OBERÓN
Aquella vez yo vi (tú no podías),
volando entre la fría luna y la tierra,
a Cupido todo armado. Apuntó bien
a una hermosa virgen que reinaba en Occidente
y disparó con energía su amoroso dardo
cual si fuera a atravesar cien mil corazones.
Mas yo vi que los castos rayos de la luna
detenían la fogosa flecha de Cupido
y que la regia vestal seguía caminando
con sus puros pensamientos, libre de amores.
Observé en dónde caía el dardo:
cayó sobre una florecilla de Occidente,
antes blanca, ahora púrpura por la herida
del amor. Las muchachas la llaman «suspiro».
Tráeme esa flor: una vez te la enseñé.
Si se aplica su jugo sobre párpados dormidos,
el hombre o la mujer se enamoran locamente
del primer ser vivo al que se encuentran.
Tráeme la flor y vuelve aquí
antes que el leviatán nade una legua.
ROBÍN
Pondré un cinto a la tierra en cuarenta minutos.

[...]

[Bailan y salen los cómicos. ]
Medianoche ha sonado con lengua de hierro.
Acostaos, amantes: es la hora de las hadas.
Por la mañana, lo sospecho, dormiremos
todo lo que hemos velado en esta noche.
Esta tosca función ha burlado
el paso lento de la noche. Acostémonos, amigos.
Celebraremos las bodas quince días
con fiestas nocturnas y nueva alegría.
[Salen]


Sueño de una noche de verano
Shakeaspeare

[Ayer por la noche lo volví a recordar,
al ritmo de canciones de Carmona, en el Teatro Principal.
Como era teatro, os lo pongo en verso
y así, sin quererlo, un pareado he hecho.]

*Saldréenbúsquedade”suspiro”*