La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.
Montaigne

Supongo que me habréis escuchado hablar de este hombre, Montaigne, y de sus maravillosos Ensayos. Estoy de acuerdo con él; aunque haga muchos siglos que lo dijo, la frase sigue vigente. Podríamos modificarla un poquito, diciendo: La palabra es mitad de quien la escribe, mitad de quien la lee.
Me gusta el pequeño cambio, ¿y a vosotros?

Me gusta pensar que un libro se puede leer de varias maneras. O que tienes que leer muchas veces un libro hasta que llegar a entenderlo por completo. Y me gusta pensar que, a veces, no llegas a entender lo que el escritor transmite; adaptas la literatura a tus vivencias, haces la historia narrada tuya y ves tus reflejos de tinta en ese espejo literario, o te gustaría verlos.

Y me gusta, mucho mucho mucho, leer a Gonzalo Moure.
Es uno de esos pequeños placeres de la vida de los que nadie debería privarse.

Gonzalo Moure es una persona que me maravilla cada vez más con sus libros. Es la persona que escribe los parráfos que voy a copiar a continuación, en su libro El remoto decimal. Es el libro que, gracias al regalo de una gran y recién estrenada amiga, Carla, me ha tenido fascinada estas dos últimas noches.

Apolo divaga mentalmente. Siente que pensar es un peligro. Antes era más fácil: estaba él por un lado, y por el otro lo que leía, lo que aprendía. Pero una cosa es aprender y otra pensar; ahora todo se complica: no sabe leer personas. Están encriptadas; sus palabras, sus verdades, están dentro y no sabe llegar hasta ellas. (…) Cuando se va a levantar, antes de cerrar el ordenador, aparece un mensaje de Magga: “La verdad está siempre detrás de las palabras”.

el remoto decimal

Los diccionarios ya no le entusiasman. (…) Al principio le parecían laberintos, pero pronto descubrió que eran simples cajas, llenas, sí, pero limitadas: por las tapas. Ahora, cuando ya no le pueden decir más de una palabra, busca en Internet y, por arte de magia, el laberinto se vuelve infinito. Del diccionario se puede ver el final, de Internet, no. No es el infinito, de acuerdo. “Infinito” tiene solo 11millones y medio de entradas cuando lo busca: eso es una paradoja, más o menos. Y que exista una página que se llama elinfinito.org que solo tiene 1KB, es otra paradoja, y muy graciosa. A él se lo parece.

En la entrevista que sigue al libro, en la colección Los libros de…, en GA de SM, Gonzalo nos comenta algunas cosas sobre las que merece la pena reflexionar:
- Ni la vida es matemática pura, aunque ésta sirva para explicarla, ni la vida es especulación romántica, aunque ésta pueda maquillar a la dura realidad.
- La puntuación es la respiración de la palabra. Aprender a puntuar bien es tan importante para el texto como para cualquier animal saber respirar.

Lo repito: leer a Gonzalo es uno de los pequeños placeres de esta vida.