Una de las historias, leyendas, narraciones, más preciosas de la ciudad de Teruel es sin duda la Leyenda de los Amantes. Quién no ha oído hablar de ellos, quién no ha visto sus lápidas, con las manos de mármol, como haciéndonos recordar todavía todo por lo que lucharon, lo que lograron.
Por eso, este poema, precioso, que, tan corto, simple y sencillo, no les puede definir de mejor manera.
Los amantes de Teruel.
Muertos decías tú. Pero la revolución triunfa.
Muertos, envueltos en su soplo.
La guerra hace estragos en las brechas del horizonte.
El horizonte, su cuerpo. Regueros de sangre, su cuerpo.
El amor triunfa. Muertos, decías.
Jean-Clarence Lambert
Para quien no la conozca, pondré la leyenda en una versión breve resumida que he encontrado en la web oficial. Pero si queréis saber más, recomiendo el libro de Yagüe, que en mi casa está el pobre que se cae a trozos de tanto leerlo ^^
En Teruel un joven llamado Juan Martínez de Marcilla, se enamoró de Segura, hija de Pedro Segura. El padre no tenía otra hija y era muy rico. Los jóvenes se amaban mucho, hasta el punto que se hablaron. El joven le dijo que la deseaba tomar por esposa, ella respondió que el deseo de ella era el mismo, pero que supiese que nunca lo haría sin que su padre y madre se lo mandasen. Entonces, él la quiso más. El era un buen joven, pero no tenía riquezas.
El joven dijo a la doncella que, como su padre tan sólo le despreciaba por la falta de dinero, que si ella lo quería esperar cinco años él iría a trabajar por mar y por tierra, donde poder ganar dinero. Ella se lo prometió.
Peleando contra los moros, ganó pasados cinco años cien mil sueldos, por mar y por tierra.
La doncella en este tiempo fue muy importunada por el padre para que tomase marido. Su respuesta era que había votado virginidad hasta que tuviese veinte años, diciendo que las mujeres no debían casar hasta que pudiesen y supiesen regir su casa. El padre como la amaba la quiso complacer.
Pasados los cinco años el padre le dijo: Hija, mi deseo es que tomes compañía. Ella, viendo que el plazo de los cinco años había pasado y no sabía nada del enamorado, dijo que lo haría. En seguida el padre la desposó y al poco tiempo se realizaron las bodas; y el otro llegó.
El enamorado se puso tras el lecho de su amada ya desposada y le dijo: bésame que me muero y ella repuso: No quiera Dios que yo falte a mi marido. Por la pasión de Jesucristo os suplico que busquéis a otra, que de mí no hagáis cuenta, pues si ha Dios no ha complacido, tampoco me complace a mí. El dijo otra vez: bésame que me muero; repuso ella: No quiero.
Entonces el cayó muerto. Ella, que lo veía como si fuera de día por la gran luz de la habitación, se puso a temblar y despertó al marido diciendo que roncaba tanto que le hacía sentir miedo, que le contase alguna cosa. Y él contó una burla. Ella dijo que quería contar otra. Y le contó lo ocurrido y de cómo con un suspiro Juan había muerto.
Dijo el marido: Oh! Malvada, y ¿Por qué no lo has besado? Repuso ella: por no faltar a mi marido. Ciertamente, dijo él, eres digna de alabanzas.
El, todo alterado, se levantó y no sabía qué hacer. Decía: Si las gentes saben que aquí ha muerto, dirán que yo lo he matado y seré puesto en gran apuro.
Acordaron esforzarse y lo llevaron a casa de su padre. Lo hicieron con gran afán y no fueron oídos por nadie…
A la joven le vino al pensamiento cuánto la quería Juan y de cuánto había hecho por ella, y que por no quererlo besar había muerto. Acordó ir a besarlo antes que lo enterrasen; se fue a la iglesia del señor san Pedro, que allí lo tenían. Las mujeres honradas se levantaron por ella. Ella no se preocupó de otra cosa más que de ir hacia el muerto. Le descubrió la cara apartando la mortaja, le besó tan fuerte que allí murió. Las gentes que venían que ella, que no era parienta, estaba así sobre el muerto, fueron para decirle que se quitase de allí pero vieron que estaba muerta.
El marido contó a todos a los que había delante el caso según ella se lo había contado. Acordaron enterrarlos juntos en una sepultura.
Los actos que aquí se hicieron fueron muchos, aquí se ha puesto tan breve como veis.
Para terminar, otros versos (anónimos, creo), que también captan la intensidad de la leyenda, del amor que se profesaron, de lo mucho que sufrieron:
Manos que no se rozan, serenidad profunda
con que un día la muerte vuestro rostro selló.
Dormid, dormid Amantes:
vustro cuerpo circunda la tierra turolense
que vida y muerte os dió.
En el blanco sepulcro que teruel ha labrado
con piedra de ilusiones y con cincel de amor,
dormid,dormid Amantes,
que en un pueblo enamorado
hará que en vuestra tumba siempre brote una flor.
Siempre brote una flor . . .
Hemos de vivir en un mundo sustentado por unas cuantas palabras y, si las destruimos, tendremos que sustituirlas por otras. Ellas son los verdaderos atlas del mundo; si una de ellas nos falta antes de tiempo, nuestro universo se arruina. Juan de Mairena, Antonio Machado.
yepetta
Diciembre 2nd, 2006 at 12:22 am
BONITA POESIA, PECULIAR PUNTO DE VISTA. entrada muy curiosa a estas horas ^^ arriba teruel ^^+
teruel… anécdota::
PROFESOR MÍO DE 6º DE PRIMARIA, no había llegado y estabam los de prácticas:
-clase- ¿tío, de donde eres?
-CHICO- de Teruel.
Llega l profesor, dimos noseque de lengua y dice.
-profesor- yo nací y moiré sin conocer a ninguno de Teruel. Tampoco tienen muy buena fama.
-Clase- que flipeee.
-profesor- ¿qué pasa?
Sólo digo que se puso como un tomate.
saludos, ladynere
Ladynere
Diciembre 2nd, 2006 at 12:26 am
Ains, Yepetta, pues a mí Teruel me puede. Es una ciudad preciosa, con rincones escondidos impresionantes. Además, no sólo Teruel, sino la provincia, con los pueblos, los paisajes, la gente…
¿se nota que soy de pueblo, no?
Nací en Zaragoza, pero mi pueblo es mi vida. No me imagino la vida sin poder refugiarme en mi casa allí…