Archivo de marzo de 2009
Prisión del nácar era articulado
de mi firmeza un émulo luciente
un dïamante, ingenïosamente
en oro también él aprisionado.
Clori, pues, que su dedo apremïado
de metal, aun precioso, no consiente,
gallarda un día, sobre impacïente,
lo redimió del vínculo dorado.
Mas, ay, que insidïoso latón breve
en los cristales de su bella mano
sacrílego divina sangre bebe:
púrpura ilustró menos indïano
marfil; invidïosa, sobre nieve
claveles deshojó la Aurora en vano.
De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler
Góngora
Y ahora, sigue pensando que mi carrera está tirada, que sólo hay que leer ¬¬
‘Soy el hombre superficial más culto del mundo’, dijo un día a Jung uno de sus pacientes, orgulloso de haber logrado conciliar dos cosas en apariencia incompatibles. Pero también a los cuerdos nos vuelven locos las contradicciones. En los circos antiguos solían exhibir a un señor de estatura normal (la de Bush, pongamos por caso), del que el jefe de pista aseguraba que se trataba de un enano gigante traído de las antípodas. Recuerdo que los niños nos mirábamos confundidos por aquel disparate lógico que no era más que un anticipo de la vida. Años más tarde, cuando leímos la afirmación de Monterroso según la cual los enanos tienen un sexto sentido para reconocerse en público, me pregunté si Bush sería capaz de distinguir a simple vista a la gente de su estatura, aunque, a juzgar por los compañeros de foto que elige en las cumbres, quizá sí. Tenemos, en fin, una pasión inexplicable por el contrasentido, de ahí la invención del muerto viviente, del pollo sin colesterol, de las aceitunas sin hueso, de los peces sin espina o de los melocotones sin piel.
En EE UU acaban de fabricar un ratón transgénico que, aunque castrado, tiene la espalda llena de testículos productores de semen de cabra. Pero las barbaridades que hacemos ahora con la biología llevamos siglos haciéndolas con la gramática. En realidad, somos el resultado de nuestros aciertos y desaciertos verbales. Si Dios juega a los dados con los átomos, el hombre juega a la ruleta rusa con las palabras. Las arroja sobre el tapete y, si salen juntas gusano y vertebrado, ya no para hasta conseguir una lombriz con espina dorsal; si salen trabajo y basura, inventa las empresas de trabajo temporal. Monstruosidades, que no falten. Ahí tienen ustedes la democracia cristiana, la música militar, el mercado libre, la luz negra, la fusión fría, el pensamiento único, la aldea global, la cirugía indolora, la ardiente oscuridad, la lluvia ácida, la contabilidad creativa, la economía real y el capitalismo popular.
Pero, entre los productos transgénicos más sorprendentes de ahora mismo, hay que destacar el del dato sin información. Se trata, en efecto, de un dato con el sabor, el olor y la textura de un verdadero dato, aunque manipulado de tal modo que no lleva dentro referencia alguna. De ahí que sea un dato inhábil: no engorda, pero tampoco alimenta. Si alimentara, usted y yo seríamos más sabios que Salomón, pues no hacemos otra cosa que administrarnos datos a mansalva (qué rayos querrá decir mansalva). Nos despierta la radio con datos, leemos periódicos cuyas páginas están llenas de datos, y completamos la dieta con los datos de colores de la tele. Si los datos fueran tan saludables para la cabeza como el yogur desnatado para el cuerpo, seríamos aristócratas del pensamiento. Pero no somos nada porque la particularidad del dato transgénico es la de pasar por la conciencia sin romperla ni mancharla; es decir, que no nos enteramos.
Degusten, por cortesía de la casa, algunos datos tomados al azar: sólo en Madrid, y con las dos viejitas que acaban de aparecer, han fallecido en lo que va de año 68 ancianos abandonados a su suerte. Cuando la policía, alertada por el mal olor, llega a las viviendas, ya llevan dos semanas, o dos años, descomponiéndose en el pasillo, o en el dormitorio. O sea, que han muerto como perros, por emplear una expresión antigua que en el verano recobra todo su vigor. No sabemos cuántos pisos hay ahora mismo habitados por cadáveres de ancianos solitarios en ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona, pero seguro que la cantidad se podría expresar ya en porcentajes. El porcentaje es el dato transgénico por excelencia, pues no se te atraganta aunque el muerto sea tu padre. Otro dato: en el último puente se han dejado la vida en las carreteras 65 personas. Los accidentes de tráfico contienen ya tan poca información que los periódicos no saben si darlos en Sociedad, Cultura o Espectáculos. A veces, ni los dan.
Más aún: acaban de morir dos mujeres, una quemada y la otra estrangulada, a manos de sus maridos, aunque Amina Lawal continúa viva gracias a la lactancia, porque cuando el bebé comience con los potitos será enterrada hasta la cintura y apedreada hasta la muerte si no lo remedian los abajo firmantes.
¿Nota usted malestar, dolor? ¿Tiene náuseas, vómitos, mareos o sensación de vértigo? Desde luego que no. ¿Por qué? Porque somos, como el paciente de Jung, las personas superficiales más informadas del mundo. Viva la anestesia y arriba el ratón-cabra.
Juan José Millás, El País, 21 de agosto de 2002
[Ya empezamos con los comentarios de textos para Selectividad. Es lo que tiene ser profe de repaso para pagarse los caprichos, que revives el estrés y los nervios de Selectividad todos los años...]
Y el párrafo final de un artículo que merece la pena leer: ¿Por qué blogueo?
De hecho, a pesar de toda esa intensa aura de sufrimiento que rodea a los periódicos y las revistas, esta es una Edad de Oro para el periodismo. La blogosfera ha añadido un nuevo dialecto al acto de escribir y ha introducido a toda una generación completamente nueva a la no ficción. Ha permitido a los escritores escribir en voz alta de forma nunca vista o comprendida antes. Y sin embargo, ha expuesto un hambre y una necesidad por la palabra escrita que, en la era de la televisión, había parecido desvanecerse.
Las palabras, de cualquier tipo, nunca han parecido tan actuales.
Vía: Muy Interesante.
Decía George Orwell, el escritor británico autor de 1984 y Rebelión en la granja, que el secreto de una buena prosa reside en elegir, entre dos palabras de idéntico significado, la que sea más corta. Una filosofía que practicó también el español Azorín, que acostumbraba a tachar en sus manuscritos todos aquellos términos que le parecían difíciles o rebuscados, y que sustituía por otros más sencillos o menos impostados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se vive el fenómeno contrario: algunos hablantes tienden a engordar las frases con expresiones ampulosas, pomposas y sonoras. Así, es habitual escuchar climatología en lugar de clima, altitud por altura, y citación por la mucho más vulgar cita.
Hace años el profesor Aurelio Arteta definió estas palabras artificialmente sobredimensionadas para que suenen más importantes como archisílabos, y desde entonces denuncia de vez en cuando las actitudes archisilabizadoras de políticos, profesionales y periodistas, entre muchos otros. Por ejemplo, el hombre del tiempo que anticipa en televisión precipitaciones, en vez de anunciar lluvias; el médico que, ante la sintomatología –no síntomas– de un paciente, encarga una analítica en lugar de un simple análisis, o el periodista o político que, en diarios y revistas, se refiere a cumplir la legalidad, cuando podría decir perfectamente la ley.
Hay muchísimos más términos archisílabos, y por si necesita reciclar su léxico para ponerse a la moda, no olvide que debe decir caracterización en lugar de característica, peligrosidad en lugar de peligro y argumentación como alternativa archisilábica al común y vulgar argumento. En la misma línea, recuerde elegir llamamiento en vez de llamada, honorabilidad por honor y referente por modelo. No se olvide tampoco de los verbos. Utilice culpabilizar en vez de culpar, visionar por ver, inicializar por iniciar, y en lugar del aburrido abrir utilice el mucho más complejo y pretencioso aperturar. Y ante la duda, ya sabe, siempre lo más largo y complicado.
[Por cierto, ¿a qué huelen los libros viejos? A lignina.]
Leyendo el blog de Daniel Gascón… y pensando. Pensando, entre otras muchas cosas, en la suerte que tengo por nacer aquí. Pensando en cómo será la vida de Elif día a día. Pensando. Y un escalofrío me recorre si empatizo.
“Cuando el padre de Elif le dijo que tenía que suicidarse para ahorrarle una condena a prisión por asesinato, ella lo pensó detenidamente. ‘Quería a mi padre tanto, estaba dispuesta a suicidarme por él aunque no había hecho nada malo’, dice Elif, de 18 años. ‘Pero no podía seguir. Amo demasiado la vida’.
Todo lo que había Elif era rechazar la oferta de un matrimonio concertado con un hombre mayor, diciéndoles a sus padres que quería continuar su educación. Ese acto de desobediencia traía, pensaban sus padres, deshonra a toda la familia; era un crimen que se castigaba con la muerte. ‘Conseguí escapar. Cuando iba a la escuela, algunas chicas que conocía fueron asesinadas por sus familias en nombre del honor. Una de ellas sólo había recibido un mensaje de móvil de un chico’, dijo Elif.
Los llamados ‘crímenes de honor’ han alcanzado cifras récord en Turquía. Según las cifras del gobierno, hay más de 200 al año; la mitad de los asesinatos que se cometen en el país. Ahora, en un giro siniestro, llega la urgencia de los ‘suicidios de honor’. Este creciente fenómeno se ha unido a las reformas del código penal turco de 2005. Introducía condenas a cadena perpetua para los que cometían crímenes de honor, mientras que antes podían recibir una sentencia más breve si alegaban provocación. Pronto después de que se aprobara la ley, el número de suicidios de mujeres empezó a dispararse.
Elif ha pasado los últimos ocho meses huyendo, viviendo oculta y con miedo. Sus tíos y otros parientes intentan cazarla, porque el deshonor es visto como una mancha que sólo puede limpiar la muerte. Uno de los refugios de mujeres donde ha estado Elif ha sido asaltado por miembros de su familia armados”.
Edit: El verbo empatizar no existe. Pero imaginemos un verbo del sustantivo empatía, que sí que está en la RAE.

Porque no es necesario tener algo que celebrar para comer chocolate.
Aunque el chocolate sabe mejor si hay algo que celebrar.
Y porque las celebraciones los miércoles sientan bien.
Y, misteriosamente, si celebras algo ajeno, te lo pasas mejor.
Pasea y piensa. O piensa y pasea. A veces no se da cuenta de que pasea. Sólo piensa, mirando sin mirar. Siempre mirando sin mirar, siempre atento sin atender, siempre ocupado sin nada que hacer, siempre haciéndose el interesante y tan tremendamente perdido como los demás. Y a veces, cree que piensa y no sabe en qué.
Y llega a casa y le duelen los pies.
Helena Torres.
Este finde he vuelto a comer fresas.
Y a terminar otro libro. Y a ver la peli rara de los sábados en la tv.
Me sigue doliendo el pie, a veces.
Aunque el reloj sigue sin pilas, tempus fugit, o tempus me fugit.
Y me encontré a mi arañita metiéndose dentro del bolsillo de mi abrigo.
Creo que se quiere venir a Grecia en Semana Santa.
No es tonta la arañita, no.
Edit: Y si tenía poco tiempo, hay que cambiar la hora.
A las 2am serán las 3am.
¿Dónde irán esas horas perdidas?
Al señor que tenía un craneo previlegiado le han puesto una bufanda en Madrid:
La estatua de Ramón María de Valle-Inclán situada en el madrileño Paseo de Recoletos ha recibido este mediodía su XXVI bufanda blanca, siguiendo una tradición por la que cada año, en el Día Mundial del Teatro, los dramaturgos expresan de esta forma su admiración por la obra y autores de todas las épocas.
Valle-Inclán ya se ha paseado por este blog un par de veces:
¿Qué debemos hacer? Arte, no. No debemos hacer arte ahora, porque jugar en los tiempos que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero una justicia social.
…
Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato, y reflejados en los espejos dan el Esperpento. La tragedia nuestra no es la tragedia, es esperpento.

“Las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!”. Memorable escena: un famélico Max Estrella se queja ante el Ministro de la Gobernación de su condición de poeta menesteroso, sombra infausta de glorias pasadas. Acontecía la entrevista, según el genio valleinclanesco, en un “Madrid absurdo, brillante y hambriento”, allá por la década de los veinte del siglo homónimo. Valle Inclán pasaba el testigo de un descrédito que venía de antiguo, potenciado en gran medida (y paradójicamente) por la propia literatura. Poetas hambrientos, filósofos disparatados y gramáticos en pupilaje pululan por la república literaria de todos los tiempos. Don Quijote es el ejemplo más señero del perjuicio que infligen las letras.
[Foto: la semana pasada en Madrid, después de hacerme la foto con la vaca quijotesca.]
Y si el día Mundial de Tolkien lo celebramos yéndonos a una charla sobre Tolkien y el Romanticismo, el día Mundial del Teatro tocará ir al teatro: Señorita Julia.
Cuando leí La belleza de lo imperfecto en el blog De Humanis Rebus, me costó varias lecturas entender todo lo que se explicaba en él. Lo leí atentamente varias veces, prestando atención a las preguntas iniciales, a las referencias latinas, a la comparación con los tiempos verbales… y me gustó lo que expresaba.
¿Solo es bello lo perfecto? Más. ¿Existe realmente lo perfecto? ¿De qué habla la gramática cuando dice “pretérito perfecto” o “futuro perfecto”? Se atreve a hablar incluso de “plusquamperfecto”, porque la gramática identifica “perfecto” y “acabado”. Pero tenemos la experiencia de que no siempre consideramos perfecto lo acabado. El lenguaje, por tanto, nos engaña, nos confunde.
Un par de semanas después me compré El mejor lugar del mundo es aquí mismo, de Care Santos y Francesc Miralles, que me lo firmaron muy amablemente en su presentación en Zaragoza. Cuando lo estaba leyendo, me encontré con esta conversación entre los dos protagonistas:
Olivier comenzó a llenar la taza de Iris muy despacio, mientras le contaba:
- ¿Sabías que en Japón se considera que aprender lo necesario para llevar a cabo la ceremonia del té puede llevar toda una vida?
Iris arqueó las cejas, sorprendida.
-Una ceremonia bien hecha se alarga hasta cuatro horas. Y no sólo comprende el té, sino también una comida ligera, un adorno floral y un complicado código de posturas y respuestas. En algún sitio leí que el creador de este ritual vivió en el siglo XVI. ¡Debía de tener mucho tiempo! Se llamaba Rikyu, creo recordar, y es suya la frase que sintetiza la ceremonia: “Un encuentro, una oportunidad”. Ese maestro afirmaba que cada vez que tomas el té con alguien vives una ocasión única y especial, algo que nunca volverá a repetirse del mismo modo. En eso radica su belleza.
- Entonces, ¿sólo lo único puede ser hermoso? No me parece justo.
- ¡Todo es único! Si te fijas, en a naturaleza nada es perfecto: lo natural es asimétrico y tiene fecha de caducidad. Y nada es completo, todo se está cociendo constantemente en la gran olla de la realidad. Aquí no hay nada terminado, y en eso radica la belleza de la vida según los japoneses: Es lo imperfecto, lo temporal y lo incompleto. Todo lo que merece la pena es wabi-sabi.
- Veo que no sólo estudiaste veterinaria en Osaka -comentó Iris admirada-. Ponme un ejemplo concreto de wabi-sabi. ¿Esta tetera lo es?
- Más bien lo son estos boles -Olivier mostró las tazas para el té-. Están hechos con arcilla natural. Su superficie es irregular y se gastan con el uso, pero eso los hace más hermosos. Son wabi-sabi.
- Como esta cena -susurró Iris.Olivier miró a Iris directamente a los ojos y fue como si el tiempo se detuviera. Como si de pronto al mundo entero le ocurriera lo mismo que al viejo reloj, que seguía sobre la mesa. El corazón de Iris se desbocó. Experimentó la maravillosa sensación de que, al mirarla de aquella forma, Olivier estaba conociendo su alma y le estaba ofreciendo la suya.
- ¿Recuerdas lo que te dije la última vez, cuando te comparé con un bol de arroz? -dijo él-. Te expliqué que era valioso por su natural y delicada simplicidad, capaz de captar todos los sabores de la vida. El arroz es como tú. Eres wabi-sabi, princesa. Wabi-sabi en estado puro.
Edit: Tenía esta entrada preparada desde hace un par de días, pero acabo de leer en el blog de Care algo que os recomiendo: Futuro Perfecto.

[Ciruelo japonés en flor, en la huerta de mi pueblo.]
En el pueblo no hay wifi y casi no hay cobertura.
Se te puede calar el coche subiendo una cuesta marcha atrás.
Puedes terminar de leer un cuento de hadas a la sombra de los ciruelos japoneses en flor, hacerle alguna foto a las primeras avispas del verano o escribir una historieta bajo los pinos, al lado de los avellanos.
Puedes disfrazarte frente al espejo gigante de la habitación y preguntarle quién es la más guapa del reino, aunque sea del de tu imaginación. Reírte del disfraz, cambiarte, ponerte un sombrero de chistera e intentar sacar un conejo. Como no funciona (parece que el sombrero tampoco tiene pilas), reírte como el Sombrerero Loco y decidir que tampoco te gusta ese disfraz, que algo falla, que te gusta más el café que el té. Y volver a ponerte tu propio disfraz.
Puedes escuchar el silencio.
A veces, risas de gente en la rambla, otras veces, el tractor del vecino.
Y con ese silencio, a veces, puedes hasta escuchar tus pensamientos.
Uno debe hacer lo que debe hacer
Leela, Futurama.
Primer capítulo de Futurama, tirada en el sofá, con los pies en alto y comiendo fresas. Luego se han acabado las fresas y he mezclado la lectura de un cuento de hadas con Encuentro en tercera fase, lucecitas de colores, música y seres del espacio, mientras se acumulaban las horas en el reloj que sigue sin pilas.
A veces una tirita no lo cura todo.
A veces no es suficiente y no todo se ve a simple vista. A veces el dolor está dentro, escondido, y no se cura por muchas cremitas que le pongas. A veces no sabes que llevabas esa herida ahí, surge inesperadamente y te sorprende.
A veces no todo se cura con una simple tirita.
Estoy coja.
Tendré que bajar el ritmo.
Respirar. Recuperar. Repasar. Reflexionar.
