Al señor que tenía un craneo previlegiado le han puesto una bufanda en Madrid:
La estatua de Ramón María de Valle-Inclán situada en el madrileño Paseo de Recoletos ha recibido este mediodía su XXVI bufanda blanca, siguiendo una tradición por la que cada año, en el Día Mundial del Teatro, los dramaturgos expresan de esta forma su admiración por la obra y autores de todas las épocas.
Valle-Inclán ya se ha paseado por este blog un par de veces:
¿Qué debemos hacer? Arte, no. No debemos hacer arte ahora, porque jugar en los tiempos que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero una justicia social.
…
Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato, y reflejados en los espejos dan el Esperpento. La tragedia nuestra no es la tragedia, es esperpento.

“Las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!”. Memorable escena: un famélico Max Estrella se queja ante el Ministro de la Gobernación de su condición de poeta menesteroso, sombra infausta de glorias pasadas. Acontecía la entrevista, según el genio valleinclanesco, en un “Madrid absurdo, brillante y hambriento”, allá por la década de los veinte del siglo homónimo. Valle Inclán pasaba el testigo de un descrédito que venía de antiguo, potenciado en gran medida (y paradójicamente) por la propia literatura. Poetas hambrientos, filósofos disparatados y gramáticos en pupilaje pululan por la república literaria de todos los tiempos. Don Quijote es el ejemplo más señero del perjuicio que infligen las letras.
[Foto: la semana pasada en Madrid, después de hacerme la foto con la vaca quijotesca.]
Y si el día Mundial de Tolkien lo celebramos yéndonos a una charla sobre Tolkien y el Romanticismo, el día Mundial del Teatro tocará ir al teatro: Señorita Julia.


Amiga Nerea: Acabamos de leer y comentar “Luces de Bohemia” con los alumnos de segundo de Bachillerato del “Ramón y Cajal”. Casi me sé la obra de memoria. Simplemente genial. Veo que has aprovechado tu estancia en Madrid literariamente hablando.
Un abrazo,
José María
José María: Madrid es siempre intenso, muchas cosas que ver, que hacer, y muy poco tiempo, pero sí, aproveché la escapada.
Y si hay que aprenderse alguna obra de memoria, “Luces de Bohemia” no es una mala elección
Me sigue encantando cuando la releo, sigo admirando el esperpento como el primer día. Lástima que no sigan los mismos espejos en el Callejón del Gato…
Un abrazo.