No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Tener acceso a las palabras y no a lo que designan es la más refinada versión del suplicio de Tántalo.
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No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Subir la piedra de la ignorancia por una montaña de libros, sin alcanzar nunca la cima del conocimiento es la más refinada versión del suplicio de Sísifo.
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No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Ver convertido en palabras todo lo tocado es la más refinada versión del suplicio de Midas.

El infierno era una biblioteca circular.
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- ¿Y por qué no tenéis buenas ediciones? -le pregunté con tono de reproche.
- Las buenas ediciones van al cielo, amigo mío. O en sus defectos, a otros círculos -contestó el plomizo bibliotecario mientras devolvía a su lugar al injuriado Frost-. Y este es el noveno círculo, el último y más profundo, el culo del infierno, si me permites la vulgaridad…
- ¿El círculo de los traidores?
- Exacto. Editore, traditore…
- ¿No es “traduttore, traditore”?
- También, por supuesto. Pero a los grandes traidores hay que buscarlos sobre todo en los editores, los gestores culturales y los albaceas literarios. Al fin y al cabo, la traición del traductor es flagrante, cualquiera puede descubrirla y refutarla sin más que cotejar la traducción con el original. El editor, además de ser cómplice (cuando no instigador) de las traiciones de los traductores, perpetra sus injurias específicas desde una situación de poder e impunidad, casi siempre en la sombra, lo que hace muy difícil repararlas.
El libro infierno, Carlo Fabretti.
[Es muy cortito, pero hay que leerlo despacio...]
Acabas de dejarme de piedra, y con unas con las que no se si voy a poder lidiar de leérmelo ya mismo…
y también me ha llegado eso de que es corto pero hay que leerlo despacio… igual pasa con los perfumes, pequeños, pero intensos.
Has puesto en palabras la esencia de las cosas buenas.
MUAS!! ^3^
Otro libro para la lista… solo por esa visión de las bibliotecas merece la pena. Suerte con los exámenes!