
Oh tempora! Oh mores! -exclamarán con mucho juicio algunos al ver tantas páginas de tantos renglones cada una-. ¡Obra tan voluminosa!, ¡pensamientos morales!, ¡observaciones críticas!, ¡reflexiones pausadas! ¿Y esto en nuestros días? ¡A nuestra vista!, ¡a nuestras barbas! ¿Cómo te atreves, malvado editor, o autor, o lo que seas, a darnos un libro tan pesado, tan grueso, y sobre todo tan fastidioso? ¿Hasta cuándo has de abusar de nuestra benignidad? Ni tu edad, que aún no es madura, ni la nuestra, que aún es tierna, ni la del mundo, que nunca ha sido más niño, te pueden apartar de tan pesado trabajo. Pesado para ti, que has de concluirlo, para nosotros, que lo hemos de leer, y para la prensa, que ahora habrá de gemir. ¿No te espanta la suerte de tanto libro en folio, que yace entre el polvo de las librerías, ni te estimula la fortuna de tanto libro pequeño, que se reimprime millares de veces, sin bastar su número a tanto tocador y chimenea que toma por desaire el verse sin ellos?
Protesta literaria del editor de Cartas Marruecas
Tímido corzo, de cruel acero
el regalado pecho traspasado,
ya el seno de la yerba emponzoñado,
por demás huye del veloz montero;en vano busca el agua y el ligero
cuerpo revuelve hacia el doliente lado;
cayó y se agita, y lanza congojado
la vida en un bramido lastimero.Así la flecha al corazón clavada,
huyó en vano la muerte, revolviendo
el ánima a mil partes dolorida;crece el veneno, y de la sangre helada
se va el herido corazón cubriendo,
y el fin se llega de mi triste vida.La fuga inútil, Meléndez Valdés
[DOÑA FRANCISCA, RITA]
RITA Señorita… ¡Eh!, chit…, señorita…
DOÑA FRANCISCA ¿Qué quieres?
RITA Ya ha venido.
DOÑA FRANCISCA ¿Cómo?
RITA Ahora mismo acaba de llegar. Le he dado un abrazo con licencia de usted, y ya sube por la escalera.
DOÑA FRANCISCA ¡Ay, Dios!… Y ¿qué debo hacer?
RITA ¡Donosa pregunta!… Vaya, lo que importa es no gastar el tiempo en melindres de amor… Al asunto… y juicio… Y mire usted que en el paraje en que estamos, la conversación no puede ser muy larga… Ahí está.
DOÑA FRANCISCA Sí… Él es.
RITA Voy a cuidar de aquella gente… Valor, señorita,y resolución.
(RITA se va al cuarto de DOÑA IRENE.)
DOÑA FRANCISCA No, no, que yo también… Pero no lo merece.
El sí de las niñas - Acto segundo – escena sexta
Leando Fernández de Moratín
Y algo más que hemos leído por el camino…

