Archivo del 14 de febrero de 2008

Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor.
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.
El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad.
George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés.
La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin.
Benjamin Disraeli (1766-1848) Estadista ingles.
El hombre y la mujer han nacido para amarse, pero no para vivir juntos. Los amantes célebres de la historia vivieron siempre separados.
Noel Clarasó (1905-1985) Escritor español.
Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.
Tácito (55-115) Historiador romano.
Es duro, es doloroso, no ser amado cuando se ama todavía, pero es bastante más duro ser todavía amado cuando ya no se ama.
Georges Courteline (1858-1929) Dramaturgo y novelista francés.
Me ayudó en la búsqueda la utilísima página de Proverbia.
[Toca poner citas de San Valentín, ya que no se tiene una cita...]
[Da pena beberse ese café tan bello, romperíamos el corazón]
POEMA 10… HEMOS PERDIDO AÚN ESTE CREPÚSCULO…Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
Pablo Neruda
[En el ecuador de los poemas cantados a la desesperada, a ti te lo dedico, inexistente]
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia.
Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa.
¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Julio Cortázar
Rayuela, capítulo 68
[Siempre me han dicho que era bueno dejar volar la imaginación. Qué mejor que un texto donde todo se sugiera y nada se diga explícitamente]
[Cuánto sugiere el aroma del café, qué intenso...]




