
[Imagen: Simply Breakfast]
Examina otras diez fotografías con el mismo decepcionante resultado. Un anciano en una silla de ruedas, tan flaco y delicado como un gorrión, que lleva unas gafas ahumadas de ciego. Una joven sonriente con una copa en una mano y un cigarillo en la otra, vestida a la moda de los años veinte y tocada con un casquete. Un hombre tremendamente obeso con una calva inmensa y un puro encajado entre los dientes. Otra muchacha, china esta vez, que lleva leotardos de bailarina. Un hombre moreno de bigote encerado, ataviado con frac y sombrero de copa. Un chico durmiendo en el césped de lo que parece un parque público. Un hombre maduro, de unos cincuenta y cinco años, tumbado en un sofá con las piernas apoyadas en un montón de almohadones. Un vagabundo de aspecto esmirriado, con barba, sentado en la acera y abrazando a un enorme perro callejero. Un negro regordete de sesenta y tantos años con una guía telefónica de Varsovia de 1937-1938. Un joven delgado sentado a una mesa con cinco cartas en la mano y un montón de fichas de póquer frente a él.
Viajes por el Scriptorium, Paul Auster.
A veces leo libros que me reconcilian con la literatura. Vuelvo ahora de la librería donde me he gastado una cifra demasiado elevada en libros de lectura obligatoria para este segundo cuatrimestre de la Universidad. Supongo que encuentro un misterioso placer en que mi familia me amenace cada vez más a menudo con echarme de casa si me sigo comprando libros. Quien dijo la famosa frase: El saber no ocupa lugar estoy segura de que no estudiaba Filología Hispánica.
Pero a pesar de las quejas, a pesar de que cada profesor cree que sólo tenemos su asignatura o que ya hemos conseguido robarle el giratiempo a Hermione, a pesar del mínimo de dos libros hispánicos semanales que tengo que leer estos tres próximos meses -¿y la literatura de placer, dónde queda?-, a pesar de que conforme voy completando mi biblioteca particular se va vaciando mi cuenta corriente y nunca tiene lugar el fenómeno contrario, a pesar de todo eso… a veces leo libros que me reconcilian con la literatura.
Camina por la calle, un hombre discute con violencia con una mujer, parecen drogados. La gente mira de lejos, pero nadie interviene. En la parada del autobús hay un cartel con una modelo que anuncia lencería femenina. Alguien ha escrito con un rotulador azul, encima de su viente: “Mamadas a 10 euros.” Tres estudiantes caminan ruidosos por la acera. Un hombre detiene un taxi. En el semáforo, una niña rumana limpia cristales de los coches mientras los conductores tratan de eludirla. En su caseta, un vendedor de lotería ciego escucha la radio. Dos mujeres avanzan por la acera, caminan juntas pero cada una de ellas sostiene una conversación por su móvil. Lorenzo se siente protegido, reconfortado. [...] Se da cuenta de que el estado de ánimo es una cuestión de energía. Si te paras, te hundes. El equilibrio es una cuestión de movimiento, como esos platos que giran sobre la punta de un bastón.
Saber perder, David Trueba.

Y yo te leo siempre aunque callada.
Te admiro ¿ sabes?
Dices “me he gastado una cifra demasiado elevada en libros de lectura obligatoria para este segundo cuatrimestre de la Universidad.”
Cuando yo estudiaba Filología me pasaba por cuatro bibliotecas diferentes y me pillaba casi todas las lecturas obligatorias (alguno se me escapaba, claro, y ése sí que lo compraba).
Era divertido ver el montón encima de la mesa, esperando a ser leídos. Lo mejor, el lío que me montaba al devolverlos (nunca sabía de dónde era cada uno).
ostras, tengo que leer dos libros a la semana y chungo lo iba a llevar para llegar siquiera a la mitad de uno O___O
eres mi idola, que lo sepas xD
Creo que todos conocemos ese misterioso placer en que los padres amenacen por la elevada compra de libros. Mi padre aún sigue explicándome la maravillosa magia de la biblioteca, donde puedes leer cualquier libro sin gasto económico y sin problemas de espacio. Somos unos incomprendidos. ^^
Por otro lado, a pesar de las lecturas obligatorias, es curioso cómo siempre encontramos un huequecito para las lecturas de placer. XD
¡Un abrazo!
Sí, tus padres te van a echar por alojar en tu casa demasiado saber, Nerea…
Lo de los profesores creyendo que la suya es su única asignatura me está pasando a mí en este cuatrimestre, en el anterior eran todos muy pacíficos y no nos molestaban los viernes pero ahora… bf, es horrible ir casi de empalmada a prácticas de Contemporáneo, te lo digo yo xD
Sería bueno que Hermione nos prestara su giratiempo -.-
La lectura de placer es siempre necesaria aunque no siempre nos deje buen saber de boca porque nos equivoquemos en nuestras elecciones.
En este momento y debido al sentimiento similar aunqe diferente por estudiar medicina, solo viene a mi cabeza una frase de Borjes… “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leido.” o algo asi y que el espacio de tu habitación siga disminuyendo… XD
Paula, te respondo otro “…”. Y otra sonrisa
Fina, yo miro tus fotos callada. Y también te admiro, muchísimo.
Max, es que en el fondo, me gusta tener todos los libros en las estanterías y cuando vienen las visitas a casa y preguntan: -¿pero te los has leído todos? responderles: Claro que sí. En el fondo, es sólo por presumir, jajaja!
Papal, jo, gracias, tú también eres mi ídola. Ay, tengo que ahorrar para hacerte una visitilla, que no sabes las ganas que tengo!!
Alienor, ¡qué de acuerdo estamos y qué bien nos entendemos! La magia de las biblios es algo que los padres explican y los hijos filólogos nunca entienden, jaja!
Ireth, Hermione no debería prestarnos su giratiempo, debería regalárnoslo directamente.
Blade, no conocía esa cita de Borges, me parece preciosa!! Gracias!!
Ale, y gracias a todos. Qué sonrisas me habéis sacado leyéndoos