Archivo del 10 de Mayo de 2008
A veces los papeles se intercambian.
A veces ejerzo de madre y tengo que hacer la comida o mandar estudiar a la enana que me roba las camisetas.
A veces “alguien” influye en ese cambio de papeles.
A veces creo que no existe ese ente llamado “dios”, sino alguien o algo llamado “mercado” o “moda” que nos controla.
A veces, cuando espero, con el disco en una mano y la cámara de fotos en la otra, pienso que los cantantes no deberían firmar discos. Deberían cantar, conciertosgiraspresentacionesvozmúsica y ya. Y punto.
A veces, cuando en menos de un mes, me llegan varios mails de una editorial asegurándome que el nuevo libro de X es mejor que aquel que releo siempre que puedo, me dan escalofríos.
A veces pierdo, se pierde, lo pierdo, se me desvanece, desaparece y se esfuma el sentido más romántico y literario de los libros.
Tener en las manos el libro que quieres. Y no pensar en qué ha sido necesario para ello.
Y entra en juego ese señor “mercado”.
Que hace que los cantantes tengan que firmar discos en vez de cantar.
Que hace que los escritores tengan que montar pequeños cortos promocionales de sus novelas, en vez de firmar libros.
Y, a veces, cuando se intercambian estos papeles… no me gusta.
Porque me han firmado el disco.
Porque he visto el corto.

La lectura es el acto más libre y solitario de un individuo. No se puede aprender nada sin leer y, cuando encuentras algo que te complace, es un placer irrepetible, una auténtica orgía del cerebro. Para experimentarla, no es ni siquiera necesario dedicarle muchas horas: leer veinte páginas de un libro importante te puede cambiar la vida.
Palabras de Carmen Balcells en esta entrevista, que he leído a través de Literatúrame.
[Porque me apetece tumbarme, coger un libro y leer. Así de simple. No quiero nada más. Y nada menos.]