Archivo del 7 de mayo de 2008
Se levanta el telón.
Algunos jóvenes, con cara de dormidos, están sentados en un aula.
Silencio.
Bolis en la mano.
Últimas miradas.
La mano sobre el diccionario.
Preparados.Listos.Ya.
Se baja el telón.
¿Qué estarán intentando traducir esos valientes jóvenes una mañana del 21 de Mayo en el examen de Latín?
Esperemos que les salga algo parecido a ésto:
Desgraciado Catulo
Desgraciado Catulo, deja de hacer tonterías,
y lo que ves perdido, dalo por perdido.
Brillaron una vez para tí soles luminosos,
cuando ibas a donde te llevaba tu amada,
querida por ti como no lo será ninguna.
Entonces se sucedían escenas divertidas,
que tú buscabas y tu amada no rehusaba.
Brillaron de verdad para ti soles luminosos.
Ahora ella ya no quiere; tú, no seas débil, tampoco,
ni sigas sus pasos ni vivas desgraciado,
sino endurece tu corazón y mantente firme.
¡Adiós, amor! Ya Catulo se mantiene firme:
ya no te cortejará ni te buscará contra tu voluntad.
Pero tú lo sentirás, cuando nadie te corteje.
¡Malvada, ay de ti! ¡Qué vida te espera!
¿Quién se te acercará ahora? ¿Quién te verá hermosa?
¿De quién te enamorarás? ¿De quién se dirá que eres?
¿A quién besarás? ¿Los labios de quién morderás?
Pero tú, Catulo, resuelto, mantente firme.
(Trad. de A. Ramírez de Verger)
[Dedicado a los protofilólogos valientes que ese día se volverán poetas durante un par de horas.]
[Dedicado también a la escritora que me descubrió a ese poeta, en un viaje sin moverme de mi cama.]
Porque, a pesar de los siglos de diferencia, ains, las pasiones siguen siendo las mismas.

