
examen.
(Del lat. examen).
2. m. Prueba que se hace de la idoneidad de una persona para el ejercicio y profesión de una facultad, oficio o ministerio, o para comprobar o demostrar el aprovechamiento en los estudios.
La palabra arriba definida es temida, especialmente en ciertas épocas, por ese grupo social denominado estudiantes universitarios.
Si se desea estudiar o contactar con este colectivo, su hábitat natural suelen ser los bares, los pasillos de la facultad (que no las clases) y el césped que rodea este estanque cuya agua todavía no tiene color determinado. Son propensos a solucionar el mundo con cafés por la mañana y cubatas por la noche. Tienen costumbres fijas, mantienen en especial la de salir los jueves por la noche y rara es la vez que no la cumplen a rajatabla.
Sin embargo, una de los pocos sucesos que rompe con los horarios habituales de este colectivo es el llamado estudio, acontecimiento que ocurre dos o tres veces al año (dependiendo de la inclinación natural del sujeto en cuestión) y que obliga al estudiante a encerrarse un mes en la biblioteca, con la extraña obsesión de introducir todos los folios de apuntes que ha copiado a lo largo de un curso en su mente. Este repentino afán de acumular la mayor cantidad de conocimientos en su cerebro en el mínimo de tiempo posible sólo es comprensible bajo la luz de los exámenes, concepto explicado al principio de este artículo. Esa prueba de fuego a la que se someten voluntariamente una buena parte de los estudiantes universitarios podría entenderse, quizás, como una manera de avanzar e intentar superar a sus compañeros.
El cénit de este ritual de superación personal se sitúa en la noche de San Juan. Aún no se han estudiado las posibles relaciones entre el solsticio de verano y ese comportamiento extraño de los estudiantes universitarios. Durante la realización de un examen, la conducta común de la mayoría de estos sujetos es la de escribir compulsivamente folios y folios que versan sobre un solo tema en el tiempo estipulado por otro grupo social, digno de estudio aparte, llamado profesores universitarios.
[Queridos lector@s de este blog, laqueaquíescribe les comunica que comienza oficialmente su temporada de exámenes universitarios. La noche de San Juan volverá a su hábitat natural, oseasé, solucionar el mundo con cafés por la mañana y cubatas por la noche. Mientras tanto, se propone dejar el alcohol y las juergas durante una temporada.]


¡Ay, qué tiempos aquellos! ¡Y pensar que a veces me da por plantearme volver a ellos… y lo que es peor, que como me descuide volveré a hacerlo!
Mucha suerte con los exámenes (que esa es otra, desear suerte y no constancia). Seguro que saldrán bien. Si sale algo de El Quijote, no recuerdes citar, en las referencias, la URL de éste, tu blog.
Saludos.
Ánimo y suerte con ellos
Eso ya lo veremos jajajaja pero inténtalo que nunca está de más
Por cierto, al principio me sentía como si estuviera leyendo algún artículo escrito por Félix Rodríguez de la Fuente (que hombre más mítico…
lo peor es pensar q hay q estudiar. yo me paso el tiempo con eso, y si me queda tiempo, estudio