… y cuando dentro de una semana pase los detectores de metales del aeropuerto, me agarré a ellos con todas mis fuerzas y gritaré bien alto: ¡¡No me quiero ir!! Para que me oigan en Edimburgo, desde Calton Hill al castillo, desde la Royal Mille a Leith, del día currando a la noche de juerga, de las horas sin dormir a las horas que le añadiría alargando la noche…

Tururú, ahora en serio…. Uhm, no, me lo estoy pasando demasiado bien como para volver, ains…