Archivo de Enero de 2007
Ya que no nos dejan verlo, podremos “verlo”.
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/cid/80283852878795052754491/index.htm
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Y por si no lo habeis leído, no os perdais el artículo de Javier Marías sobre las traducciones hoy en día. En el Semanal del pasado domingo, o en su blog:
Así se llamará:
Desgranando pensamientos.
El lunes nacerá un nuevo blog.
Es todavía pequeño, pero curioso, y tiene ganas de crecer. Se alimenta de comentarios y le encantan las opiniones variadas. Esta semana dará sus primeras entradas a base de citas, y cada semana se alimentará con temas diferentes.
Estoy rodeada de excelentes posteadoras/escritoras, reclutadas en diferentes foros literarios, que se han animado en colaborar en este proyecto (¡gracias miles a todas, guapas!). Chicas jóvenes que pensamos que tenemos algo que decir. Y un blog nos parece tan buen medio como otro cualquiera.
¿Os apetece cotillear?
- ¡Lo ha logrado!
- ¿Lo consiguió?
- ¿Cómo lo ha hecho?
- Nadie le dijo que era imposible.
Ya está claro que la escritura surgió del habla.
Subamos un escalón más:
¿Pensamos como hablamos, o hablamos como pensamos?
Personalmente, me quedo con la primera: pensamos como hablamos.
¿Vuestras opiniones?
Sí, aunque parezca mentira, a veces dibujo.
Suelen ser momentos muy muy extraños, así que sentiros afortunados de que salió algo coherentes, digamos.
Después de leer una hora a Salustio, traducir a César y Jenofonte, pasar por Shelley y acabar como siempre con Bécquer, Poe, Baudelarie y Catulo….
(las 3h de la madrugada)
… aquí tenéis el experimento…
Y temed, que me quedan unos cuantos más por colgar, muajajaja!
Primera hora de la mañana.
El sol se despereza mientras los alumnos se duermen en clase.
Hace frío, y la niebla intenta entrar por las ventanas cerradas del instituto. Radiadores apagados. Lecturas en Literatura, voz baja, sepulcral silencio.
Y un relato de Poe, entre niebla, frío y sueño.
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara… hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.
Me siento incapaz de escribir, después de leer cosas como ésta.
Pensando en positivo, ¿Tolkien, Shakeaspeare, pensaron en tirar la toalla alguna vez, tras leer a los que les precedían? Seguro.
Cervantes quería escribir teatro, y mira lo que salió.
Julio Cortázar
Rayuela, capítulo 68
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia.
Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa.
¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Ey, ¡que se os olvida volver a respirar!
ELOGIO DE LA PALABRA Y EL LIBRO Dijo George Bernard Shaw, que igual que los espejos sirven para vernos la cara, el arte y la literatura sirven para vernos el alma. Efectivamente, un buen libro, como toda buena obra de arte, es como el pan y el agua del espíritu y de la mente. Un buen libro nos permite autoconstruirnos, autoconocernos. En las páginas que han escrito los grandes y los pequeños autores, los famosos y los anónimos, se esconde un enorme e imprescindible legado, una herencia infinita basada en el amor. El amor a la palabra.
Por Carlos Rull
Escrita, leída, cantada, recitada, hablada, pensada, imaginada, la palabra es aquello que nos hace ser lo que somos. Sólo gracias a la palabra podemos pensar, podemos escribir, podemos hablar, podemos imaginar, comprender, compartir, ser. “La palabra es la casa del ser, en ella habita el hombre”, dijo el filósofo Martin Heidegger. Así es. La palabra, el lenguaje, nos hace como somos. Gracias a ella conocemos nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestro pasado, la historia de los hombres y mujeres que nos legaron un mundo que podemos convertir en maravilloso, o en terrible. La palabra nos hace humanos. Hay que amarla, es necesario quererla, saborearla, acariciarla, sentirla, manosearla, hacerla nuestra. Porque cada palabra es una historia viva, cada pequeña sucesión de fonemas y sonidos de este complejísimo y maravilloso sistema que es la lengua contiene en su interior todo nuestro pasado y todo nuestro futuro. Hay que amar la palabra. Y para amarla hay que cultivarla, emplearla, dejarla que exprese nuestras emociones, nuestras vivencias, nuestros sentimientos, nuestros conocimientos. Porque, diga lo que diga el dicho redicho, una palabra vale más que mil imágenes.
De ahí la importancia de leer, escribir, decir. El deseo de expresarse es innato en el ser humano, pues hasta los llantos de un bebé no son más que deseo de comunicación. La palabra, y por lo tanto la lectura, son condiciones indispensables para nuestro desarrollo personal e intelectual, para el alimento de nuestra inteligencia. La palabra nos permite conocer las cosas, abarcar la realidad y, así, comprenderla. Huir de la palabra, de la lectura, de la escritura, es huir del argumento, de la razón, de la pasión, del análisis, de la capacidad de crítica, del diálogo. Huir de la palabra es huir de la libertad.
Vivimos en una sociedad globalizada, mundializada, conectada en redes infinitas y inagotables de datos; en una sociedad culturalmente visual, dominada por la imagen y la velocidad. Pero quien piense que con todo eso puede prescindir de la lectura y de la palabra es, en palabras de José Antonio Marina, un “idiota tecnológico”. Porque incluso dentro de este océano informático y tecnológico sólo podrán navegar y llegar aquellos que sepan aprender y comprender aquellos que conserven la capacidad de sentir curiosidad y de investigar, aquellos que amen la palabra inteligible y reveladora, la palabra sencilla, sincera y honesta, la palabra del diálogo, de la razón y de la libertad. Porque la palabra y el arte son el signo supremo de nuestra condición humana.
No dejemos nunca, en fin, de leer, de escribir, de imaginar, de pensar, de dialogar, de conversar, porque donde hay palabra no habrá lugar para la brutalidad, donde haya diálogo no quedará sitio para el odio, donde haya libros no habrá rincón para la ignorancia.
En una época en la que el espacio de la lectura está llamado a disminuir, el crítico George Steiner desprende un conjunto de reflexiones que explican cómo unas incisiones sobre una tablilla de arcilla, unos trazos de pluma o de lápiz, pueden constituir una persona cuya sustancia excede a la vida misma en su realidad . Este texto forma parte del libro Los logócratas , coeditado por el Fondo de Cultura Económica y Ediciones Siruela, que comenzará a circular en breve.
Los que queman los libros (fragmento)
(…)
Más concretamente: ¿cómo es posible que unas incisiones sobre una tablilla de arcilla, unos trazos de pluma o de lápiz, muchas veces apenas visibles en un trozo de frágil papel, constituyan una persona —una Beatriz, un Falstaff, una Ana Karénina— cuya sustancia, para innumerables lectores o espectadores, excede a la vida misma en su realidad, en su presencia fenoménica, en su longevidad encarnada y social? Este enigma de la persona ficticia, más viva, más compleja que la existencia de su creador y de su “receptor” —ese hombre o esa mujer ¿son tan bellos como Helena, tan complejos como Hamlet, tan inolvidables como Emma Bovary?— es la cuestión fundamental, pero también la más difícil, de la poética y de la psicología.
(…)
Robado simpáticamente de:
http://www.eluniversal.com.mx/graficos/confabulario/06_enero-07.htm
(No coments del exam. No coments del día de hoy. Toy apática)
Noticia:
Ha salido el cuarto número de Narrativas, una revista de letras, virtual, muy completa y extensa, de esas para leer a lo largo de todo un mes.
Yo encontré, por casualidad (como la mayoría de las cosas que encuentro en Internet) esta publicación cuando sacaron su segundo número, y me aficioné. Tiene colaboraciones muy interesantes,y un muy buen nivel (maquetación, presentación) para ser una revista virtual.
No me he leído este número al completo todavía, pero os llamo la atención sobre el reportaje a Care Santos, una de las mejores escritoras de literatura juvenil realista actual (una de mis escritoras favoritas, para variar ^^).
Os dejo el link para que cotilleeis…
