cerrando acompañan a mi su pelota perdida que no conoce el camino de vuelta. Me gusta que haya una hora más de luz por el día, aunque yo sea más bien nocturna.

no me gusta pensar que a partir del 28 de marzo no me levantaré a las 6 y media, sino a las 5 y media… >.<
por cierto, funciona mi feed en tu bloglines?? yo me despisté y ya no sé si lo ultimo lo actualizó o no v.v asias
Tengo que darte la completa razón en una cosa: los cacaos… cuando mi vaselina se está a punto de acabar me compro otra y al día siguiente esta nueva desaparecer y tengo que estar tres días sobreviviendo con los restos de la antigua hasta que decido que no voy a encontrar la vaselina nueva y me tengo que comprar otra más y cuando llego a mi casa tras la compra SIEMPRE aparece…
Parece una broma de mal gusto pero siempre ocurre así… es una costumbre ya…
A mí el/la de Correos me debe odiar porque no me llegan mis paquetes -.-
Un texto precioso, sí señora
Enhorabuena, Nerea, por este excelente “post”. Son impresiones espontáneas y vitales. Coincido contigo en todo, menos en un detalle que omites: la hora matinal que nos quitan y que obliga a madrugar antes. Me cuesta una o dos semanas adaptarme.
[...] un proyecto que intenta poner en marcha. No es la primera vez que sus fotos aparecen en mi blog (1, 2, 3) ni será la última. Si pudierais promocionarlo en vuestros blogs, os lo [...]
[...] ella, me encantan sus fotos. Algunas de sus instantáneas han aparecido ya en este blog (1, 2, [...]