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Bartleby, el escribiente, de Herman Melville. A veces comento los libros que leo aquí leyendo café en mano.
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Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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Intentos de estudio sin final feliz:
Si yo lo intento, en serio, pero no hay manera. Los jueves, viernes sábados o domingos no se puede estudiar. Y los lunes, martes y miércoles tengo que descansar de los intentos anteriores y reponer fuerza para los siguientes, así que... ¿ayudas, trucos, giratiempos de Hermione, por favor?
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XXI

Aquel cielo tormentoso me entraba en los pulmones y me cegaba de tristeza. Desfilaban rápidamente, entre la neblina congojosa que me envolvía, los olores de la calle Arribau. Olor de perfumería, de farmacia, de comestibles. Olor de calle sobre la que una polvareda gravita, en el vientre de un cielo sofocantemente oscuro.

La Plaza de la Universidad se me apareció quieta y enorme como en las pesadillas. Era como si los pocos transeúntes que la cruzaban, como si los autos y los tranvías estuviesen atacados de parálisis. Alguien se me ha quedado en el recuerdo con una pierna levantada: tan extraña fue la mirada que lancé a todo y tan rápidamente me olvidé de todo lo que había visto.

Encontré que no lloraba ya, pero me dolía la garganta y me latían las sienes. Me apoyé contra la verja del jardín de la Universidad, como aquel día que recordaba Ena. Un día en que, al parecer, no me daba cuenta de que el agua de los cielos se derramaba sobre mí…

Un papel viejo se me pegó a las rodillas. Miré aquel aire grueso, aplastado contra la tierra, que empezaba a hacer revolar el polvo y las hojas, en una macabra danza de cosas muertas. Sentí dolor de soledad, más insoportable, por repetido, que el que me acometiera al salir de casa de Pons, unos días atrás. Ahora era como un castigo que el llanto se me hubiera acabado.

Por dentro me raspaba, hiriéndome los párpados y la garganta.
Nada, Carmen Laforet.

[Me ha encantado el libro. El final me ha dejado con una sensación de vacío indescriptible. Un final, un poco amargo, de esos que me gustan.]

5 comentarios para “Nada – Carmen Laforet”

  • Lether_Ireth:

    Wow, mira que he estudiado esta obra hasta la saciedad y nunca la he leído pero creo que ahora podría cogerla… mis padres la tendrán por casa jaja

  • Mish:

    Recuerdo que nosotros la leímos de fotocopias en el instituto, y me gustó tanto que me la acabé comprando para tenerla a mano ^^ Pero ya ni me acuerdo, no sería mal momento para dale un repaso :)

  • Nerea:

    Yo la tenía como lectura obligatoria en mi asig de libre elección: “literatura española y reflexión feminista”.

    La siguiente lectura es “el mismo mar de todos los veranos”, de Esther Tusquets… ¿se lo ha leído alguien?

  • Mish:

    El título me suena (y me gusta) pero creo que no la he leñido, Ya contarás qué tal está :)

  • Mish:

    Quería decir “leído”^^U

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