
Bécquer y laqueaquíescribe.
Rima XI
—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
—No es a ti, no.—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
—No, no es a ti.—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz.
Soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte.
—¡Oh ven, ven tú!
Así en tardos pasos, todos murmurando,
el lúgubre entierro ya cerca llegó,
y la blanca dama devota rezando,
entrambas rodillas en tierra dobló.Calado el sombrero y en pie, indiferente
el féretro mira don Félix pasar,
y al paso pregunta con su aire insolente
los nombres de aquellos que al sepulcro van.Mas ¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera,
cuando horrorizado con espanto ve
que el uno don Diego de Pastrana era,
y el otro, ¡Dios santo!, y el otro era él…!Parte cuarta, El estudiante de Salamanca.
NUÑO – Llevadla.
AZUCENA – ¡Conde!
NUÑO – Que le mire expirar.
AZUCENA – Una palabra, un secreto terrible; haz que suspendan el suplicio un momento.
NUÑO – No, llevadla.
(La toma por una mano y la arrastra hacia la ventana.)
Ven, mujer infernal… goza en tu triunfo.
Mira el verdugo, y en su mano el hacha
que va pronto a caer…(Se oye un golpe que figura ser el de la cuchillada.)
AZUCENA – ¡Ay! ¡esa sangre!
NUÑO – Alumbrad a la víctima, alumbradla.
AZUCENA – ¡Sí, sí… luces… él es… tu hermano, imbécil!
NUÑO – ¡Mi hermano, maldición!…
(La arroja al suelo, empujándola con furor.)
AZUCENA (Con amargura.) Ya estás vengada.FIN DEL DRAMA
Segunda parte de la quinta jornada de El Trovador.

