Ayer regalé bombones. Creo que es lo mejor que he hecho en semanas, sólo por la sonrisa con la que fueron recibidos.
Me fascina el poder de una canción, un libro o un poema. Me intriga el ángulo exacto de inclinación del palillo de madera para que la olla a presión deje de pitar. Me pregunto si en los hilos de la tela de mi gorro se quedarán atrapadas las ideas que hoy no encuentro en mi cabeza y por qué el bote de sacarina no se acaba nunca. Tengo curiosidad por saber dónde está mi otro calcetín azul, la moneda de dos euros que desapareció dentro de mi bolso o cómo es posible que pueda perder y encontrar un libro varias veces en un mismo día. Me gustaría saber si el ordenador entiende que las sonrisas no son para él o si el móvil sabe que no es a él a quien nos gustaría tocar en ese momento. Me asustaré el día en el que el ordenador pueda analizar nuestras miradas o el Iphone tenga la aplicación para medir nuestro pulso cardíaco cuando suena esa canción.
Mientras, nos ajustaremos bufanda, guantes y gorro para sentirnos un poquito más calentitos, más protegidos, más queridos, y seguiremos regalando bombones para disfrutar de las sonrisas que provocan.


Qué bonita entrada.
¡Quién no sonríe cuando le regalan unos bombones!
Un besico.
Yo pensaba que las sonrisas no tenían precio, pero he descubierto que la sonrisa de la duendecilla que me roba la ropa y se come mis lacasitos se compra con unos ferrero rocher precisamente cuando no se los merece
Y unos bombones es un precio muy barato para su sonrisa.
Un beso!
[...] serio, yo no quería quejarme, pero el otro día cuando bajé a comprar bombones, casi no los encuentro. Estaban escondidos detrás de varias pilas y pilas de turrones con sabores [...]
Mi sonrisa cuando recibo bombones es para ti exclusivamente! *.*
[...] tener una docena de pendientes encima de la mesilla y usar siempre los mismos. Me gusta regalar bombones en invierno y piruletas en verano. Me gusta abrir el diccionario María Moliner por cualquier página y [...]