Siempre he dicho que la escuela es la pieza angular del actual sistema, y por ello me he ganado tanto el aplauso de muchos maestros como la airada réplica de otros, que afirman que su responsabilidad no pasa de ser la que es: enseñar y punto. Yo insisto en mi creencia. Hoy sí. Más que nunca. Hoy el hogar ya no es la primera referencia de apoyo cultural, sino un punto de encuentro en el que convergen muchas fuerzas. Hay un televisor en cada habitación, el trabajo o los estudios crean una diaspora en la que hay menos contacto entre las personas, horarios distintos, puertas cerradas. Tenemos hogares formados por la clásica pareja casada, pero también hogares monoparentales, bien sea por divorcio de los cónyuges o por elección libre de uno de ellos. Es difícil ver leer al padre, la madre o un hermano mayor cuando hay menos vida en común, más prisa, más aislamiento. Y vamos hacia un futuro aún más abierto. Un futuro en el que más que nunca ha de integrarse el libro como parte de la vida, no como adorno en la salita. El libro ha de estar presente, no forzarlo. El libro es entretenimiento además cultura. Por favor, no creemos más robots, más chicos y chicas incultos que mañana serán padres atroces, irresponsables intolerantes, violentos, machistas, cerrados y limitados, sin valores, con el fútbol como único norte, aislados en sí mismos. Formemos personas y nos ahorraremos esa intolerancia, racismo, violencia urbana o doméstica, falta de comprensión, egoísmo, la impunidad de agotar el planeta y muchos etcéteras. Cultura no es sólo hacer una carrera, ni siquiera leer un libro. Es absorber la vida, tener ideas y criterios propios, mantener la propia individualidad dentro de la comunidad. Y eso es lo que hay que inculcar. ¿Cómo? Imagino que invirtiendo más y más, en bibliotecas, profesorado, medios, pero desde luego no con campañas ni “sloganes” de los que se ríen, porque desengañémonos, a los 15 años pocos creen que el sida les toque a ellos, o que ir sin casco en la moto pueda matarles, o que leer sea la diferencia entre tener una esperanza o condenarse de antemano al vacío. El desprecio por el riesgo forma parte de sus existencia. Y en ese horizonte, el libro ni siquiera parece perentorio. Vivimos en un mundo veloz en el que detenerse para leer parece absurdo. Y sin embargo es la única parada posible. Pero además, hablando de cultura, no hay que olvidar que ella lo es todo. Gobernar un país de burros es fácil. Y lo fácil es cómodo. El reto es gobernar un país que valga la pena de ser gobernado, mande quien mande.

Conferencia Inaugural del Primer Encuentro Nacional de Animación a la Lectura (Ministerio de Cultura, Educación y Deportes) - Murcia, marzo 2003
¿COMO LEER EN EL SIGLO XXI?

Jordi Sierra i Fabra

[Estoy enamorada de él, enamoradísima. Y no sé si de él, de sus libros, de sus palabras, de sus reflexiones o de sus logros, pero me pone la piel de gallina cada vez que le leo]