fumando un porro

Cogió una hoja de papel de fumar del librito rojo y lo dejó sobre la mesa de mármol. Vació el contenido de un cigarrillo rubio sobre el papel. Sacó una piedra del bolsillo y ablandó un trozo con la llama del mechero. Luego, con el pulgar y el índice de la mano derecha, lo fue desmenuzando sobre las hebras de tabaco rubio. Con mucho cuidado lo fue mezclando. Cogió el papel de fumar cargado con la mezcla, cada extremo con una mano, y lo acanaló, ayudándose con los índices. Distribuyó la mezcla a lo largo del canal del papel. Luego retiró los índices de cada extremo del canal y con los dedos pulgares y corazones apretó el contenido, y lo hizo rotar sobre sí mismo hasta darle forma cilíndrica. Para humedecerla, pasó la lengua por la orilla engomada del papel y después cerró uno de los extremos enrollándolo con el índice y el pulgar. Sacó del bolsillo una tarjeta de metro, rompió un pequeño pedazo rectangular, lo enrolló y lo puso en el otro extremo del cigarrillo, como un filtro. Lo encendió con parsimonia. Parecía ausente.

Callejón sin salida
Gemma Lienas

Os recomiendo este artículo de la revista Espéculo, que hace un recorrido por Callejón sin salida (1987) de Gemma Lienas, La puerta de las sombras: Atrapados en la droga (1998) de Montserrat Tapias-Fernando y Okupada (1997) de Care Santos, analizando el papel de las drogas y los jóvenes en los libros de LIJ.
Me llama la atención que el libro de Lienas -os recomiendo su Diario rojo de Carlota y Diario violeta de Carlota también - es del año 1987, cuando esta señorita que aquí os escribe ni existía. Veinte años después seguimos igual…
También me parece curioso que hace justo una semana le obligué leer a mi tata Campos de fresas, del siempre estupendo Jordi Sierra i Fabra. A las tres de la mañana entró en mi cuarto diciendo: -Hasta que no me lo he terminado no he podido soltar el libro. Es impresionante, me ha obligado a reflexionar, tata.

De los libros analizados en el artículo, sólo he leído el de Care. Y yo habría añadido Campos de fresas al estudio que realiza el autor, Jorge González del Pozo, por ser también un libro en el que se nos muestra con toda la crudeza y realidad el mundo de las pastillas y discotecas.

Y aunque mi opinión sobre la literatura, y más la LIJ, es que en ningún momento debe adoctrinar, simplemente entretener, no está de más leer este tipo de libros de vez en cuando…