Archivo del 12 de Abril de 2008

MÉDICO.— Íbamos en que dentro de cada paciente hay una historia, pero que usted no tiene ninguna. Es lo más extraño que he visto en mi vida.
PERSONAJE.— Pero… Eso es malo.
MÉDICO.— Realmente da igual, usted es un personaje muerto. Sin embargo, hay algún desalmado escritor capaz de dedicar tiempo a crear un personaje que ya está muerto. De ninguna manera es un hecho bueno. Usted no ha sido nadie, simplemente está muerto. Todo personaje debe tener una historia.
PERSONAJE.— (Desespera) Dios mío. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¡No tengo historia! ¡No soy nadie! Y es que… Por lo menos Segismundo nació y soñó; pero a mí: ni mal augurio, ni profecía vana. ¡Simplemente nací muerto! Ni las aves me acompañan, y el viento jamás me tocó.
MÉDICO.— Vale, vale… ¡Basta ya! Ahora lo que debe hacer es aceptar la situación y pasar al siguiente estado.
PERSONAJE.— ¿Cómo? ¿De qué habla?
MÉDICO.— Creo que estás listo para ver. (Señala al público)
PERSONAJE.— Sí, los veo ¿Quiénes son?
MÉDICO.— Personajes muertos… Como tú.
PERSONAJE.— Pero parecen vivos.
MÉDICO.— Allí te rozará el aire y verás aves, vivirás… Pero nunca con la intensidad de Romeo o Segismundo. Abajo todo es más superficial, pero es lo único que tienes.
(El Personaje, resignado y llorando se aleja del médico y baja hacia el público. Se sienta en un lugar reservado previamente para él. Mientras él se aleja y baja, la intensidad de las luces diminuye y el telón empieza a bajar. Tanto luces y telón disminuyen despacio de tal forma que cuando el actor llega a su lugar entre el público, coincide con que ya está todo oscuro y el telón totalmente bajado)
Muerte de un personaje
Manuel Rodaños
Podéis leer el texto completo, interesante, cortito e intenso aquí.
[Y es que en el teatro, sobre el escenario, se vive más intensamente. Como Romeo, como Calisto, como Cyrano. Todos los grandes amores fueron de teatro.Eso es todo, puro teatro.]