Marlango – The Long Fall
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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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Archivo de abril de 2009

El actor que me fascinó en Antes de Amanecer y al que me rendí en Antes de Atardecer ha hecho de Hamlet y yo no lo sabía…

To be or not to be, that is the question;
Whether ’tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles,
And by opposing, end them. To die, to sleep;
No more; and by a sleep to say we end
The heart-ache and the thousand natural shocks
That flesh is heir to — ’tis a consummation
Devoutly to be wish’d. To die, to sleep;
To sleep, perchance to dream. Ay, there’s the rub,
For in that sleep of death what dreams may come,
When we have shuffled off this mortal coil,
Must give us pause. There’s the respect
That makes calamity of so long life,
For who would bear the whips and scorns of time,
Th’oppressor’s wrong, the proud man’s contumely,
The pangs of despised love, the law’s delay,
The insolence of office, and the spurns
That patient merit of th’unworthy takes,
When he himself might his quietus make
With a bare bodkin? who would fardels bear,
To grunt and sweat under a weary life,
But that the dread of something after death,
The undiscovered country from whose bourn
No traveller returns, puzzles the will,
And makes us rather bear those ills we have
Than fly to others that we know not of?
Thus conscience does make cowards of us all,
And thus the native hue of resolution
Is sicklied o’er with the pale cast of thought,
And enterprises of great pitch and moment
With this regard their currents turn awry,
And lose the name of action.

Llevaba toda la tarde leyendo y haciendo trabajos… y estos videos me han arrancado una sonrisa. Así que se merecen entrada propia. Gracias.

¿Recordáis que los filólogos nos fuimos un finde a Barcelona para celebrar el final de exámenes?
Si no lo recordáis y no queréis quedar mal, podéis refrescar vuestra memoria en esta entrada.

Bien… pues como [mode irónico on] no tenemos trabajos que hacer [mode irónico off], aquí os traigo el montaje que se ha realizado con las fotos y videos de ese finde irrepetible en Bcn:

Ains, quiero irme de viaje again.

So-called Mr Rock & Roll,
Is dancing on his own again,
Talking on his phone again,
To someone who tells him that his balance is low.
He’s got nowhere to go, he’s on his own again.

Rock Chick of the century,
Is acting like she used to be,
Dancing like there’s no-one there.
Before she never seemed to care,
Now she wouldn’t dare.
It’s so Rock & Roll to be alone.

And they’ll meet one day far away,
And say, ‘I wish I was something more.’
And they’ll meet one day far away,
And say, ‘I wish I knew you, I wish I knew you before.’

Mrs Black & White she’s never seen a shade of grey,
Always something on her mind,
Every single day.
But now she’s lost her way,
And where does she go from here?

Mr. Multicultural sees all that one can see,
He’s living proof of someone very different to me.
But now he wants to be free,
Free so he can see.

And they’ll meet one day far away,
And say, ‘I wish I was something more.’
And they’ll meet one day far away,
And say, ‘I wish I knew you, I wish I knew you before.’

He’ll say, ‘I wish I knew you
I wish I met you when time was still on my side.’
She’ll say, ‘I wish I knew you
I wish I loved you before I was his bride.’

And so they must depart,
Two many more broken hearts.
But I’ve seen that all before,
In T.V, books, and film and more.
And there’s a happy ending,
Every single day.

And they’ll meet one day far away,
And say, ‘I wish I was something more.’
And they’ll meet one day far away
And say, ‘I wish I knew you, I wish I knew you before

Navegando por la web de la biblioteca María Moliner.
Reservando libros para ir a buscarlos mañana.
Tocará leer mucho el finde.
Adelantar trabajos de esos que hay que entregar el mes que viene.
Leer, leer y leer. Y escribir, escribir, escribir.

Edit: Laseñoritaqueaquíescribe ha estado esta mañana ordenando apuntes de la Universidad. De un solo tema, El Quijote, tiene 60 páginas. Lo malo es que ese es uno de los temas que no puede dejar-de-estudiar-porque-es-probale-que-no-caiga-en-el-exam. Habrá que ponerse…

Y cruza la llamada la selva ciudadana, la implacable jungla de asfalto, cruza de guarida en guarida, desde una alcoba hasta otra alcoba, de cama en cama.

[...]
Elia siente las tentaciones, acaso perversas, de advertirle que no tiene por qué sorprenderse tanto ni creerse tampoco aquí tan excepcional, porque lo natural, la regal universal por la que se rige el mundo, una regla de locos para un mundo de enfermos, es que nadie o casi nadie o nunca en cualquier caso en el modo adecuado y por el suficiente tiempo consiga sentirse realmente amado, pero lo piensa con más calma y opta, ella, por callarse.

[...]
Mientras aprendían las niñas a ser mujeres en esa rara mezcla de la ofensa y el halago, del rechazar y provocar adrede la agresión, en el inicio de un juego sucio que habrían de prolongar luego a lo largo de toda una vida y con confundirían incluso algunas veces, qué sarcasmo, con el amor.

[...]
Elia calla pero piensa “hay que pedir la luna”, sólo esa intensidad de la imaginación y de los sentimientos, como una única droga total, que resulta sin embargo cada día más difícil de conseguir y de la que necesita aplicarse paulatinamente, fatalmente, una dosis siempre mayor para lograr tan sólo efectos semejantes.


El amor es un juego solitario
Esther Tusquets

Hace algunas semanas leí El amor es un juego solitario, continuación de El mismo mar de todos los veranos, de Esther Tusquets. Ahora me falta la tercera parte, le tengo ganas.
Acabo de ordenar la mesilla, retirando los libros ya leídos y los no leídos. He apartado los libros de lectura no-inmediata, los no-obligatorios, los que se pueden volver a colocar en la lista-de-libros-pendientes. Me parece que en los dos próximos meses voy a leer sólo joyicas que me mandan. Y con joyicas me estoy refiriendo no sólo a textos de Siglos de Oro.

[Foto: Estatua de una ninfa en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Cuando la vi, me recordó mucho a Clara y Elia, los personajes protagonistas de esta trilogía de Esther Tusquets. Y como no tengo foto del café que me tomé antes de la visita al Arqueológico, pongo esta foto.]

Ya está en línea el número 13 de la revista Narrativas.
Podéis descargarla en este enlace.

Ensayo

Las máscaras en “La región más transparente” de Carlos Fuentes, por María Pía Pasetti
Agendas narrativas: una lectura de la narrativa peruana última, por Carlos García Miranda
Dos lecturas foráneas de El Quijote. Jorge Luis Borges y Felisberto Hernández, por Mónica Salinas
El mundo de los sentidos en la obra “Café nostalgia” de Zoé Valdés, por Orlando Betancor
El mal del siglo, por Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón

Relatos

La dimensión perdida de los espejos, por Javier Quiñones
El club de los idealistas de los últimos días, por Gabriel Schutz
Microrrelatos, por Araceli Esteves
Casacas de cuero negro, por Carlos García Miranda
Un día cualquiera, por Roxana Popelka
El número cuatro, por Leopoldo de Trazegnies Granda
Tres relatos, por Mónica Sánchez Escuer
El dueño, por Porfirio Mamani Macedo
Cuentos eróticos, por Ligia Minaya
Cosas que decidir mientras se hace la cena, por Maite Núñez
Catalina de 9 años, por Carlo Reátegui Avilés
La vida encima, por César Alejandro Obregón Guzmán
La foto, por Francisco Ruiz
Juego de mesa, por Luis Emel Topogenario
Los cuentos del posadero de Bacharach, por Enrique García Díaz
La iglesia de Gabor, por José Antonio Lozano
En cuerpo y alma, por Laura López Alfranca
Por qué odiar a Raymond Chandler, por Esther Ranera
Solo era un gato, por Lea del Pozo
A la caza del tesoro, por Daniel Alejandro Gómez
Castañas pilongas, por José María Morales
El orfeón esmeralda, por Blanca del Cerro
El silencio, por Pepe Pereza
Licores de Santa Caterina, por Fran García Parra
Correspondencia nicaragüense, por Berenice Noir
Preciosa y perezoso, por Olivia Vicente Sánchez

Narradores
Fernando Iwasaki

Reseñas
“Cómo matar a un poeta” de Manuel Jurado López, por Pablo Lorente Muñoz
“15 maneras de decir amor” de María Frisa, por Luis Borrás
“La fiebre del atún” de Andrés Casanova, por María Helena Sofía
“Piedad” de Miguel Mena, por Luis Borrás
“Cuatro veces fuego” de Lara Moreno, por Miguel Sanfeliú
“Con la soga al cuello” de Flavia Company, por Pablo Lorente Muñoz

Miradas
El gato y la simbología ambivalente, por Vanessa Alanís Fuentes Oliver
La vorágine oculta, por Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón

Novedades editoriales

Y ahora, a leer poquito a poco, que son muchas páginas…

[Artículo publicado en la revista Eléboro del IES Elaios de Zaragoza]

La gracia de Grecia – crónica de un viaje anunciado

Érase una vez unos alumnos de Humanidades a los que el director nunca hacía caso. Ellos, tan cultivados, querían visitar Grecia, cuna de la cultura y las letras, o eso dicen los libros.

Un buen año, el profesor de Latín consiguió que le dejasen organizar la expedición1. Y aquel fue el principio de un viaje inolvidable.

También fue el principio de una serie de movimientos estratégicos por parte de los alumnos del centro para dar a conocer el viaje, el primero de muchos otros.

Primero, fue un impresionante concierto con diferentes estilos de música y un mismo objetivo: mendigar dinero a nuestros amigos y conocidos. Después, fue la tarde de bailes griegos y sándwiches caseros. Unas danzas que más tarde practicaríamos en las discotecas griegas (jaja). Y, por último, fue el blog, lagraciadegrecia.wordpress.com, un lugar virtual de encuentro para los que no estaban en el instituto pero iban al viaje; entre ellos exalumnos (las que escriben esto), otros profesores y amigos de éstos. En el blog colgamos informaciones de los sitios que íbamos a visitar, perfilamos el planning del viaje y cultivamos las ganas de que llegara el día de nuestra partida.

Y llegó.

Amanecía cuando llegábamos a Madrid después de cuatro horas de autobús sin poder descansar. Una vez facturadas las maletas y la mitad del grupo entrando en el avión, unos duendecillos malvados se comieron los cables del tren de aterrizaje. Menos mal que Iberia nos puso en otro avión y nos dio de almorzar. Primera anécdota de las muchas que vivimos.

…¡Y por fin llegamos a Ítaca, digo, a Atenas!

La calle de Aristófanes no era tan cómica como el autor al que debe su nombre. Recordaremos siempre el bar Goya y las estupendas vistas al edificio abandonado que veíamos desde nuestros balcones. Eurípides, el nombre de nuestro hotel, sí hacía honor al ambiente trágico de la calle por la noche.

La tarde del domingo, el día que llegamos, dimos un paseo por la multicultural plaza Monastiraki y el Parque Nacional. Nos hicimos la primera foto de grupo en las escaleras de la plaza Syntagma y vimos el cambio de guardia. También nos sorprendimos de la gran cantidad de perros con pulgas y sin dueño que vagaban por las calles (aunque para los griegos, los gatitos, menos numerosos, son más monos y se merecen postales y calendarios). Nos tomamos nuestra primera pita en Grecia, algo más cara de lo acordado, y nos volvimos al hotel a descansar.

Queríamos celebrar el cumpleaños de Ana Celia, nuestra estupenda guía, en la Acrópolis, pero la lluvia nos aguó la fiesta. Eso sí, muy pocos turistas pueden presumir de haber visto el Partenón con tan poca gente colándose en sus fotos. Se encontraba en peor estado del que nos pensábamos, pero aun así es mágico y sorprendente que lleve dos mil años en pie.

Una parte importante del viaje consistía en patearse el máximo número posible de museos de la ciudad con nuestro pase VIP, la carta mágica, el free-pass autorizado por el embajador griego en España e ilustrado con una foto del mayor entusiasta del grupo (al que le exigimos una fotocopia). Gracias a ese extraordinario documento entramos by the face en el Museo Arqueológico Nacional y en el Museo Cerámico.

Probamos la riquísima mousaka, plato muy típico de Grecia, y nos fuimos a dormir pronto. Al día siguiente, martes, salíamos de excursión. Nuestra primera parada fue en el canal de Corinto, que vimos todavía sin haber despertado. Ya más despejados llegamos a Epidauro. Las fotos no le hacen justicia (porque no cabe en una sola foto). El coro oficial del viaje intentó demostrar la capacidad acústica del teatro, pero les superó el himno italiano. Pasamos la mañana en la cuna de la tragedia y la comedia y por la tarde nos dirigimos a Micenas. En la fortaleza de Agamenón, buscamos el tesoro de Atreo y con mucha imaginación visualizamos lo que fueran las propiedades del famoso rey, padre de Ifigenia y cuñado de la bella Helena.

Ya de vuelta en Atenas, catamos la cerveza griega con los profesores y comprobamos la simpatía de las camareras antes de irnos al sobre.

El miércoles, después del desayuno en la azotea del hotel con vistas a la Acrópolis, cogimos el metro hasta el puerto de Atenas, El Pireo, y allí nos embarcamos en un ferry que nos llevaría a través del relajante azul hasta la isla de Egina, donde las hormigas se convirtieron en mirmidones. Como caído de ese cielo ya casi veraniego, conseguimos un autobús que nos hizo una ruta completa por la isla, parando en el templo griego de Aphaia (no eran nada tontos estos dioses griegos cuando elegían los emplazamientos para sus templos), el monasterio ortodoxo de San Nectario, recién restaurado, y el templo de Apolo (del que sólo quedaba una columna).

Después de comer, unos cuantos valientes probaron la sal del mar Egeo, bañándose en el agua no del todo clara de la costa de Egina. Ya por la tarde, al bajar del ferry en el puerto de Atenas, se propusieron diferentes planes para pasar la tarde y cada cual eligió el que más le gustaba: compras en el Pireo, paseo por Monastiraki y visita improvisada al estadio olímpico, el templo romano de Zeus y la puerta de Adriano. Esa noche, antes de volver al hotel, encontramos un ciber y actualizamos el blog del viaje a Grecia, La gracia de Grecia.

Nos dimos cuenta de que en pocos días alcanzamos la armonía y compenetración en este grupo tan dispar. En el ecuador de nuestro periplo por tierras griegas, habíamos conseguido un nivel de convivencia del que no puede presumir todo el mundo.

El jueves subimos al bus en Atenas y cuatro largas horas después bajamos en Delfos, con ganas de preguntarle al oráculo si íbamos a aprobar los exámenes de junio. Poco tiempo, calor, ladera demasiado empinada de la montaña y muchas piedras por el suelo es lo que más recordamos de nuestra fugaz visita al mítico Delfos. Eso, y el ómphalos, el ombligo del mundo, en el museo del yacimiento. Por un instante, nos sentimos el centro del mundo.

Después de comer subimos de nuevo al autobús, con la perspectiva de otras cuatro horas hasta Kalambaka. Corríamos el riesgo de aburrimos mortalmente en el trayecto, pero el conductor ligón y nuestra guía más dicharachera e internacional nos amenizaron el camino sin dejar descansar ni un momento el micrófono (ni a nosotros, que queríamos siestear). Aquella noche, como buenos preuniversitarios, los alumnos de Bachiller no se quedaron en el hotel de Kalambaka. Por sus ojeras al día siguiente y su café en vena, supimos que se habían corrido una buena juerga.

Viernes. Vamos a Meteora. El madrugón mereció la pena. Meteora era el principio del cielo y el final de la tierra. Los monasterios construidos por los monjes tenían las mejores vistas de todo el viaje (si no te dan miedo las alturas). Siempre recordaremos esas faldas tan a la última moda que nos tuvimos que poner las féminas del viaje. Meteora era otro mundo; nuestra carta mágica de los museos no funcionó.

La excursión de dos días por la geografía de Grecia se acababa y había que volver a nuestro querido hotel Eurípides en Atenas. De camino a la capital helénica, hicimos una parada en el mítico Paso de las Termópilas, donde yacen los trescientos valientes de Leónidas (y sus acompañantes), que perecieron ante el numeroso ejército del persa Jerjes. La panorámica nocturna de Atenas desde el monte Licabitos nos dejó a todos sin palabras: la luna llena, la Acrópolis iluminada, la bruma nocturna, los cortes de electricidad en el funicular de bajada.

Sábado, nuestro último día en la capital griega. Día libre para compras, para repetir visitas (ver la Acrópolis con sol y turistas), para ver más museos o para coger un bus y bajar al Finisterre griego, el cabo Sounion, a ver atardecer por última vez en Grecia. Saturday night: Salimos a saborear la Atenas nocturna2 y no resultó tan diferente de la española. Nuestro barrio, que por el día no era demasiado acogedor, acabó siendo estupendo para agotar las pocas fuerzas que nos quedaban en el cuerpo tras esta intensa semana.

A la mañana siguiente, último desayuno en Atenas, cerrar las maletas deprisa y corriendo, últimas fotos en el aeropuerto y despedirnos de este país tan lleno de contrastes. Y así, de esta manera, terminó nuestra expedición por la tierra de la mitología y cultura clásicas, a la que seguirán otros muchos más viajes culturales organizados por nuestro querido profesor de Latín y Griego, Tomás Funes.
¿En una palabra? Inolvidable, irrepetible, irrepetible, irrepetible,… maravilloso, mágico, inimaginable, fantástico, mítico, impresionante, divino… Elegid vosotros.

Yo, definitivamente, me hubiera quedado en Grecia

…pero me han obligado a volver. Snif.

Muchas ruinas. Muchas fotos. Mucha gente. Muchas risas.

Y dos finales del mundo en los que me hubiera quedado sin dudarlo.

Meteora, el final del mundo y el principio del cielo.


Sounion, el final de la tierra, un Finisterre griego.

Pero no penséis que todo han sido vacaciones, no. La carrera y los trabajos me persiguen aunque huya a otro país. Tanto que, cuando salía a la calle, lo único que veía eran sintagmas.

Preparando maleta, comprobando pasaporte, releyendo a Kavafis, escogiendo Moleskine para escribir el diario del viaje a Grecia…

“Nuestro viaje comienza en esa misteriosa hora entre el sábado noche y el domingo madrugada, en la que no se sabe si es muy pronto o demasiado tarde. Después de varias horas en el bus intentando dormir un poco, llegaremos a Madrid para desayunar y bajaremos del avión justo para comer en Atenas.”

Podréis seguir nuestras aventuretas por el país de la mitología y la cultura clásica, los monasterios de Meteora, el teatro de Epidauro, el griego clásico y moderno (y nuestros intentos por pronunciar algunas palabras), la Acrópolis, el oráculo de Delfos, los gyros, las musakas y Kavafis en La gracia de Grecia, el blog del viaje.

Prometo esconder bien en la maleta la piedra-ruina de recuerdo que robe en la Acrópolis, probar el eco del teatro de Epidauro, hacer fotos que provoquen vértigo en Meteora y preguntarle a la Pitia de Delfos si aprobaré los exámenes de Junio.

Y volver a la ciudad del cierzo. Bueno, eso no lo prometo tanto.

De Carlo Fabretti me he leído un par de libros últimamente: El libro infierno y El cuarto purgatorio. Me han gustado mucho. Ahora me estoy empezando Nunca más, de literatura juvenil.

Suelo leer sus artículos en La ciencia es la única noticia (también los de Juan Varela). El artículo de Fabretti de hoy, sobre el aborto, es especialmente… ¿actual, polémico, interesante, partidista? Mejor leerlo. Razón y (mala) fe.

Me gustaron mucho Inspiración y transpiración o ideas luminosas. Eterno debate sobre si el artista nace o se hace, si existen las musas o no… etc.

“A los quince años dibujaba como Miguel Ángel, y he tenido que llegar a viejo para dibujar como un niño”, dijo Picasso al final de su vida.

Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:

-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.

Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma
La Sirenita, Hans Christian Andersen.

Hoy es el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Se conmemora el aniversario del nacimiento del cuentista danés Hans Christian Andersen.

Terminar las clases y saber que mañana es fiesta.
Apagar la tele, servirse un café y escoger una buena lectura.
Acabar El beso del Sáhara, de Gonzalo Moure, cerrando el libro con ganas de coger una mochila e irme a descubrir mundo. Los libros de Gonzalo tienen magia, siempre me provocan ese efecto.

Leer a Andersen, al original, sin los finales edulcorados made in Disney.
Terminarme el café, servirme otro.
Pensar en Leyendo café en mano, un antiguo blog que mantenía en blogspot y que fusioné con éste hace poco más de un año. Ahora ya no es blog independiente, ahora tiene sección propia aquí, en forma de categoría. Últimamente, varios lectores han llegado hasta aquí a través del antiguo Leyendo café en mano. Es curioso, ¿por qué será? ¿lee más la gente o toma más café?

Hablando de café y de literatura:
Benjamin Obler’s top 10 fictional coffee scenes
Benjamin Obler, escritor novel y amante del café, nos enseña sus apariciones preferidas del café en la literatura.
Y Ni libre ni ocupado también habla del café hoy.

[Foto: Junio'08. En una terracita en el Actur. Día en el que terminamos los exámenes de primero de hispánicas y los protofilólogos nos pudimos tomar un café sin sentirnos culpables por no estar estudiando.]