Intentos de estudio sin final feliz:
Si yo lo intento, en serio, pero no hay manera. Los jueves, viernes sábados o domingos no se puede estudiar. Y los lunes, martes y miércoles tengo que descansar de los intentos anteriores y reponer fuerza para los siguientes, así que... ¿ayudas, trucos, giratiempos de Hermione, por favor?
¿Qué leo?
  • La chica del átomo dorado de Ray Cummings.
  • Lecturas anteriores, en este enlace. Un párrafo de cada libro que leo, café en mano.
    Citas literarias:
    Lo que uno busca en la literatura es un estremecimiento en la espina dorsal. Nabokov. La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha. Montaigne. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Bécquer.
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    Café
    Fragmentos de un artículo que he leído en Babelia.
    Lo escribe Juan Cruz, a quien tuve el placer de escuchar en la Aljafería de Zaragoza el pasado Diciembre, creo, entrevistado por Ramón Acín y Ana Alcolea mientras hablaba de su último libro, con ecos a sus amistades e influencias.

    Egos revueltos.

    Se dice que los escritores desayunan egos revueltos. Primero yo, y después yo, una comida suculenta y repetitiva. Es consecuencia de la soledad en la que escriben, pero es también –lo dice el propio Aridjis— de la necesidad de un espejo, y el espejo que más a mano se tiene es el propio. Antes que ningún otro, el espejo propio. Aridjis tiene en el espejo de su casa un refrán: “Rompí el espejo, no creo en mi mismo”.

    Un escritor cuyo nombre ahora no viene al caso secuestró a su mujer, la ató a la cama, fue denunciado por ello, le detuvieron. Y se enfrentó a la policía: “¡Detenerme a mi, el poeta más grande del mundo!” Sin ego no existes, es (dice Darío) el que aglutina la esquizofrenia. “Yo tengo varios egos, los turno, pero cuando se reúnen es un desastre”.

    Manuel Vicent suele decir que los escritores van por las noches a las librerías a cambiar de sitio los libros, para poner los suyos en las filas más vistosas, y que por las mañanas las estanterías aparecen manchadas de sangre, tal ha sido la lucha cruenta, egocéntrica, entre los volúmenes.

    Pero la vanidad no es soberbia: el escritor soberbio, dice Thays, no se preocupa de su ego, está por encima de lo que le digan, “cree que puede abrir la boca y lo que le sale es genial. El vanidoso se esfuerza por ser mejor. El soberbio ya sabe que es mejor”.

    “Se empieza a escribir a partir del ego”, concluía Aridjis, “y ese ego permanece inmóvil o se va transformando. A veces te convierte en un superviviente, y es un escudo interior que te defiende del paso del tiempo, pero sucumbe al fin, en medio de los desengaños y ante la muerte”. Por eso hace años que colgó ese aforismo en el espejo: “Rompí el espejo, no creo en mi mismo”.

    [Tchist, ¿sabéis qué? Tengo mono de café en el Dorado o en el Lago...]

    2 comentarios para “Egos revueltos”

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