“Las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!”. Memorable escena: un famélico Max Estrella se queja ante el Ministro de la Gobernación de su condición de poeta menesteroso, sombra infausta de glorias pasadas. Acontecía la entrevista, según el genio valleinclanesco, en un “Madrid absurdo, brillante y hambriento”, allá por la década de los veinte del siglo homónimo. Valle Inclán pasaba el testigo de un descrédito que venía de antiguo, potenciado en gran medida (y paradójicamente) por la propia literatura. Poetas hambrientos, filósofos disparatados y gramáticos en pupilaje pululan por la república literaria de todos los tiempos. Don Quijote es el ejemplo más señero del perjuicio que infligen las letras.
Y hasta aquí, todos los recordamos, lo hemos leído y le damos la razón.
Abundan mujeres y hombres de ciencias y no pocos periodistas, ayunos los más de saberes lingüísticos elementales, que divorcian lo humanístico y lo científico, como si el vocablo “ciencia” no incluyera cuanto atañe al ser “humano”. Cuando la investigación universitaria se convierte en noticia, bien sea por sus logros, bien por la situación precaria de los becarios, la televisión y la prensa hurgan en sus archivos en busca de la imagen del investigador de bata blanca, mascarilla y guantes de látex, y rara vez asoma la del historiador o el filólogo atareado en la ardua lectura de un códice.
Sigue teniendo razón el texto, me temo.
Cuando digo que quiero ser Doctora, me dicen que no aprobaré Medicina ¬¬
Así las cosas, con la opinio communis de cara, en los despachos ministeriales no ha dejado de resonar la lamentación de Max Estrella. Al socaire de “la sociedad del conocimiento” germinan engendros educativos sin cuento, regados en estos pagos sureños con el aguadillo de la Segunda Modernización de Andalucía, la versión on-line del celebérrimo “pan y circo”. Bendito internet, que logrará primores en los alumnos que no arrancan ya los esforzados profesores de secundaria.
Recordad si algún profesor os ha animado a leer críticamente… pocos.
¿Cómo eran/son los exámenes? Memoriza y escríbelo igual. Si te sales del tema, te llaman la atención.
Ains.
Peligra el valor más preciado de las Humanidades: el pensamiento reflexivo y crítico que regalan la filosofía, la literatura, la lengua, las artes… De seguir por esta senda indeseable, nuestros hijos y nietos sentirán más cercano el modelo iletrado de un George W. Bush, que el del lector, ese loco, que cuestiona y discute los mil relieves de un libro; o el del pirado que se emociona ante una cantata de Bach o una pintura de Gauguin. Son tiempos frenéticos, de escasa siembra y ansiosa cosecha, de frutos prematuros, inmediatos, dorados como el sol. Cuanto más se corre, menos ocioso queda el pensamiento y más se globaliza la agnosia.
¿Quién ha entrado en un museo porque sí, porque le apetecía ver las obras y le gusta la pintura?
Si no se remedia, si no exigimos a nuestros representantes universitarios que sean los primeros en prestigiar (sin pose) las Humanidades, las Facultades de Letras remozarán en breve sus frontones y colgarán como lema las palabras que un conocido cantante deslizó poco ha en una entrevista: “No leo nada de nada, pero admiro mucho ese arte”. Colorín y pingajo de verdad.
Max Estrella tenía razón. Aun ciego, veía la luz de la verdad.
[El texto es de Antonio Serrano Cueto, y merece la pena leérselo entero en su blog.]
[Colorín, pingajo y hambre... pues menudos filólogos seremos. Eso sí, vocación no nos falta, jaja!]
Hemos de vivir en un mundo sustentado por unas cuantas palabras y, si las destruimos, tendremos que sustituirlas por otras. Ellas son los verdaderos atlas del mundo; si una de ellas nos falta antes de tiempo, nuestro universo se arruina. Juan de Mairena, Antonio Machado.
Antonio Serrano Cueto
Abril 14th, 2008 at 6:06 pm
Gracias, amiga Nerea. Me temo que todavía seguiremos dando vueltas a la misma noria durante bastante tiempo.
África
Abril 14th, 2008 at 7:16 pm
Sigue así porque llegarás lejos.
Airun
Abril 16th, 2008 at 10:30 pm
Ah… artículos de los que me gustan! Ya que yo no los escribo, por lo menos los comento (y comento muy largamente, lo siento).
Veo alguna incongruencia: si la ciencia y lo humanístico son lo mismo, encones, cuando veas en la tele a unos químicos con sus batas, no será necesario poner también a un filólogo con su códice: al fin y al cabo, se supone que son lo mismo.
Además: lo que define a la ciencia es la investigación. La ciencia es la investigación de la materia. Qué puede hacer un científico si no está investigando? Está claro que la actividad característica de un científico es la investigación, pero eso no está tan claro de las Humanidades: Lo característico de la literatura es escribir. También hay investigación, pero es mucho más rara.
Es lamentablemente cierto lo de que “Peligra el valor más preciado de las Humanidades: el
pensamiento reflexivo y crítico que regalan la filosofía, la literatura, la lengua, las artes” Pero… tengo varias dudas: cuando un señor se sienta a pensar por qué tenemos dos brazos y dos piernas, por qué vemos colores o qué son esos puntos de luz que se ven de noche en el cielo, ¿eso no es pensamiento crítico y reflexivo? Porque eso es biología, astronomía, es Ciencia, y me parece grave olvidar que su valor más preciado también es la reflexión y la crítica. Claro que parece que se refiere más bien al pensamiento reflexivo y la crítica de la conducta, de la vida del ser humano. Desde luego eso no es campo exclusivo de la ciencia, pero difícilmente vamos a comprender todo eso sin saber que evolucionamos de monos, o sin saber cómo funcionan nuestros sentidos o nuestro cerebro. Es absurdo ponerse a enfrentar unas disciplinas contra otras, cuando es obvio que todas se interrelacionan y se necesitan. No conseguiremos un verdadero pensamiento crítico y reflexivo solo escribiendo novelas, o solo haciendo investigaciones científicas, o solo proponiendo teorías filosóficas.
Ah, por cierto, no creo que la filosofía forme parte de las humanidades: la filosofía va por libre: ni tiene que ver necesariamente con la palabra escrita ni con la expresión artística. Y las artes son humanidades también? En serio? Por qué? Qué son las Humanidades?
Veo alguna incongruencia: si la ciencia y lo humanístico son lo mismo, encones, cuando veas en la tele a unos químicos con sus batas, no será necesario poner también a un filólogo con su códice: al fin y al cabo, se supone que son lo mismo.
Además: lo que define a la ciencia es la investigación. La ciencia es la investigación de la materia. Qué puede hacer un científico si no está investigando? Está claro que la actividad característica de un científico es la investigación, pero eso no está tan claro de las Humanidades: Lo característico de la literatura es escribir. También hay investigación, pero es mucho más rara.