Primera hora de la mañana.
El sol se despereza mientras los alumnos se duermen en clase.
Hace frío, y la niebla intenta entrar por las ventanas cerradas del instituto. Radiadores apagados. Lecturas en Literatura, voz baja, sepulcral silencio.
Y un relato de Poe, entre niebla, frío y sueño.

Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara… hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.

El corazón delator.
Edgar Allan Poe.
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- Lo malo no es no saber. Lo malo es no saber lo que no sabes.
- No es malo poner burradas. Lo malo es ponerlas pensando que son correctas.
Aclaración de las dos frases anteriores:
Suspendí Filosofía. Sí.
Voy a Junio. Sí.
Y me veo en Septiembre. Sí.
Y repitiendo curso, sólo con Filosofía, también. Sí.