A veces los papeles se intercambian.
A veces ejerzo de madre y tengo que hacer la comida o mandar estudiar a la enana que me roba las camisetas.
A veces “alguien” influye en ese cambio de papeles.
A veces creo que no existe ese ente llamado “dios”, sino alguien o algo llamado “mercado” o “moda” que nos controla.
A veces, cuando espero, con el disco en una mano y la cámara de fotos en la otra, pienso que los cantantes no deberían firmar discos. Deberían cantar, conciertosgiraspresentacionesvozmúsica y ya. Y punto.
A veces, cuando en menos de un mes, me llegan varios mails de una editorial asegurándome que el nuevo libro de X es mejor que aquel que releo siempre que puedo, me dan escalofríos.
A veces pierdo, se pierde, lo pierdo, se me desvanece, desaparece y se esfuma el sentido más romántico y literario de los libros.
Tener en las manos el libro que quieres. Y no pensar en qué ha sido necesario para ello.
Y entra en juego ese señor “mercado”.
Que hace que los cantantes tengan que firmar discos en vez de cantar.
Que hace que los escritores tengan que montar pequeños cortos promocionales de sus novelas, en vez de firmar libros.
Y, a veces, cuando se intercambian estos papeles… no me gusta.
Porque me han firmado el disco.
Porque he visto el corto.


Las discográficas son el cáncer y lo más necesario en la música. Las discográficas obligan a hacer firmas de discos porque es una razón para que alguien se compre el disco, en vez de descargarlo. Las discográficas se sacan muchas pelas, los cantantes se mezclan con su público y la gente vuelve a su casa deseando volver a verlos encima de un escenario.
Supongo que con los cortos pasa lo mismo, todo se hace por el dinero.
El mercado mueve una España en la que “hoy a perdido la guerra la flor contra el asfalto”.
Seguimos luchando, las cosas cambiarán.