Hoy es sábado.
Para los jóvenes, parece que es obligatorio salir, emborracharse, fumar y drogarse.

Y de vez en cuando encuentras por la red cosas como las que leemos en el Falso Diario de Alfredo Gómez Cerdá, hablando de este tema.
En su entrada, leemos:

El sistema, contra el que se supone que se rebelan algunos jóvenzuelos, prefiere que sigan arrasando parques los fines de semana, prefiere que sigan bebiendo hasta el coma etílico, que sigan tomando drogas hasta la locura, que sigan incrementando las listas del fracaso escolar, que la apatía y la indiferencia sean el objetivo de su vida… Y el sistema quiere todo esto porque su intención es controlarnos a todos para, de esta manera, continuar siendo el sistema y perpetuarse en el poder. Ni emborracharse, ni consumir drogas, ni arrasar un parque son anctos de rebeldía, aunque algunos los enmascaren así. Hoy en día el primer acto de auténtica rebeldía que se puede hacer es dar un paso decidido hacia la cultura, la verdadera cultura, y -por ejemplo- leer un libro.

A comienzos de este siglo XXI, tan incierto, el libro y la lectura cobran un interés inusitado, porque el libro y la lectura se están convirtiendo en la única alternativa a una estupidez colectiva que se extiende como una gigantesca mancha de aceite. Una estupidez que no es espontánea ni consustancial al ser humano, sino que parece planificada con premeditación, alevosía y otros agravantes. Rebelémonos de verdad y comencemos a leer. Apropiémonos de la cultura y, solo de esta manera, podremos intentar ser libres

Luego sigue una interesante charla en los comentarios, intentando encontrar “soluciones” (ains), como ésta:

Marian, puede ser una solución: que la bruja buena, vieja y sin nombre derrame su pócima de imaginación en los botellones del fin de semana.

Por cierto, Alfredo, felicidades por ganar el premio Ala Delta. Ya hay ganas de tenerlo en las manos y leerlo. Enhorabuena.

Así que, ¿qué plan hay esta noche? Habrá que salir a emborracharse, ains.