Intentos de estudio sin final feliz:
Si yo lo intento, en serio, pero no hay manera. Los jueves, viernes sábados o domingos no se puede estudiar. Y los lunes, martes y miércoles tengo que descansar de los intentos anteriores y reponer fuerza para los siguientes, así que... ¿ayudas, trucos, giratiempos de Hermione, por favor?
¿Qué leo?
  • La chica del átomo dorado de Ray Cummings.
  • Lecturas anteriores, en este enlace. Un párrafo de cada libro que leo, café en mano.
    Citas literarias:
    Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
    Hablamos de…
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    ¿Cuántos cotillas…?

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    saura_quijote
    [Don Quijote y Sancho en los trazos de Saura]

    [...]
    3. El pánico

    El cansancio. La sed. El pánico.
    Dentro. Fuera no se mueve. Dentro,
    pánico. Humedad que traspasa la
    casa-huesos. Entonces voy donde
    hay muchos. Como si algo fuese
    cierto. Como si algo cambiase y por
    eso fuese cierto. Entre todos. Entre
    muchos. Cierto porque se mueve.
    Como si hubiese meta. Si no se
    alcanza no importa. Mejor no
    alcanzar. Como si. Para que sea
    cierto -¿cierto?-

    La hora estimada. La hora de llegada
    estimada. Como si algo ocurriese.
    Por el movimiento. Por el nombre
    que cambia. El del lugar. El de los
    ojos, no. Los ojos siguen fijos en el
    rostro. El rostro que no veo. Siguen
    mirando fuera. Yo nunca veo la
    mirada de mis ojos mirando fuera.

    El movimiento atrapando la
    atención. Reteniéndola. Guiándola.
    Llaman historia a ese movimiento
    que retiene la atención. Cuando no
    hay movimiento fuera, la historia
    ocurre dentro. Pueden haber muchas
    historias a partir de un solo
    movimiento. Entre todas forman una
    situación. La situación es un nudo, a
    veces una madeja, pero siempre es
    un nudo. Algunos nudos retienen el
    pánico.

    Se produce en el silencio,
    antes del movimiento, y
    también después. El pánico es
    un furor detenido. En un principio
    fue el pánico. Tuvo que serlo. Luego,
    el furor fue las formas, ésas que el
    movimiento produce en razón de sus
    detenciones, de sus sacudidas.

    Cuando el espacio entre las
    sacudidas se prolonga, decimos
    que alguien ha muerto. Entonces vuelve
    el pánico o, mejor dicho, se abre. Se
    abre el pánico y el furor se detiene.

    Suele ocurrir también que alguien,
    en el movimiento aún sostenido,
    caiga en la abertura del pánico. Es
    por efecto del vértigo que arrastra
    como un esfínter los bordes de
    la abertura. Su tiempo,
    entonces, queda detenido. En el
    pánico.

    Por eso hago como si algo ocurriese.
    Ocurre al menos la historia como si
    algo ocurriese. Un movimiento,
    una vez más. Tal vez sirva. Para que
    haya historia y me la crea. Lo justo
    para poder caer más adelante.
    [...]

    El desencanto del Quijote,
    Chantal Maillard

    Pánico. Algunos exámenes son como los gigantes molinos de Don Quijote: nos empeñamos en luchar contra ellos y ni siquiera vemos su verdadera forma. Puede que este poema hable sobre eso: gigantes, molinos, exámenes. O quizás no.
    Pocas cosas tienen tanto poder como para provocar pánico. Los exámenes no son una de ellas, desde luego, no se lo merecen. En realidad, casi nada es tan importante como para provocar pánico. ¿Importante o urgente? No siempre lo urgente es lo importante. Así, dejamos cosas importantes aparte, siempre aparte, siempre en estado de espera, siempre subordinadas a las cosas urgentes. Como el examen de mañana, algo urgente por lo que debería dejar de bloguear ahora mismo. O quizás no.
    Puede que la poesía provoque pánico. Desde luego, la poesía sería quizás una de las pocas cosas que tuviera semejante poder. Cada vez que leo a Chantal Maillard y su desencanto del Quijote, me encuentro cayendo cayendo cayendo, con cierto pánico. O igual ya estoy cayendo y en el camino leo a Chantal Maillard. Todo es posible. O quizás no.

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